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Las educadoras infantiles madrileñas vaticinan un tortuoso comienzo de curso: “Seguir en huelga ya es algo heroico”

Educadoras infantiles se manifiestan a las puertas del Ministerio de Educación. EFE/Mariscal

Guillermo Martínez

27 de julio de 2026 22:04 h

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No han dejado de repetirlo desde el 7 de abril, cuando comenzaron esta huelga indefinida, la primera en su historia, mediante la que intentan forzar una subida salarial, pues las nóminas actualmente rozan el salario mínimo: con estas condiciones es imposible educar y cuidar a la infancia como se merece. Las educadoras infantiles de la Comunidad de Madrid descansarán en agosto de unos meses repletos de movilizaciones y acciones de lucha y solidaridad. Septiembre será el mes más complicado hasta el momento, pues el inicio de curso se prevé en servicios mínimos, lo que redundará en la calidad asistencial que podrán brindar a las familias y las criaturas, sobre todo aquellas que pisan la escuela por primera vez.

Será la primera ocasión en la historia que un nuevo curso comienza en las escuelas infantiles madrileñas con las educadoras en huelga. Las repercusiones se dejarán notar gravemente en el periodo de adaptación y vinculación de los más pequeños, tal y como coinciden en alertar todas las trabajadoras consultadas para este reportaje. Rosa Marín, portavoz de la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI), ha recalcado que el inicio en septiembre “va a ser duro, muy duro, sobre todo para aquellas criaturas pequeñas cuyas familias nunca han dejado a su hijo o hija con desconocidos”.

Este proceso, que requiere una “atención mínima y un estar presente”, tal y como concretiza la misma Marín, educadora infantil en un colegio público con etapa educativa de 0 a 3 años de Las Rozas, se verá afectado por la huelga. “Con las ratios que todavía tenemos y los servicios mínimos es muy difícil dar esa atención porque será imposible llevar a cabo el trabajo de vinculación tan necesario esos primeros meses”, ha comentado cuando la manifestación echaba a andar.

Si fuera un periodo de acogida normal, las aulas se llenarían de familias nuevas que acompañarían a los más pequeños durante algunas horas para conseguir que se aclimataran. Al igual que hasta ahora, la realidad que se vivirá en las escuelas de la Comunidad de Madrid será mucho más complicada que aquellas gestionadas por el Consistorio de la capital, pues en las primeras no existe la figura de pareja educativa. “Se mezclan bebés con otros pequeños de hasta tres años y se unen aulas, y cada día una de nosotras se encarga de una diferente. Va a ser muy complejo el inicio de curso”, reitera Marín.

Las educadoras infantiles se preparan emocionalmente para ello. “Hacemos terapia entre nosotras para resistir”, comenta metafóricamente la portavoz. Asimismo, admite que lo pasan “muy mal” cuando ven que no llegan a atender a las criaturas como se merecen.

Un salario para sobrevivir

La mayor parte de las educadoras infantiles de la Comunidad de Madrid reciben unos 1.080 euros por su trabajo a final de mes. Edu Vacas es uno de ellos. “Este salario afecta a todos los niveles, sobre todo en una ciudad tan poco amable como Madrid”, introduce. Este educador infantil en una escuela del Ayuntamiento de Madrid de gestión indirecta ha estado más de una década dedicando el 60 % de sus ingresos, en torno a 1.350 euros brutos con las pagas extra prorrateadas, al pago del alquiler. “Es increíble que cobremos esta miseria cuando somos los responsables de cuidar y acompañar a criaturas en sus primeros meses de vida, cuando más conexiones neuronales se producen”, sostiene.

Vacas trabaja junto a una pareja educativa, así que la principal consecuencia de la huelga al comienzo del curso será la falta de una figura de referencia para los más pequeños. “Eso impedirá que podamos atender e individualizar las necesidades y deseos de la infancia, a quien le costará mucho más entender que la escuela no es un lugar hostil”, añade. Por último, enfatiza que serán las nuevas familias que accedan al centro las que peor lo pasarán: “Es un papelón muy gordo para ellas”.

Tamara González, también educadora infantil en una escuela gestionada por el Ayuntamiento capitalino, añade que viven “el inicio de curso con bastante incertidumbre. Ese acercamiento que siempre tenemos las primeras jornadas se verá truncado y no será posible la vinculación con la infancia”, asevera.

Por otro lado, esta profesional de la educación es una de las tantas que convive con una dualidad en su interior. Deja de ir a trabajar para hacer reaccionar a una Consejería que las tiene abandonadas, según expresa, pero a la vez admite que no puede ver sufrir o pasarlo más a las criaturas. En ese debate, incluso chantaje emocional, gana la lucha: “Estamos en las calles para poder mejorar el trato que les damos en el futuro. Si no seguimos con la huelga, todo irá a peor”.

María Álvarez, por su parte, asume que sobrevive más que vive con su salario de educadora infantil, por lo que se vale de la ayuda de sus padres. “Seguir con esta huelga ya es algo heroico. No solo estamos aquí por dinero, sino también por la infancia y para darle voz a aquellos que no la tienen” expresa por teléfono a elDiario.es.

Una Consejería inmóvil

Sobre el inicio de curso, esta educadora en una escuela de Parla dependiente de la Comunidad de Madrid con la gestión privatizada exclama que tanto los pequeños como ellas, las trabajadoras, lo pasarán mal. “Tiene que ser así para poder conseguir lo que reivindicamos. Es pasarlo mal un tiempo corto para poder hacer bien nuestro trabajo de una forma duradera en el futuro”, agrega.

Marín, la portavoz de PLEI, incide en que esto podría no ser así si la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid, con Mercedes Zarzalejo al frente, aceptara una subida de salarios. “Yo creo que ella ni es consciente de lo importante que es este tiempo de acogida en las aulas. Desconoce el sufrimiento que va a producir en familias, infancia y educadoras”, sostiene. Del mismo modo que el resto de compañeras, esta educadora explica que “una criatura no podrá sentirse sostenida, ni va a poder aprender, ni jugar ni relacionarse ni explorar si no se siente segura, y para eso sus personas de referencia debemos poder trabajar con unos medios y condiciones dignas”.

Uno de los grandes logros de las trabajadoras madrileñas ha sido arrancar al Ministerio de Educación un real decreto que servirá para bajar las ratios en las aulas. Sin embargo, la Consejería dirigida por Zarzalejo no ha atendido nunca a sus demandas. “Le hemos mandado comunicaciones por registro para que firmara unas declaraciones que hizo a los medios de comunicación y nunca ha respondido. No creo que ahora, de repente, nos llame para decirnos que aumenta el salario”, reconoce Marín. Esa es su línea roja. Solo levantarán los paros cuando consigan un sueldo digno y acorde a su formación y responsabilidad.

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