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Madres VIVA condena el asesinato de un menor en Arona a manos de su padre y el intento de feminicidio

Madres VIVA ha condenado este viernes el asesinato de un menor en Arona a manos de su padre y el intento de feminicidio. “Es un asesinato violento que viola el derecho a vivir y a crecer en un ambiente de afecto y seguridad, moral y material, al que cualquier menor tiene derecho; a estar protegido. Su madre, herida de gravedad, tenía derecho a ser escuchada, acompañada y cuidada”, afirma el colectivo.

“Como colectivo, mandamos nuestro pésame sincero a la familia; a la madre, la abrazamos con todo nuestro cariño en el dolor terrible por la pérdida de su niño y le deseamos que mejore la gravedad de sus heridas corporales. Como mujeres víctimas de violencia vicaria e institucional, nos ponemos a su disposición para brindarle el apoyo moral que pueda necesitar. Nuestros deseos de mejora también para el agente de la Guardia Civil herido”, destaca en un comunicado Madres VIVA.

El colectivo se pregunta ¿de qué sirve tener leyes? Las de violencia de género, la de protección integral a la infancia y adolescencia. La realidad golpea de nuevo en algo que las madres protectoras llevamos años repitiendo: “No se están aplicando correctamente. Está fallando la prevención, la detección, la atención rápida que requieren los casos de violencia machista y maltrato infantil. No se está protegiendo a nuestros niños . Se invoca el cacareado ‘interés superior del menor’ pero en la práctica, priman los derechos del progenitor violento, el paterfamilias”, resume.

Asimismo, exige a gobiernos y responsables de Infancia, Justicia, Igualdad, Sanidad, Educación y Servicios Sociales ‘que trabajen con más urgencia y velocidad: los procedimientos son muy lentos; la burocracia, muy fría. El sistema de atención tiene demasiadas grietas por las que se cuela la violencia hacia nosotras y nuestra/os niña/os“.

Y añade que faltan recursos económicos, formación especializada en las y los profesionales que atienden a madres y menores para poder detectar rápidamente que un/a menor está sufriendo violencia. “Necesitamos más prevención, más acompañamiento, que se nos deje de juzgar, que se crea lo que contamos cuando intentamos proteger a nuestros hijos de la violencia. Que nos ofrezcan medidas y acciones concretas para reparar el daño que la violencia causa en su salud, su rendimiento académico y sus vidas”.

“Debajo de autolesiones, suicidios y tentativas de, lo que hay muchas veces es violencia machista y/o maltrato infantil. Con el bullying ya lo vemos, ¿por qué con la violencia vicaria no? Necesitamos también más comunicación y solidaridad social: es vital que toda persona actúe y alerte a policía o guardia civil ante el más mínimo indicio o sospecha de violencia”, agrega.

“De nuevo, a todas las madres, y especialmente a las que intentamos proteger a nuestros hijos de la violencia de sus progenitores, nos duele el alma. Además de tristeza, sentimos mucha rabia e impotencia. Porque hoy todos los medios se hacen eco de lo sucedido, pero en unos días, como sociedad se nos olvidará. Y las instituciones convocan minuto de silencio, sí, pero ¿nos acompañarán y sostendrán ante el largo proceso de duelo que habremos de hacer para integrar algo tan terrible como vivir sin nuestros pequeños? Como vivir cada día sintiendo la impotencia de no poder protegerles, de saber que les están atacando, incluso con agresiones sexuales, recogidas en informes técnicos, que no son tenidos en cuenta por unas juezas y jueces que nos obligan por sentencia a dejarles en manos de sus verdugos”, señala Madres VIVA.

En este caso, recuerda el colectivo que no había denuncias previas, la madre no era atendida en ningún sistema de protección, el agresor no tenía antecedentes penales. “Pero de eso no hay que deducir que no hubiera violencia y miedo. La violencia no empieza con golpes, sino con control, miedo, aislamiento y manipulación”, agrega.

“El miedo impide la claridad mental y la fuerza moral necesaria para atreverse a denunciar o ir a contar lo que estamos viviendo. Muchas mujeres no denuncian porque no se sienten protegidas”, insiste.

“No es justo pedir a las víctimas que den el paso si el sistema no les garantiza que, al hacerlo, estarán seguras. Como sociedad, no podemos seguir preguntando por qué las asesinadas no denunciaron. Pregúntense si quienes deberían creerlas y protegerlas -Servicios Sociales, centros de salud, juzgados, directiva de centros educativos- lo hacen”, añade.