El viento daña el faro de Puerto de la Cruz y obliga a usar la luz de emergencia para sorpresa y molestias de los vecinos

No deja de ser anecdótico, pero, durante un mes, numerosos vecinos de la parte más neurálgica de Puerto de la Cruz, la del muelle pesquero, plaza del Charco y alrededores, se han preguntado por el cambio que se había producido en el faro de la ciudad, ubicado en la célebre explanada, la que ha servido durante decenios de alivio salvador para que los muchos residentes y más visitantes puedan aparcar. Desde las últimas Navidades hasta el pasado jueves, las luces del faro han estado iluminando con gran intensidad buena parte de este enclave porque, en realidad, no eran las habituales, las empleadas durante decenios y decenios, sino las de emergencias, debido a que el fuerte viento de diciembre dañó las que se usan en circunstancias normales.

Durante semanas, esta situación ha llamado la atención de muchos vecinos que nunca antes habían sido testigos de unos fogonazos tan potentes y penetrantes en los pisos, sobre todo a partir de los terceros y cuartos. La cosa fue la comidilla porque no se sabía muy bien la razón del cambio, trasladando parte de estas quejas a Canarias Ahora. 

El faro pertenece a la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. Este periódico contactó con su presidente, Pedro Suárez, el pasado 22 de enero, cuando persistía la situación, pero desconocía los hechos. En la mañana de este martes, sin embargo, ya pudo explicar que se trata de una pieza dañada por el viento, pero difícil de hallar y reemplazar, por lo que siguen a la espera hasta que la consigan fuera. No obstante, y como medida provisional, desde el pasado jueves se ha colocado una pantalla para evitar que la luz irradie directamente de forma tan potente en muchos de los edificios del casco, con lo que se espera solucionar, al menos de momento, la situación mientras llega la pieza original para sustituir la dañada.

Durante un mes, los edificios situados justo detrás de la Casa de la Aduana, de la playa del muelle pesquero y de la célebre zona de La Ranilla han sufrido un constante fogonazo de luz que, en algunos casos y por lo relatado a este medio por algunos afectados, han dificultado el sueño y molestado, aparte de llamar la atención a otros residentes y turistas cuando llegaba la noche y se veía desde muy lejos una luz inhabitual, de gran potencia y en constante círculo.