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El problema no es Sánchez: es el tiempo

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La política española en una guerra sin cuartel, en la que la derecha nacional intenta regalar un fusil tipo OkDiario a cada ciudadano para que haga la guerra, la rebelión contra Pedro Sánchez. Pero -¡ay de esa derecha!- la batalla de todas las batallas no es contra el presidente, sino contra el tiempo, que todo lo puede, que todo lo desgasta.

El desgaste es cuestión de tiempo y de alternativa. Es más fácil resistir cuando no hay nadie enfrente que te pueda sustituir. Y hoy, en España, eso está pasando. El Gobierno llega tocado a muchos debates, pero sigue marcando el ritmo porque enfrente no hay un proyecto que resulte creíble.

Feijóo no tiene su principal problema en el Congreso, sino en casa. Su liderazgo está bajo vigilancia permanente. Entre barones territoriales, equilibrios internos y la presión de no desbordarse por la derecha, su margen es estrecho y no fija una línea política clara porque no puede tenerla. La va negociando día a día. Y eso se nota.

El episodio de Irán lo deja bastante claro. En un momento en el que tocaba fijar posición, lo que vimos fue más cálculo que liderazgo. Y en esa política exterior que es interior porque toca los bolsillos, la ambigüedad no ayuda: debilita.

El problema de fondo es que el PP no puede crecer hacia el centro sin tensar su relación con Vox. Y Vox, lejos de ser un socio estable, está cada vez más metido en sus propias dinámicas internas. Resulta tóxico. Resultado: una derecha que no solo compite contra el Gobierno, sino contra sí misma.

En ese contexto, Sánchez ha puesto en marcha una hoja de ruta clara: no hace falta ser infalible, basta con ser el único que tiene un plan. Su liderazgo tiene desgaste, claro. Y además es personalista y táctico. Pero, frente al ruido de enfrente, sigue proyectando dirección. Y eso hoy es una ventaja competitiva.

Ahora bien, hay un riesgo evidente: la fatiga. El clima político en España lleva demasiado tiempo instalado en la tensión permanente. Y eso termina pasando factura a todos. No es solo desgaste del Gobierno. Es desgaste del sistema político en su conjunto.

De aquí a 2027 no va a llegar mejor quien más prometa, sino quien siga en pie. Y ahora mismo la sensación es que la derecha puede llegar más cansada de lo que esperaba. A día de hoy, el problema no es si puede ganar. Es si sabe cómo hacerlo.