Después del 26S, Canarias necesita unidad, no más parcelas
Miles de personas salieron a las calles para defender una democracia real y para poner en común muchas de las preocupaciones que forman parte de la vida de nuestra gente: la vivienda, los servicios públicos, el empleo digno, el medio ambiente, la igualdad, los derechos sociales y la lucha contra el racismo y los discursos de odio.
La convocatoria había conseguido previamente más de 10.000 firmas y el respaldo de más de 60 organizaciones sociales, sindicales y culturales. Pero quizás la pregunta más importante no sea cuánta gente salió a la calle el 26S, sino qué hacemos ahora con todo lo que allí se expresó porque una movilización puede llenar una avenida, una calle o una plaza durante unas horas, pero si después todo vuelve a dividirse en pequeñas parcelas, en siglas, organizaciones y espacios propios, habremos perdido una oportunidad.
Creo que la gente está cansada de que la política se convierta demasiadas veces en una disputa por espacios, cargos, protagonismos o cuotas de representación. Cansada también de que organizaciones que comparten la mayor parte de sus objetivos sean incapaces de caminar juntas. Muchos jóvenes están cansados de escuchar grandes discursos sobre transformación mientras la realidad sigue siendo la precariedad, la dificultad para acceder a una vivienda, los salarios que no permiten vivir dignamente o unos servicios públicos cada vez más tensionados.
El 26S nos enseñó precisamente lo contrario. Cuando ponemos por delante lo que nos une, la gente responde. Y responde a lo grande. En las islas la movilización reunió a miles de personas, con la vivienda y los desahucios entre las principales reivindicaciones. Pero detrás de cada una de esas reivindicaciones había algo mucho más grande: defender lo común y recuperar la participación de la gente.
Por eso creo que los partidos y organizaciones progresistas de Canarias deberían pararse y escuchar. No se trata de que una sigla desaparezca para que otra ocupe su lugar. Tampoco de crear una nueva estructura desde arriba y pedir después a la gente que la siga. Se trata de algo mucho más profundo: construir unidad política y social desde abajo. Una unidad que sea capaz de recoger el espíritu del 26S y entender que la vivienda no puede ir por un lado, la sanidad por otro, la educación por otro, el empleo por otro, el medio ambiente por otro y los derechos de las personas migrantes por otro.
Todo forma parte de una misma defensa. La defensa de una vida digna y de lo común. Canarias necesita una herramienta política capaz de sumar sensibilidades diferentes alrededor de objetivos compartidos; una especie de UPC, PCU o como finalmente quiera llamarse, pero el nombre es lo menos importante. Lo importante es lo que represente.
El reto es construir una nueva forma de hacer política. Porque sin bases no hay transformación. No podemos hablar de democracia real si la participación termina reducida a votar cada cuatro años. La gente tiene que participar en la elaboración de las propuestas, en la toma de decisiones y también en el control de quienes la representan. Las organizaciones sociales, los sindicatos, los colectivos vecinales, feministas, ecologistas, juveniles, de vivienda y tantos otros espacios de participación tienen que formar parte de ese proceso. Porque un partido sin militancia activa, sin debate interno, sin bases y sin conexión permanente con la sociedad corre el riesgo de convertirse simplemente en una estructura electoral, en unas candidaturas. Y una estructura electoral puede conseguir representación institucional, pero la transformación social necesita mucho más que escaños, necesita al pueblo organizado, participación y que las personas se sientan parte de un proyecto y no solamente votantes. Por eso creo que el mayor error sería pensar que el 26S terminó cuando las calles quedaron vacías.
Quizás el 26S empiece precisamente ahora
Ahora toca sentarse, hablar, escuchar y encontrar los puntos comunes. Dejar a un lado las desconfianzas. Abrir las puertas. Preguntar a las bases. Incorporar a los movimientos sociales y construir colectivamente un proyecto para Canarias que no esté condicionado por los intereses particulares de ninguna organización. Una política donde la vivienda sea un derecho y no un negocio. Donde trabajar permita vivir.m, donde los servicios públicos sean realmente públicos y de calidad. Donde defender nuestro territorio y nuestro medio ambiente no sea incompatible con garantizar derechos. Donde nadie sea discriminado por su origen, su identidad o su condición. Donde nuestra juventud pueda construir su futuro en Canarias sin tener que marcharse.
No se como se llamará esa unidad, pero sinceramente , el nombre es lo menos, lo importante es que sea una unidad construida desde abajo, plural, democrática, participativa y capaz de poner por delante los intereses de la mayoría. Canarias necesita sumar el poder de su gente, no solo que nos representen. Queremos participar. Queremos decidir. Queremos construir entre todas y todos. Cada persona desde su puesto. Cada colectivo desde su experiencia. Cada organización aportando su riqueza.Porque cada una desde su puesto es riqueza. Y si somos capaces de unir toda esa riqueza, tendremos mucha más fuerza para defender nuestros derechos y hacer frente a quienes quieren dividirnos, enfrentar a la gente y hacer retroceder lo conseguido.
El 26S nos ha demostrado que hay ganas de participar. Ahora toca estar a la altura.