El Niño se intensifica: ¿cómo puede afectar a Canarias este otoño?
Atrás quedó ya la idea de que el cambio climático era un fenómeno propio del siglo XX. Desde hace años, Canarias viene sufriendo sus consecuencias, cada vez más evidentes y especialmente intensas este verano. Ahora, el escenario podría complicarse aún más con la llegada de un nuevo episodio de El Niño, un fenómeno natural de interacción entre el océano y la atmósfera que se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico.
El nombre de El Niño nació precisamente de una observación de los pescadores de este océano. Cerca del día de Navidad, una corriente de aguas más cálidas de lo habitual aparecía frente a sus costas y provocaba un descenso de las capturas. La coincidencia con estas fechas llevó a los pescadores a bautizar el fenómeno en referencia al Niño Jesús.
Pero detrás de este nombre se esconde un complejo mecanismo climático. El Niño y La Niña son las dos fases principales del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón que modifica la temperatura de las aguas del Pacífico central y oriental y provoca cambios en la circulación atmosférica.
El episodio que se avecina no será, según la OMM, uno cualquiera. El organismo internacional señala que el fenómeno ya se ha consolidado y que continuará intensificándose durante los próximos meses hasta alcanzar una intensidad “muy fuerte”. La probabilidad de que persista hasta febrero de 2027 se sitúa, además, cerca del 100%.
¿Cómo puede afectar El Niño al clima en Canarias?
Sus efectos, sin embargo, van mucho más allá del océano Pacífico. Las alteraciones asociadas al ENOS pueden modificar los patrones de lluvia, las temperaturas y la circulación atmosférica en distintas partes del planeta. Un cambio en las aguas del Pacífico puede acabar teniendo consecuencias a miles de kilómetros de distancia, aunque no de la misma manera en todos los territorios.
Canarias juega, en este sentido, con unas condiciones particulares. Su ubicación atlántica, su latitud subtropical y la influencia habitual de los vientos alisios hacen que su comportamiento climático sea diferente al de otras regiones más directamente expuestas a la influencia de El Niño. Por eso, la intensidad del episodio por sí sola no permite anticipar qué efectos tendrá en las Islas.
David Suárez, delegado territorial de Aemet en Canarias, explica que El Niño sí tiene un efecto sobre la temperatura media a escala planetaria. “Cuando hay años con El Niño activo, las temperaturas del planeta se calientan”, señala en conversación con este periódico. Pero ese calentamiento global no implica que las temperaturas tengan que subir también en Canarias por efecto directo del fenómeno. De hecho, aunque los modelos estacionales apuntan a un otoño más cálido de lo habitual en el Archipiélago, Suárez señala que “no hay estudios que expliquen una relación directa de este fenómeno con el ascenso de las temperaturas” en las Islas.
La propia Organización Meteorológica Mundial (OMM) insiste en este matiz. Que este fenómeno sea muy fuerte no produce necesariamente las mismas consecuencias en todas partes. La respuesta depende de la región, de la época del año y también de las condiciones de otros océanos, como el Índico y el Atlántico. Estos factores pueden reforzar, debilitar o incluso modificar los efectos habituales del episodio.
La preocupación internacional se centra, por tanto, en un escenario más amplio. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió el pasado jueves de que El Niño “se está agrandando ante nuestros ojos” y alertó de que el aumento de las temperaturas del mar sitúa al mundo “en una zona de peligro por clima extremo”.
Además, este episodio se desarrolla sobre un planeta que ya se está calentando por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. El Niño es un fenómeno climático natural y aunque el cambio climático no es la causa natural sí es el que altera su comportamiento y convierte sus impactos más intensos y destructivos.
Ante este escenario, la OMM reclama reforzar la prevención y la respuesta, especialmente en las zonas más expuestas a sequías, inundaciones y calor extremo. La organización considera que disponer de pronósticos fiables y sistemas de alerta temprana permite a gobiernos, sectores económicos y comunidades prepararse con antelación ante las posibles consecuencias del episodio.
El impacto del calor extremo en la agricultura canaria
Más allá de la relación concreta con El Niño, las temperaturas extremas suponen un riesgo añadido para la agricultura en Canarias. La persistencia de valores elevados puede aumentar la evapotranspiración y acelerar la pérdida de humedad del suelo, incrementando las necesidades de agua de los cultivos y agravando el estrés hídrico, especialmente en un territorio condicionado ya por la escasez de recursos hídricos.
El calor también puede afectar directamente a cultivos como el plátano, la vid y distintas hortalizas. Los episodios de temperaturas muy elevadas pueden provocar estrés térmico, daños en hojas y frutos, alterar los ciclos de maduración y acabar repercutiendo tanto en el rendimiento como en la calidad de las cosechas.
A ello se suma el posible impacto sobre las plagas. Unas temperaturas más altas durante periodos en los que habitualmente disminuye la actividad de determinados insectos pueden favorecer su permanencia y ampliar su periodo de actividad, aumentando la presión sobre los cultivos.
El calor prolongado también puede incrementar el riesgo de incendios en las zonas agrícolas y de medianías, al favorecer una mayor sequedad de la vegetación. Todo ello añade presión a un sector especialmente vulnerable a los cambios en las condiciones meteorológicas y cada vez más condicionado por los episodios de calor extremo.