Una pesadilla gótica

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Un crucero se acercaba a la isla cargado de millonarios, ratas, ornitología, virus y langostas, no forzosamente por este orden. La gente huía despavorida y se refugiaba en los supermercados detrás de montañas de papel higiénico y agua embotellada. Políticos y expertos decían esto y lo otro y lo de más allá tampoco forzosamente en este orden: unos que sí, otros que no, otro que tal vez, que ya se verá, que toda precaución es poca, que esto no es el covid pero tampoco un resfriado, que si cuarentenas, que estamos sobradamente preparados para lo que venga, que faltan recursos, que sobran recursos, que se vayan a atracar a casa de su santa madre etc. etc. etc.…

Mientras tanto médicos y sanitarios en general buscaban en los desvanes de sus casas sus viejas armaduras anticovid y se preparaban para la guerra. El líder norcoreano con nombre de transistor decía que si hacían falta a él le sobraban misiles. En fin, mientras tanto una rata se escapaba de la bodega llena de vinos caros, la bodega no la rata, y nadaba hasta la playa, allí mordía a un surfista ruso, Putin culpaba a Trump, Trump a Irán, Irán a Israel, Israel a Sánchez, Sánchez a Ayuso, Ayuso a Sheinbaum, Sheinbaum a Hernán Cortés y vuelta a empezar en un bucle por los siglos de los siglos amén, menos mal que servicios secretos del Cabildo aislaron a la rata y al ruso mientras Marruecos reclamaba en plan oportunista las islas Canarias, Clavijo que nai nai pero que podían participar en Noche de Taifas en plan tranqui. En fin, la sangre no llegó al mar, pero el espectáculo está garantizado como en un mítico álbum de los Beatles. Uff, qué pesadilla, tengo que cenar menos.

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