Las lentejas de la derechona
Cada vez las precampañas electorales empiezan antes. Pasa un poco como la navidad, que desde noviembre los ayuntamientos y los grandes almacenes nos llenan las calles de luces multicolores y adornos grandilocuentes para que nos vayamos haciendo a la idea de que lo importante de esa fiesta no es el portal de Belén sino la tarjeta de crédito que cada año, indefectiblemente, con crisis o no, acabamos por desintegrar frente a cualquier cajero automático.
Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias y candidato a repetir en el cargo por Coalición Canaria, es por lo general un hombre moderado y prudente, pero cuando vislumbra las elecciones en el horizonte cambia de personalidad, como el doctor Jekyll y míster Hide.
En el mismo acto en el que sus correligionarios lo proclamaron candidato de CC a la presidencia de nuevo, Rivero llamó “derechona” a su socio de gobierno, algo que nunca, mientras ha durado la actual legislatura, han dicho los nacionalistas de sus compañeros de viaje y de intereses. Hasta ahora el PP era de centro liberal, pero desde el pasado fin de semana ya es la derechona antediluviana.
Por su parte, el PP ha acusado a CC de venderse al PSOE por un plato de lentejas. Su número dos, Manuel Fernández, advierte a los nacionalistas que apoyar a los socialistas es la antesala de su muerte política. Si fuera así, Fernández debería callarse mientras ve a nacionalistas y socialistas hundiéndose en el fango de las encuestas.
Pero no lo hace, señal de que no cree lo que dice. Podría hacer lo que hizo Contador cuando el luxemburgués que le disputada el liderato en el Tour se trabó con la cadena de su bicicleta. El español, no en muy buena lid, aprovechó el incidente y desapareció del mapa para ganarle la carrera antes de que arreglara el entuerto.
Si eso pasa con los deportistas, imagínate con los políticos, que con tal de estar en el machito son capaces de matar un burro a pellizcones.