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El drago de Gran Canaria busca ‘in extremis’ su supervivencia

'Dracaena tamaranae' o drago de Gran Canaria, es una especie vegetal endémica de la isla de Gran Canaria, emparentada con el drago, 'Dracaena draco'.

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —
28 de marzo de 2026 22:30 h

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El Gobierno de Canarias ha aprobado recientemente el Plan de Recuperación del drago de Gran Canaria, una especie endémica en peligro de extinción, con un decreto que busca aumentar su población y proteger su hábitat en el suroeste de la Isla.

Históricamente, en Gran Canaria han existido dos especies de drago en estado silvestre: el drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae) y el drago común (Dracaena draco). Sin embargo, en la actualidad el drago común se considera extinto, ya que el último individuo silvestre que quedaba murió en el año 2009 al no poder resistir aquellos años de sequía.

Hoy en día solo sobrevive en la naturaleza una especie, el drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae), y esta se encuentra clasificada “en peligro de extinción” tanto en el Catálogo Canario de Especies Protegidas como en el Catálogo Español de Especies Amenazadas

Riscos y laderas

Este árbol habita exclusivamente en enclaves puntuales del sector suroccidental de la isla de Gran Canaria, correspondiendo a la vertiente de sotavento. Esta área de distribución abarca distintos espacios pertenecientes a los municipios de Mogán, San Bartolomé de Tirajana, La Aldea de San Nicolás y Tejeda.

A nivel ecológico y orográfico, la especie se localiza en la zona termófila de la isla, arraigándose sobre riscos, escarpes, grietas y laderas inaccesibles que le proporcionan cierta tendencia a la sombra y la humedad dentro de un ambiente árido. Aunque se han localizado ejemplares en un rango amplio que va desde los 342 hasta los 1.270 metros sobre el nivel del mar, habitando preferentemente entre los 400 y 900 metros de altitud.

En la actualidad cuenta con una población ínfima y muy fragmentada que se distribuye, a grandes rasgos, desde el tramo medio del Barranco de Fataga hasta el Barranco Tejeda-La Aldea. Esta población está disgregada en dos subpoblaciones principales y algunos individuos aislados.

Situación crítica

El expediente que avala la aprobación de este decreto del Ejecutivo canario no es nada optimista respecto a la situación de la especie: actualmente viven en estado silvestre tan solo 61 individuos y presenta una clara tendencia regresiva poblacional. En los últimos 20 años, la población en la naturaleza ha sufrido una reducción del 20% de sus ejemplares, evidenciando una caída constante y paulatina desde los 76 individuos censados en el año 2003, pasando a 75 en 2005 y a 65 en 2015.

Un plan a cinco años vista

Mediante la aprobación del Decreto 41/2026, se pretende mitigar las amenazas que sufre la especie y lograr que las subpoblaciones sean capaces de sobrevivir por sí solas, marcándose como meta principal incrementar la población en el medio natural hasta alcanzar, al menos, los 300 ejemplares.

El plan establece un programa que cuenta con un presupuesto estimado de casi 1,1 millones de euros a lo largo de un horizonte temporal inicial de cinco años y será ejecutado principalmente por el Cabildo de Gran Canaria, articulado en torno a acciones clave como el incremento poblacional y conservación ex situ; debido a que la especie casi no fructifica, se realizará un seguimiento exhaustivo para recolectar las pocas semillas viables, las cuales se guardarán en bancos de germoplasma.

Estas acciones incluyen la recolección de las escasas semillas viables y su cultivo en viveros y laboratorios para obtener al menos 500 nuevos ejemplares. Posteriormente, se repoblará el medio natural plantando estos dragos jóvenes, con el fin de reforzar los grupos existentes y crear cuatro nuevos núcleos poblacionales que superen los 300 individuos silvestres en total.

Prohibición de pastoreo o senderismo en un área crítica

El plan también prioriza la protección directa del hábitat mediante la instalación de vallados, la erradicación del ganado asilvestrado como las cabras que devoran los brotes jóvenes, depósitos para riegos de emergencia y anclajes en paredes rocosas para estabilizar árboles inestables. Se delimitará un Área Crítica de 1.754 hectáreas donde quedará prohibido el pastoreo, el tránsito fuera de senderos y cualquier actividad cinegética.

Finalmente, se impulsará la investigación con el uso de drones para localizar nuevos ejemplares, análisis genéticos de la especie y campañas de concienciación dirigidas especialmente a pastores y ganaderos locales, fomentando así una mayor protección comunitaria.

La leyenda

Pueden alcanzar siglos de vida, sobrevivir a varias generaciones de una misma familia. Esto y el modo en que los normandos hablaron de ellos en las crónicas a su llegada a las islas, “la isla está llena de dragos en gran cantidad”, confieren a este árbol un aura mágica.

Representación de un drago ('Dracaena draco') de Luis Morera en la exposición ‘Ach Guañac. Geografías del vínculo’ en el Espacio Cultural de Santa Cruz de La Palma.

La explicación legendaria habla de una leyenda relacionada con la mitología griega que vincula el drago con el dragón Ladón, guardián del Jardín de las Hespérides. Según esta leyenda, cuando el dragón fue muerto, de su sangre brotaron árboles con ramas retorcidas que se llamaron dragos en honor a ese dragón, creando para siempre la unión simbólica entre el árbol y el ser mitológico.

El drago (Dracaena draco) es un símbolo icónico de Tenerife, donde se considera el símbolo vegetal oficial según la Ley 7/1991 de Símbolos de la Naturaleza de las Islas Canarias.

Pero el ser humano no solo usó el pensamiento mágico o simbólico sobre el drago, el aprovechamiento tradicional que se hacía históricamente del árbol para fabricar recipientes como colmenas y huroneras, mermó gravemente sus poblaciones en el pasado.

Ahora solo el tiempo dirá si la acción humana llega o no demasiado tarde para un árbol frágil pero casi inmortal.

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