El inesperado giro que conviene
La mayoría de las veces lo que sucede no conviene, pero hay ocasiones en que los acontecimientos, de manera virtuosa, terminan encadenándose con una coherencia inesperada, como si discretamente se orientaran hacia un desenlace favorable.
Aunque todavía no contamos con la certificación oficial del Boletín Oficial del Estado —que, por cierto, se está haciendo esperar más de lo razonable—, la noticia se ha extendido ya por los medios: Endesa renuncia a ser titular de los futuros grupos térmicos en buena parte del archipiélago; dicho con formalidad, retira su candidatura en el proceso de concurrencia competitiva en gran parte de las islas.
No es ningún secreto que hemos recibido la noticia con satisfacción. Ya no se nos atemoriza con la interrupción del suministro. Sorprende, en cambio, el súbito cambio de registro de algunos responsables políticos. Tras dos años de advertencias sombrías, en las que se nos anunciaba poco menos que una hecatombe en forma de apagón inevitable si no se renovaban los grupos térmicos, asistimos ahora a una reacción mesurada. Incluso se desliza que los grupos actuales podrían operar más allá de los 25 años fijados en el Real Decreto 737/2015. No está mal que las certezas de ayer se conviertan hoy en matices.
Lo que ha seguido es, si cabe, más relevante: el anuncio por parte del consejero de medidas que parecían dormir en el cajón de los proyectos postergados y que, por fin, ven la luz. Da la impresión de que la agenda verde comienza a alzar el vuelo frente a la inercia fósil que hasta ahora marcaba el paso.
Entre esas medidas destaca el inicio de la tramitación de la central de bombeo reversible de Güímar, en Tenerife, así como los primeros pasos de otro bombeo en La Palma, previsiblemente en la zona de la Laguna de Barlovento. Es exactamente lo que deseábamos escuchar. La experiencia de Gorona del Viento y el intenso debate suscitado por Salto de Chira nos enseñan que no son proyectos sencillos. Pero también que constituyen herramientas decisivas para que la transición energética deje de ser una declaración retórica y se convierta en realidad material.
Que la sociedad canaria decida adentrarse sin ambages en este camino envía una señal inequívoca a quienes aún contemplan el horizonte fósil como un negocio duradero: sus beneficios serán necesariamente transitorios. Y eso, lejos de ser una amenaza, es una magnífica noticia.
A ello se suma la expectativa de una reunión con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para abordar la retribución del almacenamiento en baterías grid-forming, pieza clave para estabilizar el sistema eléctrico y reducir aún más la dependencia de la potencia térmica rodante.
Si añadimos la próxima interconexión Tenerife–La Gomera y la futura conexión entre Gran Canaria y Fuerteventura, el panorama empieza a dibujar condiciones propicias para acelerar la instalación de renovables y avanzar con decisión en la descarbonización del archipiélago.
Pero no nos engañemos: infraestructuras y anuncios no bastan. Es imprescindible multiplicar el ritmo de implantación de energías renovables muy por encima del actual. En esa tarea nos encontrarán, junto a otros compañeros del ecologismo y de la política, perseverando —aunque no siempre seamos comprendidos— en la convicción de que esta es la senda correcta.
Tal vez estemos ante un punto de inflexión. Y, esta vez, puede que lo que sucede realmente convenga.