La resaca del crimen
Primero, me tomo unas cervezas en un entorno elegantemente distendido. No escucho una sola conversación acerca de los sucesos de estos últimos días. En tales sitios no se oye mucho hablar español y, cuando alega en nuestro idioma, la charla gira habitualmente alrededor de cifras millonarias y de operaciones económicamente galácticas para un simple periodista, ajeno al chanchulleo imperante en el gremio. La resaca del crimen, del asesinato de la adolescente Fernanda Fabiola Urzúa, se encuentra y se siente en otros parajes menos distinguidos y finolis del mismo territorio. En bares más modestos, decorados con máquinas tragaperras y con una parroquia de variopintos tonos de tez. Por estos oasis de plástico y formica que te libran del solajero, pero no de la calufa, sí se palpa el dolor. Pero, sobre todo la preocupación. En estos macrohabitaculos de la inmigración se teme la insistencia mediática en la nacionalidad del criminal. Y que sangrientas historias como ésta última engorden la xenofobia ya existente en la isla a base de alimentarse especialmente en el colectivo latinoamericano. El criminal era natural de Colombia, de acuerdo es un dato informativo más, pero no sustancial para un titular periodístico-, como la víctima también era inmigrante. Chilena, como todo el mundo sabe. Pero, las miradas de desconfianza, de recelo y hasta de miedo se cruzan, mayormente, entre los propios nuevos, recientes y foráneos habitantes de la Isla, sobre todo, porque no hay, casi y como quien dice, otras miradas posibles. Habitan en un gueto en el que no debe ser sencillo caer en la tentación de fiarse del vecino. Ni por solidaridad. Los africanos no confían en los latinos. Muchos latinos ven en los subsaharianos a sus rivales. Un magrebí que había contado algunos detalles del suceso a la televisión y a algún diario, insistía junto a la ventana de una cafetería, frente a una taza de té: Ese chico tiene cara de asesino. Curiosa capacidad de interpretación fisonómica la del marroquí. Pero, en fin. Lo que les decía es que la resaca del crimen puede derivar en resaca racista, y eso sería grave. Aun aceptando que existen fallos lamentables en el sistema. Un extranjero con antecedentes por agresiones sexuales, aunque sean presuntas, ya no tendría que estar aquí. En eso sí, supongo, podemos estar todos de acuerdo.
José H. Chela