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El PP aumenta la presión al Gobierno por Ceuta con la mirada puesta en el 12 de octubre

Feijóo señala Sánchez en la sesión de control del pasado miércoles.

Aitor Riveiro

11 de septiembre de 2026 23:22 h

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“Lo tiene que solucionar antes del 12 de octubre”. El irónico consejo lo verbalizó el pasado lunes ante los periodistas un importante barón autonómico del PP tras la intervención del presidente de Ceuta, Juan José Vivas, en un acto informativo en Madrid. Dentro de un mes, España celebra su Fiesta Nacional, con el habitual desfile militar en el centro de la capital, que estará presidido por Felipe VI, Pedro Sánchez y Margarita Robles. Un escenario habitual para gritos e insultos contra los gobiernos progresistas en el pasado que amenaza con alcanzar este año su máxima intensidad.

Y el PP no dejará de aumentar la presión sobre un Gobierno que, dicen desde su dirección, “está roto” por la gestión de la crisis desatada en la ciudad autónoma con la entrada de decenas de miles de personas desde Marruecos los días 30 y 31 de julio. Aunque ven todavía “lejos” esa fecha del 12 de octubre, son conscientes de la reacción que puede producirse entre los asiduos a este tipo de fastos y tienen la fecha anotada en su calendario en rojo.

Este mismo viernes, el vicesecretario de Hacienda del PP, Juan Bravo, acusó al presidente del Gobierno de “callar” y estar “de rodillas” ante Marruecos, después de un comunicado oficial del país vecino en el que rechaza haber sido partícipe de lo ocurrido en Ceuta. Marruecos apuntó: “Algunos círculos políticos y mediáticos españoles persistan en explotar al Reino con fines políticos internos”.

En el PP se dieron por aludidos. En otro comunicado oficial, el partido de Alberto Núñez Feijóo respondió que Marruecos es “responsable por acción u omisión” de la “invasión” de Ceuta. Pero el primer partido de la oposición ha movido su posición, al limitar dicha “invasión” al 30 de julio, cuando la semana pasada su líder aseguró en el Congreso: “Ceuta no sufrió una crisis migratoria, fue una invasión que continúa”.

Los de Feijóo han percibido desde el primer momento la intensidad de la crisis de Ceuta. Los mensajes de la oposición han ido aumentando su dureza conforme avanzaban los días para ejercer más presión sobre aquellos puntos débiles del Gobierno, y en consonancia con el enfado también creciente de la opinión pública.

Las críticas son inversamente proporcionales a la ayuda que las administraciones gobernadas por el PP y Vox están ofreciendo al Gobierno o a Ceuta. En Génova deciden “cada mañana”, según explicaba este jueves uno de sus dirigentes, qué posición les conviene más para atacar al Ejecutivo, sin prestar excesiva atención a la coherencia de sus mensajes.

Uno de los giros más notables tiene que ver, precisamente, con Marruecos. Al comienzo de la crisis, Feijóo intentó no enfrentarse con un país con el que España está obligada a mantener abiertas y fructíferas relaciones diplomáticas. Tanto por interés nacional como europeo. El líder del PP aseguró en agosto que él no iba a exigir “responsabilidades” a Marruecos, y atacó a Pedro Sánchez porque en 2018 no hizo su primer viaje oficial al país vecino.

Un mes después, el líder de la oposición señaló expresamente al país de Mohamed VI como actor indispensable de la “invasión” del 30 y 31 de julio. “La invasión se produjo porque 80.000 personas el día de la Fiesta del Trono, celebrada en Tetuán a 25 kilómetros, y pese a las estrictas medidas de seguridad, se dirigieron a la frontera y la superaron sin que su Gobierno ni Marruecos hiciera nada para impedirlo”, aseguró durante su réplica a las explicaciones que dio Sánchez en el Congreso. 

“Pánico” al 12-O

Pese al giro con Marruecos, Feijóo mantiene la presión total sobre el Gobierno, y quiere controlar él mismo toda la comunicación del partido. La idea es evitar, precisamente, que las declaraciones de barones o dirigentes puedan desviar la atención del foco, que quieren centrar en la gestión de la crisis y en la supuesta quiebra interna en el Ejecutivo.

En la dirección del PP no están dispuestos, por ejemplo, a que Isabel Díaz Ayuso vaya por libre y diga que si ella fuera “presidenta”, ya habría “roto relaciones con Marruecos”, mientras Feijóo sostiene, aun este viernes, que tiene “la voluntad de mantener una relación leal y estable con el Reino de Marruecos”.

Los focos del PP deben apuntar al Gobierno, sin desviarse. Y la imagen del rey, el presidente y la ministra de Defensa juntos en la tribuna de autoridades ese 12 de octubre llegará a caballo de las contradicciones públicas que hay entre el departamento de Robles y el Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska a cuenta de los avisos que llegaron, o no, de los servicios de inteligencia sobre lo que iba a ocurrir en Ceuta.

En este contexto, la Casa del Rey publicó en sus redes sociales una fotografía nada habitual: Felipe VI, vestido de uniforme, siendo informado por Robles y la plana mayor de las Fuerzas Armadas sobre “la situación en Ceuta desde el punto de vista de la defensa”.

“Le tiene miedo, pánico” al día del desfile, sostiene un barón autonómico, convencido de que si la crisis en Ceuta no se desvanece en las próximas cuatro semanas, la reacción de las personas que asistan al evento, donde los políticos de izquierdas son sistemáticamente abucheados, será más dura que nunca.

En el PP están convencidos de que el Gobierno acabará ante los tribunales por lo ocurrido en Ceuta. Marlaska lo dan por hecho. Y suspiran incluso con la investigación que la jueza María Tardón ha puesto en marcha en la Audiencia Nacional alcance al propio presidente del Gobierno.

Pase o no pase, el PP ha pedido personarse en la causa como acusación popular a lomos de los gritos que cientos de miles de personas profirieron en toda España durante las concentraciones del pasado 2 de septiembre, convocadas por Feijóo bajo el subterfugio de la Federación de Municipios y Provincias.

Al habitual “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!” se sumó un “¡Pedro Sánchez, a prisión!” o “¡Sánchez, traidor!”, y otros gritos que denotan un importante aumento de la rabia en parte de la población. Una acusación, la de traición, que este jueves hizo suya Ayuso durante el debate sobre el estado de la región, para descontento de la dirección nacional del PP.

Durante las concentraciones hubo agresiones a periodistas y cargas policiales en las inmediaciones del Congreso. Pero, lejos de rebajar su agresividad verbal, el PP no ha hecho más que subirla.

Juan Bravo, tras sus declaraciones sobre Sánchez, acusó además al Gobierno de dejar “solo” a Juan Vivas en su reciente viaje a Bruselas para reunirse con cargos de la Unión Europea. Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores afirman a elDiario.es que intentaron durante “tres días” reunirse en la capital comunitaria con el presidente sin obtener respuesta. “Nos dio largas y nos parece extraño”, sostienen esas fuentes.

En su visita a Madrid el pasado lunes, Vivas estuvo arropado por todo el PP, que ha hecho de la supuesta soledad del presidente ceutí una poderosa arma política. Vivas ha conseguido aunar en su persona todas las críticas y miedos que los habitantes de la ciudad autónoma han sentido y expresado desde la entrada masiva de julio.

No soltar a la presa

En el Gobierno estaban convencidos de que la crisis migratoria y humanitaria de Ceuta se autodisolvería con el final de las vacaciones y la vuelta a la rutina de los españoles, pero la realidad se ha impuesto y la cuestión no dejan de escalar para un Ejecutivo en el que se dan versiones a veces contradictorias sobre lo ocurrido antes, durante y después del salto masivo.

Para intentar cerrar esa vía de agua, el Gobierno desclasificó y publicó 40 documentos de diferentes organismos para intentar apuntalar la tesis de que no recibieron avisos suficientes en los días previos que permitiera reforzar la frontera. Los informes no han permitido que escampe la tormenta. De hecho, este mismo viernes dimitió un alto cargo de la Delegación del Gobierno en Ceuta. En su carta de renuncia asegura que sí se trasladaron avisos a los ministerios.

La realidad es que la crisis permanece, y ha dado argumentos a la oposición para arremeter con más fuerza contra el Gobierno. Pero no solo. Las críticas han llegado también tanto desde Sumar (parte minoritaria del Ejecutivo y con poco papel en la gestión más allá de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego), como desde los aliados parlamentarios. Los más fieles y los más esquivos. Y el PP no va a dejar pasar la oportunidad.

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