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40 años de la Ley General de Sanidad (LGS), 40 años de cronicidad

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Permítanme brevemente dos notas en el plano estrictamente legislativo acerca de la Ley General de Sanidad (LGS) en su 40º aniversario: la universalidad y la derogación de su articulado; para, a continuación, reflexionar sobre la cronicidad en el ámbito de la gestión.

Sobre la universalidad, podríamos preguntarnos si la conquista progresiva de ésta, ha sido real y efectiva con el rigor jurídico que conlleva. Hay que recordar que la norma ya preveía que esta meta se adaptaría a los recursos presupuestarios. O, también, si las comunidades autónomas intentaron alguna mejora técnica sobre esa realidad. Tampoco podemos olvidar el análisis del articulado, hoy en su mayoría derogado, un riesgo que nos lleva a plantear la incoherencia.

Pero, siendo esto así, para la sociedad de 1986 el nacimiento del Sistema Nacional de Salud (SNS) supuso un hito histórico. Sin embargo, aquel diseño nació para la enfermedad aguda, no cabe duda, de que el patrón epidemiológico era diferente al de hoy. La misma Ley hoy focalizaría más atención en las patologías crónicas y los condicionantes de salud de la población. 

Si echamos la vista atrás, en 2015 el consenso de sociedades científicas de Atención Primaria alertaba que el 80% de sus consultas y el 60% de los ingresos hospitalarios correspondían a pacientes en situación de cronicidad. Esta presión ha forzado la aparición de nuevos actores: asociaciones de pacientes que, alineadas y organizadas, han dejado de ser sujetos pasivos para influir directamente en las políticas sanitarias. Desde fuera del sistema, estos actores presentan informes y recomendaciones técnicas para casos con mayor y menor complejidad, exigiendo que la Administración pase de la teoría legislativa a la calidad de vida real.

A pesar de que el País Vasco marcó el camino en 2010 con su pionera Estrategia de Cronicidad, referente internacional en integración asistencial, el reto sigue vigente décadas después. La gestión actual sigue teniendo una mancha ciega: la salud mental. Recientes trabajos de visibilización realizados a finales de 2024 denuncian la mortalidad prematura en pacientes con Trastorno Mental Grave (TMG), quienes fallecen antes que la población general por patologías físicas no atendidas (cardiovasculares o diabetes).

Cuando hablamos de cronicidad, solemos limitarnos a la esfera física, dejando en el olvido la salud mental, esto es común observarlo en las estrategias autonómicas que emanan de las consejerías de salud. El abordaje debe ser integral y anticipado; requiere un trabajo en red entre especialidades y herramientas de interoperabilidad que permitan atajar esta brecha de mortalidad desde el ámbito comunitario. Tras 40 años de Ley, el verdadero reto del SNS no es ya su estructura jurídica, sino su capacidad de gestionar la complejidad humana de forma coordinada.