La bendición
Quienes somos producto de barrio (Schamann, 61) y del éxodo rural de las décadas de los 50-60-70, cuando volvíamos al campo a visitar a nuestras familias a quedarnos y recriarnos allí, notábamos la progresiva desafección, si no religiosa, sí eclesiástica. Mi madre nos soltaba a mi hermano y a mí largas temporadas en Vecindario. En cierta ocasión, el mayor de mis tíos, que en paz descanse, le preguntó a mi padre: ¿oye, Juan, ¿por qué tus hijos no me piden la bendición?, a lo que mi padre respondió: no me la piden ni a mí y te la van a pedir a ti. Era el proceso de urbanización y secularización de la sociedad, el abandono progresivo de algunos ritos católicos y la impronta natural de una sociedad laica que soltaba lastres morales y sotanas. Eran los tempranos años 70. Pero los procesos históricos no son lineales, y repetimos arretrancos del pasado. Por eso observo con incredulidad las colas interminables pidiendo la bendición a Robert Francis, y me acuerdo de la Edad Media. Una tropa de creyentes y no creyentes en dios padre todo poderoso.
Poderosísimo, porque con tanta expectación construida y generada, el milagro estaba al caer; de hecho, algunos quisieron ver al mesías en el atardecer del horizonte de Tefía, una aparición extraña sobrevolando por encima de Las Parcelas, pero no, era un guirre de esos pollos nuevos que anidan entre Los Molinos y Aguas Verdes. Y es que el aparato de agitación y propaganda religioso y laico ha construido una atmósfera asfixiante para normalizar que Robert Francis es el enviado. Y muchos se lo comieron. Los medios de comunicación y el periodismo irreflexivo, sin escatimar gastos en atrezos, crearon un clima propicio para que apareciera la virgen. Y a algunos se les apareció en modo relaciones, dietas, o selfis para las redes… del pescador. Porque en un contexto de miedos e incertidumbres generados por el ultracapitalismo inhumano, la gente necesita agarrarse a una tacha hirviendo que los salve, y el aparato de propaganda lo sabe. Y tanto lo vendieron, que algunas personas asistentes sufrieron de palpitaciones, temblores espasmódicos, premoniciones y calambres. Ya faltaba poco para el milagro y muchos periodistas querían dar la primicia. Y lo invocaron por activa a ver si se salvaban de la mediocridad y el anonimato histórico. Fíjate tú que cuando el avión se averió, muchos pensaron que era un castigo divino o una maldición del diablo porque los humanos se han portado mal. Y es verdad que algunos se han portado muy mal. Incluso hubo quien vio a Robert con un mono azul medio tiznado diciendo que era un problema de bujías. En la RTVC dijeron que no despegaba por el suave viento de cola. Una tempestad lagunera de esas bíblicas. Menos mal que los fanáticos son los otros.
Lo discutieron en sendas redacciones y llegaron a la conclusión de que para activar el marco mental religioso debían usar conceptos lingüísticos apropiados como su santidad, el santo padre, el enviado y legítimo representante de dios en la tierra, el jefe de todos los creyentes, etcétera. Todo en mayúscula. Rebuscaron en su currículum desde que nació, algo susceptible de interpretarse sobrenatural. Pero no, por ahora el tipo es normal. Tiempo hay de inventarse un milagro para santificarlo. Comparado con los demás papas, todavía es un pibito. Hay tiempo.
Y he aquí que al final obró el milagro y se hizo su voluntad. Consistió en que algunas gentes progresistas (socialistas sería exagerar) expresaran que lo extraordinario de Robert es que habla de solidaridad, de justicia y de ayudar a quien lo necesita, sin reparar en que cualquier persona con un mínimo de humanidad dice lo mismo. Consistió en ocultar deliberadamente que atacó derechos de las mujeres, que obvió sanciones a los pederastas por la justicia ordinaria, y que no mencionó la guerra imperialista de EE.UU. y Netanyahu. Consistió en que se olvidaran por unos días de la separación de poderes. Muchos liberal-progresistas fliparon obnubilados y entraron en su marco mental y político con sus mejores galas, a destriparse por estar a unos centímetros del delegado de padre dios en la tierra. ¿De qué necesitan salvarse? Ni dios lo sabe, pero por si acaso, buscan la bendición papal porque, según dicen, es algo que no se puede explicar con palabras. Claro que no. Es imposible explicar con palabras semejante irracionalidad. Qué alegría cuando les dijeron ¡vayan a la casa del Señor! Dios los bendiga y el señor los coja confesados. Por si acaso.
Todo el Estado y sus representantes bien vestidos al servicio de la cruzada católica para desquitarse de tanto islam. Dos millones de euros de propina a la diócesis, dos millones de policías, militares, guardias civiles, municipales, aviones y unidades del subsuelo. Actividades públicas, clases y exámenes, carreteras y autopistas, suspendidas. ¡Cámbate! Un milagro que las playas las dejaran abiertas. Desde todos los puntos de las islas y allende los mares y la geografía insular y celestial, peregrinaron flotando por encima de las nubes, como Heidi, en éxtasis profundo y lacrimosa euforia. Difícil no creer en dioses y cosas del otro mundo con semejante movilización de personas y recursos.
A los infieles solo nos queda esperar (rezar también) que no nos crucifiquen. Y a las mujeres infieles, que las eximan de la hoguera. En realidad, para concluir con la contrarreforma que amenaza nuestra democracia, bastaría con incluir la crucifixión y la hoguera en el código penal para toda persona que no comulgue con la deriva de los tiempos actuales. Y nadie protestaría, porque con la campaña que ha hecho el periodismo extreme, todo el mundo lo entendería… lo de la crucifixión y la quema de brujas me refiero.
Sin embargo, hay cosas que sí han cambiado, antes, cuando pedías la bendición, te ponían la mano en la cabeza o te daban unas pesetas. Ahora, en cambio, le damos dos millones de euros al delegado de dios en la tierra para que sigan repartiendo hostias. Al final, la cruzada ha remontado su descrédito, y el resultado al descanso es: islam 1, cristianismo 2.