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La Aldea frente al espejo de su historia

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7 de junio de 2026. El sol ponía la luz y la brisa típica de las mañanas de junio refrescaba el ambiente entre las más de mil personas que se acercaron al muelle de La Aldea de San Nicolás para defender nuestra costa, nuestro mar y nuestro derecho a decidir qué futuro queremos para La Aldea. Nuestra Aldea. Y al ver las imágenes de la manifestación resulta imposible no sentir orgullo y emoción, incluso que se me vidrien los ojos. 

Lo recordaba David Godoy en esa movilización, y creo que es un detalle de mucha importancia. Estamos a punto de conmemorar el centenario del Pleito de La Aldea, cien años de una de las mayores luchas colectivas de nuestra historia. Una batalla que libraron nuestros antepasados, entre ellos mi bisabuela, para conseguir algo tan básico como la propiedad de la tierra. Y lo recordamos con el pecho inflado porque ellos y ellas lo entendieron: los derechos no se regalan, se conquistan.

Ahora, a nuestra generación nos toca defender nuestro mar. Esa parte de nuestra identidad, que es memoria, paisaje y futuro. Es la playa donde hemos crecido y donde hemos aprendido a amar este pueblo. Este rincón, como ya he dicho en otras ocasiones, desde donde el sol se despide, donde la vida se aferra y donde las risas resuenan. 

Por eso emociona ver la respuesta de este domingo. Y emociona todavía más saber que La Aldea no está sola. Junto a nosotros caminaron personas que llegaron de otros municipios, de otros lugares de Gran Canaria, que han querido mostrar su apoyo a esta causa. Los necesitábamos y ahí estaban. Porque el futuro de nuestra costa ahora vale más que cualquier diferencia pasada. Cuando se trata de defender aquello que amamos, la unidad suma siempre más que la división, y esto también lo llevo al panorama político. Vamos a aplicarnos el cuento.  

Y a quienes se sientan cada día en un sillón público, recuerden que cuando hablamos de decisiones que pueden afectar a nuestro pueblo, exigir información no es oportunismo, es obligación democrática.

Hoy no estaba físicamente en esa manifestación, pero como tantos aldeanos y aldeanas la seguía desde la distancia. Estaba junto a quienes levantaron la voz, junto a quienes decidieron no mirar hacia otro lado y junto a quienes entienden que las grandes batallas de la historia se ganan luchando, con la fuerza de la gente y con la convicción de un pueblo que hace cien años defendió su tierra y que hoy defiende su mar. 

Quiero seguir disfrutando de mi mar, de mi muelle limpio, de esa agua fría que me quita el sentido cuando entro, pero que siempre me hace sentir segura. Quiero seguir sintiendo a ese espacio que me acoge y me hace ser parte de una inmensidad que me arropa, porque allí estoy en casa.  

Ahora, casi 100 años después, volvemos a estar frente al espejo de nuestra historia. Y volveremos a ganar la lucha.