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La autonomía fallida

Si el ex dirigente peneuvista Xabier Arzallus dijo, en su día, que los nacionaleros canarios se conformaban con unas perras para carreteras como seña de identidad, hoy el Estado se las puede ahorrar porque los políticos canarios no le merece respeto. Los nacionaleros, recuerden, hicieron epicentro de su política de relación con el Estado estar siempre del lado de quien gobierne en España y pueda darle perras y basta una mayoría absoluta para que se les venga abajo el quiosco y resulten incapaces de exigir el cumplimiento de los compromisos mínimos estatales. En cuanto a los no nacionaleros, viven tan pendientes de de sus cúpulas estatales que de poco sirven. Han hecho un chiste de las referencias a la personalidad y el peso político de Canarias.

Todo eso y más lo tengo dicho aquí en varios sitios. Como lo han dicho y no menos repetido otros predicadores en el desierto y jugadores de frontón. Si aludo aquí al tema no es tanto por ilustrar la evidencia de la autonomía fallida sino para enmarcar el comentario a ciertas actitudes insulareras últimas del PP y las respuestas obtenidas desde la ATI-cc tinerfeña de las que resulta, en efecto, que a perro flaco todo son pulgas.

Quiero decir que solo nos faltaba para la media peseta que José Miguel Bravo y Juan José Cardona hicieran de adelantados de Soria en su intento de ser Paulino en lugar de Paulino. En el afán de debilitar al presidente canario (como si no se bastara él para eso) se han lanzado a azuzar a los grancanarios contra el Gobierno de Paulino para revolver el río al que vendrá Soria a pescar, que no solo de salmones vive el hombre. Sospecho que a ninguno de los dos le desagradaría que el ministro se diera el gran batacazo, pero, de momento, son las cartas con que les dejan jugar y con las que deberán preservar su palmito a ver qué pasa.

Desde luego, no hay duda de que el Gobierno canario pone el acento en los intereses tinerfeños, entre otras cosas porque el Estatuto premia la hegemonía de los ricachones de la isla con mayor peso en el Gobierno. Pero en lugar de ir a la raíz del mal y promover no una simple reforma del Estatuto sino un Estatuto nuevo sobre bases ajustadas a nuestra realidad e historia, siguen a la espera de que el reloj, detenido al llegar la “hora de Tenerife”, vuelva a ponerse en marcha y marque la de Gran Canaria.

José Manuel Bermúdez, alcalde de Santa Cruz, se apresuró a replicar, a Bravo y Cardona, denunciando que el Estado invertirá el año que viene más en Gran Canaria que en Tenerife; si tiene de donde, claro. No perderé el tiempo indagando lo que haya o no de cierto porque voy a otra cosa. Aunque no me resista a apostillar que para El Día, cita ineludible en estos asuntos de pueblo, Bermúdez está a las órdenes de Gran Canaria, que es su isla de procedencia. Nada corrobora la acusación por lo que parece justo apuntar a que ser grancanario es tan intolerable para el periódico santacrucero como la condición de judío para los nazis. No sé, pues, si Bermúdez ha hecho bien los números o si solo trata de redimirse de judío.

Sin embargo, me interesan más unas declaraciones anteriores del mismo Bermúdez en las que consideró el logro de la ULPGC una “compensación” a Gran Canaria por no recuerdo bien qué, a costa de la ULL que era, según él, “la universidad regional” y dos piedras. Es un ejemplo de cómo la ignorancia de la historia que les dije afecta en los políticos hasta a sucesos recientes. Ignora Bermúdez que la ULL no quiso nunca regionalizarse y que cuando, por fin, se le arrancó la creación en Gran Canaria de estudios universitarios dependientes de ella, los maltrató y precarizó hasta extremos tan inauditos y dañinos que quienes (yo mismo) éramos partidarios de La Laguna como universidad única desdoblada en las demás islas, de acuerdo con sus respectivas necesidades y demandas, nos vimos obligados a cambiar el chip y alinearnos con quienes querían la Universidad de Las Palmas sin trampa ni cartón. Al menos en mi caso, el cambio no fue debido a que dejara de considerar más racional la Universidad única regional sino porque era tan notorio el abuso de las satrapías académicas laguneras y su negativa a salir de las cuatro paredes de siempre que lo irracional resultó ser lo más justo para miles de jóvenes grancanarios faltos de recursos económicos que no podían permitirse el lujo de desplazarse a estudiar en La Laguna. Hizo la satrapía que lo irracional fuera lo adecuado y justo.

En definitiva: Bermúdez, Bravo, Cardona, el Soria ineféibol y otros como ellos encarnan el fracaso de una autonomía que, por si eran pocos, cuenta con el estrambótico neoindependentismo pepitiano, que reclama del Ejército (colonial, por supuesto) la disolución del Parlamento, la destitución de Paulino y que se ponga a gobernar en plan García Escámez. Agüita. Y ahora que lo pienso: Paulino no debe ser judío porque es lo único que no lo ha llamado don Pepito a quien, la verdad, hora es de decirlo, prefiero llamar don José Esteban porque los ?itos, al menos en Gran Canaria, no son falta de respeto sino expresión de popularidad y afecto. De niño recuerdo de los veraneos en Firgas a Pepito, el guardia, tan respetado y querido como Antoñito, su compañero. Sin olvidar a personajes como Panchito, el nuestro, así conocido porque sus hermanas trataban con esa precisión diferenciarlo de otros Panchitos, que haberlos, habíalos en cantidad.