Visita del papa León XIV a Tenerife

Un joven narra al Papa las dificultades de los menores migrantes: ''He tenido suerte, otros se quedan en la calle cuando cumplen 18''

Después de conocer el campamento de acogida de Las Raíces, en Tenerife, el papa León XIV ha podido conocer otras historias de personas migrantes llegadas a Canarias en la plaza del Cristo de La Laguna. Entre ellas, la de Mbacke Ndiaye, un senegalés de 20 años que ha tenido ''la oportunidad de empezar de nuevo''. Con el continente africano colgando en su cuello, ha contado al pontífice cómo la fundación Buen Samaritano le ha dado ''más que un techo y comida''. ''Me ha dado respeto, paciencia, y gente que me dijo: ''tú vales, tú puedes''.

''Ahí vivo yo desde hace un año, esperando que salgan mis papeles. Yo he tenido mucha suerte, porque otros jóvenes cuando cumplen 18 años se quedan en la calle'', ha contado en su discurso. Mbacke ha explicado que él y sus compañeros han aprendido de diferentes actividades formativas como español, cocina, agricultura, carpintería, reparación o costura. “En mi caso particular, tengo la formación básica de español'', ha relatado.

''Todo eso me hace sentir que tengo un lugar y una familia. Tenerife me ha enseñado que la hermandad existe más allá de la sangre. Cuando una persona te tiende la mano sin pedir nada a cambio, el miedo se va y viene la esperanza'', ha dicho el senegalés en su discurso.

''Mi compromiso es simple'', ha continuado. ''Quiero devolver lo que he recibido. Quiero trabajar con honestidad, estudiar con esfuerzo y ayudar a mi familia. Santo Padre, le pido que siga recordando al mundo que detrás de cada migrante hay un sueño, una madre que reza y una persona que merece una oportunidad'', ha pedido Mbacke Ndiaye.

El joven ha querido terminar su intervención recitando un poema elaborado por los miembros del grupo de teatro de la Fundación Buen Samaritano para compartirlo con otros jóvenes en su misma situación y ''vencer al miedo''.

Cruzamos mares,

dejamos el hogar

Buscamos sueños,

un nuevo lugar.

Inmigrantes somos,

con fuerza y pasión,

luchamos por la vida

por un nuevo rincón.

El camino es duro,

pero hay esperanza.

La fe nos levanta,

nunca se cansa.

Cargamos historias,

cargamos dolor,

los muros se alzan,

pero hay decisión.

La tierra es de todos,

no hay división.

Y aunque nos miren como extraños,

sabemos que el mundo es para compartir.

Traemos cultura,

tramemos dolor.

Somos semillas

de un mundo mejor.