Estabilidad o barbarie
Un fantasma recorre las redes sociales y los medios de comunicación. O mejor dicho, muchos fantasmas. Porque hemos hecho del fantochismo y la estulticia algo digno de ser tenido en consideración, hasta el punto de darle preeminencia sobre la razón y el pervertidísimo sentido común (bien dice el refranero que es este el menos común de los sentidos). Todo ello en primera plana y en prime time, con su posterior eco en redes sociales. ¿Desde cuándo la democracia implica aceptar como algo legítimo la mezquindad, la temeridad y la falsedad? Que sean cualidades humanas no las hace válidas ni mucho menos algo deseable. Sin embargo aquí estamos, en un todo vale que ya hace tiempo que pagamos muy caro. Y lo que te rondaré, morena.
La queja no es únicamente mía. Constantemente me llegan correos y publicaciones donde, afortunadamente, cada vez más personas ponen en cuestión este ensalzamiento de la estupidez. Ojo, que ser tonto, quiero pensar, no es algo que se elija, pero tampoco es algo que haya que favorecer aposta. Hace no tanto ser idiota, mentiroso, o fascista, entre otras lindezas, era motivo de vergüenza. Ahora equivale a tener pase vip a un micrófono, una pluma o una cámara donde, sin cuestionamiento alguno, se sueltan auténticos disparates. De ahí ha sido sencillo hacernos pasar a la falta de certezas, a la aceptación sin preguntas, a la reactividad sin razonamiento. La desgracia y la injusticia llegan a parecer no sólo tolerables sino inevitables. Lo falso, ya hablemos de charlatanes sin escrúpulos, ya de imágenes hechas con IA, cotiza por encima de lo humano.
Los ejemplos son abundantes y diarios. Algunos, en un primer momento, dan hasta risa. Es imposible no partirse la caja cuando te enteras de que, ante una crisis sanitaria de importancia mundial, un presidente del PP pretende contradecir las indicaciones de la OMS mandándoles un pantallazo de su consulta a ChatGPT. Tras la carcajada, das las gracias porque esta persona no tenga realmente ni voz ni voto en todo esto. Como las dimos, no lo olvidemos, porque no fueran los de este partido ni otros afines quienes gestionaran la pandemia de COVID. Porque sabemos con certeza que, de haber sido el caso, llevaríamos a nuestras espaldas muchísimas más desgracias, muchísimos más muertos.
Tal y como los contamos en Andalucía una vez hecho el balance de dos legislaturas del Partido Popular, que nos ha regalado un aumento sin precedentes de fallecidos por cáncer. Una subida que, a pesar de lo que niegue Moreno Bonilla, coincide con la progresiva privatización de nuestra Sanidad pública por parte de su gobierno. Pero ni él ni nadie de su gabinete nos dirá las cosas como son. Porque ellos no son de los que se arremangan y curran, ni de los que se interesan por las personas para las que se supone gobiernan (aunque las tengan a las puertas exigiendo explicaciones), sino de los que hacen el paripé y sueltan venenosos embustes por televisión. Juegan a equiparar sus mentiras con nuestra verdad, y ese juego, andaluzas y andaluces, nos cuesta la vida.
Si esos sondeos que le dan la victoria a las derechas se cumplen, la única estabilidad que podemos esperar es la que ya conocemos: la desigualdad. Seguramente no haya una opción ideal, a medida según las necesidades y circunstancias individuales. Pero sé que no somos tan idiotas como para creer que eso es lo mismo que no tener opciones
No podemos aceptar esto. No vivimos en una jungla en la que impera la ley del más fuerte. Tenemos códigos civiles y morales, implantados con mucho sudor, sangre y lágrimas de quienes nos antecedieron. Personas que sabían que era posible (siempre lo es) una sociedad mejor. Tenemos concepciones compartidas sobre el bien y el mal, que por discutibles o mediadas que puedan estar, nos unen más que separarnos. Sabemos de sobra que lo legal y lo legítimo no siempre es lo más noble, lo correcto o tan siquiera lo bueno. No hace falta explicar que engañar, robar, empobrecer, especular y matar está mal. Lo sabemos, no por inspiración divina, sino por nuestra experiencia vital y nuestro sentido de comunidad. Así como sabemos que todo lo que merece la pena, todo lo que hace mejor este mundo, se ha peleado.
Tenemos encima unas elecciones que son decisivas. Todas lo son, pero estas suponen un punto de inflexión: decidirán si se quiebran, quizá para siempre, nuestros derechos fundamentales. Culminar la privatización de todo lo que nos hace mejores y dábamos por hecho: nuestra Educación, nuestra Sanidad, nuestros hogares, nuestro porvenir, … Los sondeos que veo provocan miedo y desesperanza. Hacen pensar que nuestra voluntad de vivir bien y en paz es insignificante, que la fuerza de nuestro voto es banal, que no hay opción real de cambiar nada porque si hemos desayunado y comido injusticias, sólo podemos esperar cenar lo mismo.
Sin embargo, una cosa tengo clara. Si esos sondeos que le dan la victoria a las derechas se cumplen, la única estabilidad que podemos esperar es la que ya conocemos: la desigualdad. Seguramente no haya una opción ideal, a medida según las necesidades y circunstancias individuales. Pero sé que no somos tan idiotas como para creer que eso es lo mismo que no tener opciones. Por eso, andaluces que leéis esto, os emplazo a votar (ahora y todas las próximas veces) no pensando sólo en lo mejor para cada cual, sino, sobre todo, en mejorar el mundo. Hagamos de nuestra tierra un lugar donde no se tolere la falsedad ni la degeneración. En nuestra manos está alcanzar la más bella de las máximas: una Andalucía acogedora, sabia, sana, viva, libre.
Sobre este blog
ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/
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