Doy las gracias por el mejor padre del mundo
¿Cómo decir adiós, con este nudo en la garganta que tanto me aprieta? ¿Cómo despedirme si tengo la mano agarrándome el corazón? ¿Cómo aceptar tu partida cuando nunca supimos de tu tan pronto viaje?
No sé cómo aceptar esta pérdida. Es ley que los padres se vayan antes que sus hijos, pero no que lo hagan cuando les quedaba tanta vida por delante, cuando tenía tantos planes por cumplir, cuando se veía en el horizonte tanto tiempo por disfrutar.
Doy las gracias por el mejor padre del mundo, por mi defensor personal a capa y espada, por un confidente para todas mis dificultades y cotilleos, por un compañero de piso que siempre tenía buena cara, por una persona tan querida, tan predispuesta, tan buena, que tanto ayudaba a los demás.
Tu ausencia nunca tendrá consuelo porque me queda un hueco a mi y a toda la familia, de las anécdotas que se queden sin contar, de las historias que se quedan sin vivir y compartir.
Él fue el referente de muchos, el centro al que acudir en las dudas y en las certezas, en lo bueno y en lo difícil. Una persona sabia, cargada de valores y de experiencias, con mesura y practicidad.
Y espero que su ausencia, que ahora duele en el alma, con el tiempo se coloque en un lugar dentro de nuestros corazones. Que aunque nunca desaparezca el dolor agridulce de las vivencias juntos, que compartimos de risas, alegrías y buenos momentos, plaque ese lugar que le reservamos y guardamos en nuestro imaginario de futuro y que ahora nunca podrá ocupar.
Te querré siempre papá, te querremos toda la familia y te llevaremos siempre en la mente y en el corazón, junto con el abuelo, la abuela, Cristina e Iris.