Finca Clavijo, un cementerio del siglo XV que revela el pasado esclavista de la industria azucarera de Canarias

Alicia Justo

Las Palmas de Gran Canaria —
14 de marzo de 2026 06:01 h

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Catorce cuerpos enterrados de forma lateral con pulseras de cuentas de vidrio de Senegal y Gambia y situados en los márgenes de los edificios religiosos de la zona. Este hallazgo tras unas obras para la canalización de aguas en Finca Clavijo en Gáldar, Gran Canaria, desembocó en un estudio genético sobre el linaje de estos cuerpos inhumados cerca de un ingenio azucarero. Las conclusiones fueron claras: algunas de estas personas tenían un origen subsahariano y otras descendían de norteafricanos. “El yacimiento de Finca Clavijo es excepcional porque nos permite estudiar de manera directa a los individuos que llegaron a Canarias como resultado del tráfico de esclavos”, subraya Rosa Fregel, la experta en genética de la Universidad de La Laguna (ULL). 

La intervención arqueológica de la empresa Tibicena y la posterior investigación sobre el ADN de estas personas, liderada por Jonathan Santana, arqueólogo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), en la cual también participó Fregel, y que fue publicada en 2015 en la revista American Journal of Physical Anthropology, revelaron que este yacimiento podría tratarse del primer cementerio de esclavizados del Atlántico, el cual estuvo activo entre los siglos XV y XVII. 

Los cuerpos yacían de lado con la cabeza elevada, en dirección oeste-este y con los brazos en diferentes disposiciones. Algunos los tenían estirados y otros doblados en la parte anterior o posterior del cuerpo. Aunque la mayoría de estas personas procedía del continente africano, también se descubrió que una mujer era descendiente de aborígenes canarios, lo cual apuntaría a que esa población también fue esclavizada en aquella época. Fregel matiza que este primer estudio solo permitió conocer parte del ADN mitocondrial, el cual dio información exclusivamente del orígen por línea materna.

Los análisis genéticos revelaron otros aspectos relacionados con la salud de estas personas. Sus investigadores señalan que los adultos enterrados en este yacimiento realizaron “una actividad física extenuante” que les afectó a la columna vertebral y a las extremidades. El estudio evidencia que lesiones como la osteoartritis, los nódulos de Schmorl y hernias discales se concentraron en las vértebras cervicales inferiores y torácicas inferiores y que el trabajo que desempeñaron en Finca Clavijo dejó una importante huella en la articulación del hombro. “Se han observado altas tasas de osteoartritis, nódulos de Schmorl y hernias discales en poblaciones esclavizadas de plantaciones de caña de azúcar en Carolina del Sur, Surinam y Barbados”, añade el documento. 

Esta necrópolis albergaba más particularidades. Estos catorce cuerpos fueron inhumados fuera de los cementerios oficiales y con rituales que no eran cristianos. Dos de las mujeres, que contaban entre 20 y 25 años, portaban pulseras de cuentas de vidrio que tendrían su orígen en la zona de Senegal y Gambia, tal y como especifica Marco Moreno, gerente de Tibicena. Estas piezas de colores azul, verde, marrón y blanco aparecieron asociadas a los huesos del antebrazo izquierdo de las dos jóvenes. 

El Museo Canario, donde están depositadas estas piezas, contextualiza que este tipo de elementos entraban en el norte del continente procedentes del Medio Oriente, desde el Mediterráneo y de Asia, y llegaban al África subsahariana a través del comercio transahariano, donde están documentadas desde el siglo II.

También se encontró una medalla de la Inmaculada Concepción y de san Francisco de Asís, con lo cual, para Moreno, ya se observa otro tipo de hibridación entre una cultura procedente de África y la religión cristiana. “Finca Clavijo es un cementerio multiétnico con una práctica funeraria singular, la cual es resultado del sincretismo de diversos orígenes como el católico, el islámico y el africano. Los rituales funerarios sincréticos eran comunes en América y otros lugares de la esfera atlántica donde hubo presencia de poblaciones africanas”, se puntualiza en el estudio liderado por Santana. 

Para estos investigadores, este tipo de enterramientos ha puesto en evidencia la capacidad de resistencia cultural y de agencia de esta población, que a pesar de vivir en la exclusión optó por mantener símbolos de sus culturas originarias para dar paso a la muerte. 

Esclavizados al servicio de la industria azucarera canaria

Moreno pone en contexto estos enterramientos en los márgenes con el momento que vivía Canarias en aquel periodo, cuando comenzó a albergar su primer monocultivo a través de la industria azucarera: “Había una gran cantidad de ingenios en Canarias, y en Gran Canaria, en concreto. Surtíamos de azúcar a Europa, de modo que esta sería la primera gran industria que tuvo Canarias”, matiza el arqueólogo. 

Al mismo tiempo, los autores del estudio genético recuerdan que entre el siglo XV y el XVI grandes cantidades de personas de origen norteafricano y subsahariano fueron traídas a Canarias “para servir como esclavos en la industria azucarera y como sirvientes domésticos para las familias más ricas”. 

El mismo estudia subraya que las primeras plantaciones de esclavizados del Atlántico se alojaron en la Macaronesia, concretamente en Madeira, Canarias y Cabo Verde.

Siguiendo los trabajos de investigación de historiadores como Ana Viña o Manuel Lobo, el mismo documento desgrana que los moriscos eran los esclavizados más numerosos en Canarias, aunque también había personas negras que llegaban a las Islas por acuerdos comerciales con los árabes, por el tráfico portugués de esclavizados y por las incursiones hacia el continente africano realizado por la población colonial asentada en Canarias. 

“Una vez en las Islas Canarias, estas personas eran vendidas en subasta pública, pasando a formar parte de la fuerza de trabajo en casas, conventos y fábricas de caña de azúcar”, detalla el estudio.

Las condiciones de vida de las mujeres y hombres esclavizados eran extremas. El libro El azúcar y su cultura en las islas atlánticas, de Jesús Pérez Morera, relata que en la Casa Fuerte de Adeje, Tenerife, los esclavizados eran encerrados bajo llave cuando regresaban de la faena agrícola y cuando no podían salir a trabajar por estar enfermos. 

El autor habla, además, de la casa de galeras, una infraestructura de castigo donde se encerraba a los esclavizados que sus amos consideraban que habían tenido un mal comportamiento: “Se les daba un colchón relleno de paja y su manta, que el mayordomo revisaría todos los domingos por si a alguno hubiera que darle su merecido castigo”, se especifica en el libro. 

Tal y como ha detallado la historiadora Ana Viña en su investigación La organización social del trabajo en los ingenios azucareros canarios (siglos XV-XVI), en algunas haciendas se encontraban las casas de los negros, “situadas en la esquina de la casa principal de aposento, como en el ingenio de Tazacorte en el que figuran 14 casas de negros en 1557”. 

En cuanto a la distribución del trabajo, Viña sostiene que aunque había trabajadores asalariados, los esclavizados eran el personal más numeroso de los ingenios, ya que los hacendados tenían como objetivo abaratar costes para obtener así mayor rentabilidad del comercio del azúcar. 

En los ingenios de Gran Canaria había una media de 30 o 35 esclavizados entre hombres y mujeres. Ellos se dedicaban a tareas como cocer el azúcar, pues se consideraba que resistían mejor las temperaturas, o a regar las cañas. En cuanto a las labores de las mujeres en el proceso de obtención del azúcar, Viña especifica en su estudio que las referencias que se tienen de ellas aluden a su trabajo como ceniceras, que consistía en hacer ceniza en el campo para darle mayor blancura al azúcar, mientras que el resto de las mujeres se dedicaban a las tareas domésticas. 

“Este tipo de arqueóloga nos dice que este paraíso no lo fue siempre. Nos pone delante de un espejo para decirnos que la vida de estas personas no fue agradable, que había enfermedades o lesiones”, reclama Moreno. El arqueólogo considera que la arqueología canaria se basó durante mucho tiempo en el mundo aborigen y que el descubrimiento de la necrópolis de Finca Clavijo ha permitido que se hable de la etapa posterior a la colonización, momento en el cual se produce una “hibridación de lo indígena con lo colonial”, agrega. 

“La gente tiende a olvidar de dónde viene el canario y la realidad es que dentro de nosotros habitan muchos ADN: de moriscos, de europeos, de aborígenes y de personas negras”, subraya.