Chicho, el socorrista de playa más veterano de Canarias, afronta su jubilación en plena forma a sus 64 años

Su mítica melena rubia se paseó por los campos de fútbol de Tercera a finales de los 70 y principios de los 80 con el Orotava, lo hizo luego en la Segunda sueca y volvió para jugar en el Puerto Cruz y Cruz Santa, pero su figura, propia de un atleta heleno de hace 24 siglos, es ya legendaria en la playa orotavense de El Bollullo, donde ha vivido todo tipo de vicisitudes, se convirtió en referente del salvamento marítimo isleño y ha visto con preocupación cómo aumentan los ahogamientos.

Sí, es otro de esos personajes orotavenses marcadores, de la Villa Arriba, característicos, más que conocidos… Como Carmen La del Carrito, recientemente homenajeada en este periódico, como el desaparecido Jalisco y sus riqui racas con el San Isidro de baloncesto o la UD Orotava de fútbol, como el recuperadísimo (qué bien) Plácido, como el malogrado Pepe “El Venado” y su legendario y cerrado pub La Añepa, incluso como el Tarzán villero, David Carpenter (Domingo Codesido Ascanio)… Como tantos… Nombrar a Chicho El New en La Orotava es, como se suele decir, mentar palabras mayores, un recuerdo bonito instantáneo, un referente para generaciones y generaciones. 

Entre otras muchas cosas, y aparte de nueve años en la banda de música local tocando la trompa, Chicho fue un polivalente jugador de fútbol (extremo, lateral, interior y, finalmente, contundente central), de gran potencia y físico, casi ambidiestro, pero no precisamente torpe (al contrario), que destacó de joven en el Orotava en aquella Tercera División canaria de sus primeras temporadas. Había varios Chichos en la plantilla y, por eso y porque venía del juvenil como gran promesa, Socas lo perpetuó como El New, El Nuevo –y lo era hasta por sus pintas y su visión, para siempre, progresista, propia de aquellos años de despertar democrático y de jóvenes alternativos-. En muchos casos ni lo llaman Chicho, sino simplemente El New.

Porque se enamoró –hasta hoy- de una sueca tan rubia como él (Eva, con la que tiene dos hijas ya treintañeras y dos nietos también futbolistas, ahora en el Longuera tras pasar por el Florida), acabó yéndose al frío nórdico en los 80 y jugando en la Segunda División de Suecia cuatro años, en el Enskede IK (del centro de Estocolmo). Al volver, fichó por el Puerto Cruz en la misma categoría de sus inicios y acabó colgando las botas en el Cruz Santa de Preferente, aunque hoy sigue dejando a más de uno en evidencia por joven y bueno que sea. 

Sin embargo, si algo es Chicho, aparte de un bonachón (aunque, eso sí, con criterio y personalidad sobrantes, que se pone en su sitio desde que lo cree necesario en cualquier momento), aparte de eso, de buena gente, a poco que se hable con él (reticente a estos tributos, por cierto) pese a su físico imponente a sus 64 años (quién llegase así…), es, sin duda y antes que otras cosas, una cara, un rostro, una melena, un cuerpazo y una persona ligada desde hace 35 años a una de las mejores playas de Canarias: la orotavense de El Bollullo. Ahí ha ejercido de socorrista desde 1991, cuando prácticamente esta figura no estaba en casi ninguna cala o charco isleños, por peligrosos que fueran, sobre todo en las vertientes norteñas.

Desde entonces, y manteniendo un estado de forma más que envidiable, como si no pasara el tiempo por él, Chicho ha visto cómo se ha ido profesionalizando su actividad; cómo se ha ido prestando cada vez más atención a esta labor clave, y más en una región tan turística; cómo han ido creándose equipos de socorristas en zonas como Playa Jardín (Puerto de la Cruz) y otros municipios con gran oferta; cómo han proliferado los cursos o cómo se han ido incorporando jóvenes de Cruz Roja que acaban o no con su misma formación y grado.

Más ahogamientos pese al aumento de socorristas en las Islas

Chicho también ha visto cómo ha ido aumentando, paradójica y lamentablemente, el número de ahogados en el Archipiélago, incluso en playas cada vez más protegidas, con señales, socorristas y múltiples medidas. Según señala a Canarias Ahora, “el problema ahora es que están viniendo turistas de toda Europa, sobre todo del centro y este, que no hacen caso, que son muy temerarios. A los alemanes, antes les mencionabas a la Policía y te hacían caso, pero ahora no, sobre todo con los jóvenes”. Otro problema que ve es que, con las nuevas tecnologías, con los mapas por internet, llegan a charcos o zonas de mar que antes eran impensables y simplemente no hay seguridad y hacen tropelías más que arriesgadas que muchas veces acaban mal. Además, y porque tiene claro que el cambio climático está afectando, ha constatado cómo ha ido subiendo el nivel del mar, sobre todo en playas como la pequeña de El Bollulo (en realidad, son dos). 

Por supuesto, con 35 años de experiencia no sólo presume de ser el más veterano y longevo de estos profesionales (el Ayuntamiento orotavense fue pionero en esto, aunque nunca se ha planteado algo igual para las playas de Los Patos, El Pozo y El Ancón-Santa Ana), sino que ha vivido de todo: situaciones variopintas (peligrosas, dramáticas, graciosas…), miles de anécdotas en la negra y caliente arena de El Bollullo cuando pica el sol con fuerza (con infinidad de turistas que se queman las plantas de los pies porque piensan que, al ser negra, resulta más llevadera) y momentos también preciosos, como cuando, por su idea, impulso e iniciativa (junto a asiduos de la cala como Pedro Luis o el antiguo camarero responsable del chiringuito, Toño), asentaron la tradición de procesionar y embarcar la pequeña imagen de la virgen del Carmen situada en una no menos diminuta ermita en la escalera que accede a la playa.

Chicho es de los que lleva décadas advirtiendo sobre los problemas con los ahogamientos en Canarias. Y es que su experiencia en El Bollullo, una de las playas más bellas pero, a la vez, peligrosas de Tenerife, le ha curtido y sabe leer enseguida los riesgos y hasta los perfiles de las personas que se acercan al agua. De hecho, esto último resulta especialmente importante en esta cala orotavense, dado el gran número de turistas que llegan caminando, en coches de alquiler o taxis desde los hoteles del Puerto de la Cruz (sobre todo ahora, en otoño, invierno y primavera, cuando el mar empeora: en esta Semana Santa se repetirá), aparte de asiduos locales o visitantes de otras zonas de la Isla. Por supuesto, y por desgracia, ha vivido momentos duros, con salvamentos difíciles “en los que se me han puesto en la garganta”, recordando especialmente el de una turista “a la que salvé junto al roque famoso y que, luego, cada vez que viene me trae una caja de dulces”.

Significativamente, no estuvo en El Bollullo los días de los últimos tres ahogamientos (a él no se le ha muerto nadie) porque le tocaban vacaciones o tenía la baja. El más grave se dio el 17 de octubre de 2017 (no lo puede olvidar, aunque estuviese ese día en su casa), cuando dos jóvenes alemanes de unos 30 años fallecieron, con otro que sí fue rescatado por Pedro (trabajador entonces del chiringuito). Tampoco estuvo el día que murió otro turista por parada cardiorrespiratoria en 2024 mientras se bañaba. Por supuesto, muchos más han sido los salvados y en la mayoría de casos ha intervenido Chicho.

Sobre esto, él siempre ha sido tajante: considera que la clave está en la prevención, en que los bañistas hagan caso de las banderas, el resto de señales, carteles y, sobre todo, de las advertencias e indicaciones de los socorristas. Y, aunque es de los que no paran con el pito y se ha expuesto en los salvamientos, también ha tenido claro siempre que, cuando se producen imprudencias de las grandes, con el mar absolutamente pasado, los socorristas o las personas que intentan salvar al apurado no pueden ser temerarios y hay que hacer todo lo posible por ayudarle desde tierra, aparte de que intervengan los helicópteros y demás, pero nunca ampliar los riesgos y posibles víctimas de cualquier contingencia. “A los chicos que comienzan siempre les digo que en esto hay que tener cuatro ojos: mirar para todos lados porque la gente viene a divertirse y no puedes despistarte de ningún metro, y más porque aquí hay una segunda playa más pequeña tapada por un cabo. Además, muchas veces es más peligroso lo que intentan hacer en tierra, pasando por rocas con posibles desprendimientos para sacarse fotos donde rompe el mar, como en La Tumbona (zona de charcos hacia la playa de callaos llamada San Juan)”.

“A mí me enseñaron que el mejor socorrista del mundo es el que casi no tiene que meterse a salvar a nadie, al que le vale con la prevención y las señales. Los chicos nuevos me dicen a veces que se aburren y que quieren lanzarse a salvar a alguien y siempre les digo que eso es lo último que deben desear y lo último que ojalá les pase”, reflexiona.

En este sentido, y eso sí, se congratula de la evolución que ha vivido el gremio de los socorristas en las Islas, la creciente (aunque seguramente insuficiente) concienciación de las administraciones (él mismo ha visto cómo aumentaba el personal de salvamento en El Bollullo, sobre todo con jóvenes de Cruz Roja) y el incremento en general de la formación. 

Un tiburón por la bahía y una tradición que parte de una idea suya

Entre las anécdotas, siempre recuerda el día que a un tiburón de ciertas dimensiones le dio por darse unas vueltas por la bahía de la playa de forma visible desde la arena (algo bastante inhabitual, aunque sin mayores incidencias), o cómo cuajó en los primeros años (en la década de los 2000) la tradición de la embarcación (muchas veces sólo paseo, por las malas mareas) de la pequeña imagen de la virgen del Carmen que parte de una idea del propio Chicho.  

A un año de jubilarse (quería hacerlo en 2025, pero le advirtieron de que su pensión se habría achicado de forma considerable), la imponente figura de Chicho con su pantalón corto (normalmente rojo) sigue presente en una playa de la que ya casi forma parte como si fuera un elemento más de cualquier postal (y seguirá viniendo “a echarme el bañito” una vez se jubile, según recalca). 

Además, su forma física le hace muchas veces bajar caminando desde la Villa Arriba orotavense hasta el Puerto de la Cruz, pasear luego por la costa cruzando el barranco que separa a ambos municipios (el de La Arena) y hasta subiendo luego de nuevo a la calle Centella porque ese día le dio por no coger el coche. Asimismo, su necesidad de mar y sol hace que incluso en muchos de sus días de libranza se le vea disfrutar de la sal oceánica en el muelle portuense o en otros puntos costeros, aunque tampoco debe sorprender mucho viéndolo sufrir (y también disfrutar) con cualquier partido de su adorado Atlético de Madrid en algún bar de la Villa Arriba, en La Candelaria del Lomo, La Cruz del Teide, La Piedad... Sin duda, otro personaje orotavense de los buenos y que dejan huella.