Los peritos creen que las secuelas del supuesto abuso contra una menor por su entrenador de tenis son “crónicas”
Los peritos de la causa en la que un entrenador de tenis ha sido acusado por una jugadora de abusos sexuales cuando era menor de edad coincidieron en calificar de creíble su relato y consideran que las secuelas son “crónicas” y de carácter “leve-moderado”.
En la segunda sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial tinerfeña, los expertos explicaron las consecuencias que puede traer consigo la posibilidad de que existan recuerdos falsos, la relevancia de las pesadillas, olvidos selectivos, autolesiones y estrés postraumático.
El informe fue contrastado por otro encargado por la defensa en el que detectaron “deficiencias” como no haber entrevistado a la madre, incidencia del trauma infantil o falta de bibliografía, requisitos que los primeros no consideraron necesarios.
Otra perito aportada por el abogado del denunciado hizo un estudio sobre la personalidad de éste y señala demostró que el encausado no tiene los rasgos típicos de los condenados por ser agresores sexuales como es narcisismo o falta de empatía sino que en este caso era disciplinado, cuidadoso de su imagen, responsable y leal.
Durante las entrevistas, el entrenador calificó a la denunciante como una persona “muy celosa, que buscaba castigarlo y posesiva” y tampoco atisbó ningún tipo de ansiedad en él por lo que supuestamente había ocurrido.
Por parte de la defensa declararon varios testigos quienes coincidieron en aspectos como que pocas veces vieron a la jugadora y al entrenador a solas, en actitudes sospechosas o inapropiadas y jamás observaron que ejerciera un trato dominante o controlador sobre ella.
El hermano ha relatado que la denunciante tenía un buen nivel deportivo en el ámbito nacional pero no tanto en el internacional y ha asegurado que nunca observó nada “raro” en la relación entre ambos.
Ha afirmado que acudía muchas veces a la casa que compartían en Barcelona y tampoco presenció “algo incorrecto” y ha negado que el contrato suscrito fuera de “exclusividad”, sino similar al que se firmaba con otros jugadores cuando no podían pagar la cuota.
La madre del acusado ha declarado que las familias de ambos se conocían desde hacía tiempo, incluso convivieron en su vivienda durante el covid, que ella misma llegó a entrenarla y jamás los vio a solas en la casa que él alquiló.
En el caso de Barcelona, ciudad a la que se trasladaron por motivos deportivos, la madre del procesado ha asegurado que acudía a esta vivienda constantemente a prepararles la comida y atenderlos mientras entrenaban y, según su relato, tampoco percibió actitud alguna de dominación y “ni se me pasó por la cabeza que hubiese algo entre ellos”, ha dicho.
Una compañera que hoy trabaja en la empresa del acusado ha recordado que en su momento la jugadora le comentó que había puesto la denuncia pero que apenas había sufrido “tocamientos”, que tenía pesadillas y que esa misma noche salió de fiesta.
Una novia que el acusado tuvo por aquellos años tampoco vio nada sospechoso en la relación entre ambos y ha dicho que el juguete sexual que la madre de la niña encontró en la cama de la vivienda l lo utilizaban ambos, que la jugadora era “muy obediente” e “idolatraba” a su antigua pareja