Gran Canaria, siglos XI a XIV: una isla de niños pescadores

José María Rodríguez / Efe

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El pueblo amazigh que habitó Gran Canaria antes de la llegada de los primeros europeos vivió muy desapegado de la costa durante 800 años a pesar de rodearle un océano, pero algo ocurrió en la isla en el siglo XI que hizo del mar un sustento económico básico y un símbolo de identidad.

Es un cambio bien estudiado por los historiadores, que suelen atribuirlo al crecimiento demográfico de Gran Canaria al final del primer milenio (en tiempos de la Conquista era la isla más poblada), que impulsó a sus habitantes a buscar fuentes de recursos adicionales al cultivo de cereales y al pastoreo, así como a la irrupción de una nueva oleada pobladora desde África, con otras costumbres.

Sin embargo, de cuando en cuando, aparecen nuevos estudios que muestran hasta qué punto la relación con el mar impregnó la vida diaria los antiguos pobladores de la isla en los siglos previos a su conquista por Castilla, como el que este mes publican en Journal of Island and Coastal Archaelogy Verónica Alberto, Teresa Delgado, Angélica Santa Cruz y Javier Velasco, entre otros investigadores.

En el tramo final del periodo prehispánico se conformaron los asentamientos prehispánicos costeros más importantes de Gran Canaria, ya que sus habitantes habían preferido hasta entonces el interior. Y a ese periodo se refieren también varios estudios bioarquelógicos que cifran entre un 15% y un 20% el peso del pescado y el marisco en la alimentación de los antiguos habitantes de la isla.

Este nuevo trabajo revela que uno de cada siete niños y adolescentes de la Gran Canaria prehispánica (el 13%) presentaba exóstosis auditiva, un crecimiento óseo anormal en el conducto externo del oído que puede llegar a taponarlo. El porcentaje se dispara si el foco se pone en los restos óseos recuperados de asentamientos costeros: un 50% en Maspalomas (3 de 6), en el sur de la isla, y un 76% en El Agujero, Gáldar (10 de 13), en el norte.

La medicina actual conoce esa patología como oído de surfista, porque la ocasiona la exposición prolongada al agua fría, pero en el tiempo al que se remonta este trabajo tenía otro origen más mundano: la pesca, faena colectiva en aquellos siglos, en la que colaboraban jóvenes y adultos metiéndose al agua en grupo con sus redes.

Los autores de este artículo aportan las primeras pruebas arqueológicas de hasta qué punto los menores contribuían en aquella sociedad al marisqueo y la pesca y, de paso, participan en los ritos de iniciación social ligados al mar. Y debían hacerlo desde muy pronto, porque documentan casos de oído de surfista en niños de diez años, cuando la exóstosis tarda unos cinco años en formarse.

El trabajo resalta que la colaboración en la pesca no solo suponía una forma de que los niños y adolescentes ayudaran al sostenimiento de la comunidad, sino que formaba parte, probablemente, de los ritos de maduración e integración social.

De hecho, recuerda que los documentos históricos de la Conquista acreditan que nadar y pescar daban prestigio en la antigua sociedad grancanaria -hasta el punto de que el Guanarteme, o rey, se preciaba de ser un buen pescador-, y que el mar estaba presente en importantes ritos religiosos, como cuando los faycanes llevaban al pueblo a la costa a golpearlo con ramas para implorar a sus dioses lluvias.