Que tu pareja te fuerce a alisarte el pelo o tener miedo a no ser creída: las violencias machistas contra las mujeres negras
Denunciar violencia machista y que no te crean o incluso te deporten, que no te alquilen una vivienda “por perfil”, cargar con el estereotipo de tener que ser una mujer “resiliente” o que te hipersexualicen constantemente. Estas son solo algunas de las violencias que sufren las mujeres negras en España. El racismo y la misoginia se entrelazan en las violencias machistas que se ejercen contra ellas tanto en el ámbito privado como en el público, pasando por el institucional y también el mediático. Así lo refleja un estudio pionero elaborado por la organización andaluza Biznegra: Voces, cuerpos y fronteras: Misogynoir como factor determinante de la violencia machista a mujeres negras en España.
Que en España prevalezca la “invisibilización del racismo” tiene “consecuencias directas” para las mujeres negras, que sufren en la sombra un “entramado de violencia cotidiano” que atraviesa todos los ámbitos de sus vidas y las empuja en muchos casos a la precariedad laboral y de vivienda. “Todo va ligado. Además de ser una mujer negra, hay que tener en cuenta el estatus migratorio de cada una. Las que no tienen un estatus administrativo regular o no tienen un DNI tienen más dificultades para alquilar o adquirir una vivienda”, ejemplifica Rosalía Umabano Upunque, una de las investigadoras.
La politóloga insiste en que en España no se recogen datos sobre la población negra ni sobre las violencias que sufren. “Si no se recogen, no se reconocen, y si no se reconocen, no existen”, advierte. En la práctica, esto se traduce en falta de recursos y de soluciones para erradicar estas violencias o, “al menos, reducirlas”.
La trabajadora social Iliassou Olalla Benjumea destaca que hay cuestiones que no se tienen en cuenta y que afectan específicamente a las mujeres negras. “Que tu pareja te fuerce a alisarte el pelo es una experiencia que tienen las mujeres negras concretamente, pero eso no se va a leer como un indicador de violencia machista porque no está dentro del radar”. Por ello, incide en la importancia de tener en cuenta la perspectiva racial, la perspectiva migrante y en realizar trabajo con las comunidades negras. “Sabemos que el trabajo comunitario es importante y fortalece los tejidos comunitarios”, recalca.
Asimismo, añade que hay una cuestión también importante y es que “la credibilidad que nosotras tenemos depende de dónde sea nuestro agresor”, de la nacionalidad, “es que si es blanco pues o van a pensar que soy prostituta o van a empezar a pensar que si hay un tema de trata”, agrega.
El miedo a no ser creídas
“No denunciamos porque no consideramos que nos vayan a creer, que nos vayan a tomar en serio”, afirmó una de las mujeres entrevistadas para este estudio. Los estereotipos y prejuicios sobre ellas son unas de las principales barreras que encuentran las mujeres negras que quieren denunciar violencia. “Existe desconfianza respecto a los cuerpos de seguridad. Si le pasa a las mujeres que son blancas y españolas, qué va a ser de nosotras”, apunta Umabano.
En el caso de las mujeres en situación administrativa irregular, se suma el temor a la deportación. “Legalmente, si vas a denunciar, no te pueden deportar, pero la teoría es una cosa y la práctica es otra”, añade la investigadora, que pone como ejemplo a las trabajadoras del campo español que sufren abusos por parte de sus patrones cuando “trabajan en b”.
Iiassou Olalla Benjumea agrega que en muchas experiencias de la violencia machista de las mujeres negras se genera una sensación de que no te van a creer no solamente las instituciones, “sino en tu propia comunidad, porque se te ve como una traidora”. El estudio, de hecho, incide en que la violencia de género en España es reconocida como un problema de Estado, pero las estadísticas de feminicidios muestran una realidad cruda: las mujeres migrantes están drásticamente sobrerrepresentadas. Entre 2003 y 2021, representaron el 31,3% de las víctimas de feminicidio.
A la hora de denunciar violencia sexual, las mujeres negras narran que se les fetichiza sexualmente, se les exotiza e hipersexualiza. “Por ejemplo, hombres que asumen que estarán siempre disponibles sexualmente o que practican ciertos comportamientos debido a su origen. Este estereotipo sexual no solo las hace más vulnerables a agresiones (abusos, acoso, trata sexual), sino que además contamina la respuesta institucional: por ejemplo, las perciben bajo el prejuicio de la prostitución”, detalla el estudio.
El análisis de Biznegra relata que en Canarias muchas mujeres negras sienten que automáticamente se cuestiona su presencia en ciertos lugares, “insinuando que están allí para trabajar sexualmente”. “Hay un perjuicio social de que las mujeres negras somos casi todas prostitutas, que somos un objeto sexual. Nos hacen sentir que la situación nos la hemos buscado o la hemos tergiversado”, apunta Rosalía Umabano.
Iiassou Olalla Benjumea añade sobre este punto que no es que simplemente se las fetichice, sino que se las fetichice de manera muy temprana; “esto es muy importante, es decir, las niñas negras crecemos siendo adultificadas. Por ello pone el foco en el acoso sexual a menores que es ”especialmente es flagrante“.
Otra cuestión sobre las violencias machistas que sufren las mujeres negras son aquellas que ocurren en los espacios públicos como han denunciado las entrevistadas en Canarias. Ellas describen un racismo cotidiano muy marcado en la vida diaria: “microagresiones constantes en guaguas, centros de salud, comercios, espacios públicos, así como chistes y comentarios racistas y sexistas que normalizan la falta de respeto . ”Las consecuencias son graves: refuerzan la idea de que no existe un “espacio seguro” al que acudir“, apunta la investigación.
Para combatir estas violencias, es clave la formación no solo a la población en general, sino también a todos los profesionales que intervienen en estos procesos: agentes policiales, juristas, psicólogas, etc. Otro reto es la participación de las mujeres negras en la elaboración de las políticas. “Gracias a dios tenemos a una diputada afrodescendiente en el Congreso y hemos tenido importantes cargos en el Ministerio de Igualdad, pero no nos vale con estar ahí, sino que se nos tenga en cuenta a nosotras y a nuestras propuestas”, asevera Umabano.
El trauma racial
Las violencias machistas contra las mujeres negras, así como la discriminación institucional y cotidiana, generan un “estrés psicosocial constante” entre ellas y pueden provocar lo que se conoce como “trauma racial”. A esto se suman que la fortaleza en las mujeres negras “se interpreta casi como un requisito”. “Se les exige aguantar y, cuando lo consiguen, se les felicita por ser fuertes”, volviendo esa supuesta virtud en un arma de doble filo, matiza el estudio. De hecho, Iiassou Olalla Benjumea apunta que “se romantiza la violencia de las mujeres negras” como una mujer que lo soporta todo
“Llegamos al punto de aprender a vivir con ello. Imagínate que estás cargando con esta situación desde que sales de tu casa hasta que vuelves a ella. Como persona negra, distingues entre lo que puedes hacer y lo que no para evitar malos entendidos, confusiones o problemas de cualquier tipo”, lamenta Umabano.
“Yo, por ejemplo, por muy grande o pequeño que sea un supermercado, procuro dejar el bolso en la caja o en la taquilla, para así evitar que te pidan registrarlo después por los estereotipos que hay sobre las personas negras”, afirma la investigadora. “Al final es un trauma que vas generando dentro de la comunidad negra, porque aprendes a vivir con ello directamente porque forma parte de tu día a día”, añade.
Esto ocurre desde la infancia. “Las niñas negras no sienten que sean unas niñas sin más. Llega un punto en el que te das cuenta de que sufres vivencias y prefieres evitar determinadas situaciones”, señala la politóloga. “A los niños negros se les suele adultificar mucho más. Puedes tener 11 o 12 años, que no tienes la obligación de llevar el DNI encima, pero tus padres te obligan a llevarlo por si los agentes te paran en la calle”, critica.
Los puntos ciegos de las leyes
El estudio habla de un conjunto de comunidades entre ellas Canarias, Galicia, Aragón, Madrid, Murcia y, en gran medida, Castilla-La Mancha en su ley de violencia– donde la diversidad étnico-racial y la situación migratoria prácticamente no aparecen en la normativa específica sobre violencia de género. Las leyes suelen hablar de “mujeres en situación de especial vulnerabilidad” sin desagregar a qué colectivos se refieren, o directamente omiten cualquier alusión a raza, etnia o migración.
Las investigadoras inciden en que el enfoque sigue siendo monocultural: el sujeto “mujer” se construye como una categoría aparentemente neutra, pero en la práctica alineada con la figura de la mujer blanca, autóctona y castellanohablante. No obstante, sí existe ya un conjunto de leyes autonómicas que incorporan, en distinto grado, interseccionalidad, discriminación múltiple y menciones específicas a mujeres migrantes y de minorías, pero la “cobertura es desigual y genera una geografía de derechos fragmentada para las mujeres negras y racializadas según el lugar donde viven”. Entre ellas no aparece Canarias, por ejemplo.
Pese a los avances legislativos de algunas comunidades, la trabajadora social apunta que una de las legislaciones más avanzadas sobre el papel de la interseccionalidad es Catalunya, sin embargo, “es una de las comunidades que tiene más disparidad con la realidad de las mujeres”. En este punto, destaca que de las mujeres entrevistadas ninguna sabía qué recursos eran los que tenían disponibles, a dónde tenían que acudir, no se sentían defendidas por las instituciones.
Muchas entrevistadas sienten que están “totalmente vulnerables, desprotegidas” frente a la violencia machista- Un indicador claro de esta desprotección es el desconocimiento de recursos especializados. “La gran mayoría de mujeres entrevistadas solo identifica como recurso de emergencia el teléfono 112 o, en su caso, la policía, pero hay un gran vacío de información sobre servicios específicos de violencia machista disponibles”. Asimismo, las participantes afirman que, en general, los recursos institucionales no están adaptados cultural ni lingüísticamente a la realidad de las mujeres negras.