Un viaje por Matarraña, la Toscana aragonesa: fin de fiesta en Valderrobres y Beceite
El Corazón de la Comarca de Matarraña se concentra en torno a las localidades de Valderrobres y Beceite, ya a los pies de las alturas del Sistema Ibérico que, en esta zona de la Península, sirve de punto de unión entre las comunidades de Aragón y Catalunya. Para hacerse una idea de dónde estamos hay que señalar una curiosidad. Desde el pequeño pueblo de Beceite a la costa del Mediterráneo, a vuelo de pájaro, hay apenas 42 kilómetros. Eso sí, la muralla de picachos que se encuentran entre los dos puntos supera los 1.400 metros sobre el nivel del mar. Una muralla de pinares densos y desfiladeros profundos que forman uno de los parajes naturales más intensos del país. Una maravilla.
Los dos primeros días de viaje por esta ‘Toscana Aragonesa’ nos hemos centrado en las huellas que las mujeres y hombres que han vivido aquí han dejado en los últimos tres mil y pico años.Uno de los puntos fuertes de la Comarca del Matarraña es ver el impacto del trabajo humano sobre el territorio. Estamos ante uno de los paisajes culturales más bonitos e intensos de esta España nuestra. Este tercer día (ver iconos naranjas en el mapa) profundiza en esta huella humana pero, a la vez, se interna en los paisajes naturales de la zona. La primera de las grandes diferencias con los días anteriores es que nos sumergimos en un paisaje histórico más reciente.
Al extremo sur de la Comarca de Matarraña nos acercamos a través de la carretera A-231 desde la Nacional 432 (el cruce se encuentra a sólo 15 kilómetros de Alcañiz). Y durante los primeros pasos por la zona se repiten los paisajes rurales marcados por el olivo. Inmensos campos de olivos. Y también la sucesión de pueblos preciosos: en este caso Valjunquera (donde hay que parar para ver su Iglesia de San Miguel, el mejor ejemplo de barroco tardío de la comarca) y La Fresneda. Una de las cosas que sorprende de los pueblos de este rincón de la vieja Iberia es la monumentalidad que se concentra en apenas una docena o dos de callejuelas retorcidas. Y La Fresneda es un buen ejemplo.
En La Fresneda podemos ver casi de todo lo que caracteriza a las viejas villas medievales: En las calles Pilar y Mayor de este pueblecito de apenas 450 habitantes hay más patrimonio medieval y renacentista que en la mayoría de las capitales de provincia del país. Y eso, en esta comarca, es la norma no la excepción. La Plaza Mayor, por ejemplo, es un espacio porticado donde nos encontramos con las Casas Consistoriales (puro renacimiento del XVI), la antigua Cárcel o el bonito Arco Xifré (siglo XV). Otros puntos de interés de la localidad son el Castillo de Santa Bárbara (Castillo, 14), una vieja fortaleza del siglo XII de origen calatravo y la Iglesia de Santa María la Mayor (Castillo, 6) con un exterior barroco y un interior de los últimos momentos del gótico.
Valderrobres, la capital de Matarraña.- Punto culminante de la ruta. Esta villa es uno de los pueblos más bonitos de toda España. Una pequeña joya que aúna patrimonio natural y cultural en un espacio único. Aquí es donde ese apelativo de Toscana Aragonesa se convierte en una realidad incontestable. El pueblo se encuentra justo en el lugar donde las campiñas se encuentran con la cordillera: ahí por donde corre el propio Matarraña. El resultado es una pequeña ciudad donde se acumulan las cosas por ver. Muchísimas.
Lo normal es encontrarse con el casco histórico a través del Puente de Piedra, una pasarela medieval que cruza el Matarraña dejando al descubierto una ‘muralla’ de casonas de piedra donde se mezclan las paredes renacentistas con las tramas y balconadas de madera de los siglos XIV y XV de entre las que sale el Portal de San Roque (Hispanidad, 1), torre del siglo XIII que nos recuerda a las grandes ciudades italianas. Y sí. Aragón es una de las mecas del renacimiento español. Y mucho se ha perdido en guerras, asedios y bombardeos. En la Matarraña todo quedó tal cual. Y Valderrobres es un ejemplo de ello.
Cuando pases bajo el arco de San Roque vas a salir a la Plaza de España donde te vas a encontrar un espacio porticado donde manda la mole renacentista del Ayuntamiento y Lonja (Plaza de España, 1), antigua casa fuerte del siglo XVI que sirve de ejemplo de la penetración de los estilos artísticos desde Europa en el Reino de Aragón. La plaza es un ejemplo del paso del gótico (que puedes ver en los edificios que rodean al consistorio) al renacimiento. Ya sólo por plantarse en esta magnífica plaza mayor merece la pena venir. Pero hay que meterse en la trama urbana. Para flipar. Las callejuelas ascienden a través de cuestas y escaleras en retuertos increíbles. Pura Edad Media en lugares como la Cuesta del Torner o el pequeño laberinto que forman las calles Pío XII, San Roque, Doña Sancha... En el Museo de Interpretación (Buen Aire, 5) puedes conocer un poquito sobre la historia local.
Y fin de paseo en la particular acrópolis de Valderrobres. Si la Plaza de España simboliza el poder de la burguesía de los ‘nuevos tiempos’ (siglo XV), el entorno del Camino del Buen Aire (con reminiscencias porteñas) concentra los grandes iconos del poder medieval. La Iglesia de Santa María de Valderrobres (Iglesia, sn) es una gran mole gótica del siglo XV que no desentonaría en ninguna capital de provincia. Y justo al lado nos topamos con el Castillo (Buen Aire, sn), una maravilla del gótico civil del siglo XIII que pone de manifiesto la importancia de la villa durante la Edad Media. Hoy el castillo es un museo. Uno de los torreones del castillo alberga la única Cámara Oscura de los territorios del antiguo Reino de Aragón.
Beceite y los templos del agua.- Siguiendo el cauce del Matarraña hacia sus fuentes en las alturas de la cordillera (carretera A-2412) nos adentramos en un paisaje de colinas y montañas donde la encina y el pino toman el relevo al olivo. En este entorno de montaña nos topamos con Beceite, otra de las villas medievales de la comarca y punto de acceso a la montaña que cuenta con otro casco urbano de casas de piedra donde puedes encontrar pedacitos de historia desde la Edad Media a los siglos XVII y XVIII (destacan el Portal de Villanueva -parte del antiguo castillo-, la Iglesia de San Bartolomé o el Palau del Arzobispo). El pueblo se encuentra justo donde las primeras alturas del Sistema Ibérico empiezan a ser de importancia.
En esta zona de la sierra, el Río Matarraña se encajona en un cañón profundo creando un paisaje de cascadas, rápidos y grandes pozas de gran belleza. El Parrissal (acceso desde Beceite por Camino del Parrissal) es una de las rutas de senderismo más bonitas de esta zona del país (conviene comprar las entradas por anticipado). El sendero alterna caminos de tierra y pasarelas de madera en un entorno espectacular (unas cuatro horas de camino ida y vuelta -8 kilómetros-) que merece mucho la pena ya que más allá del paisaje excavado por el Matarraña puedes visitar pinturas rupestres levantinas que forman parte del Patrimonio Mundial de la Unesco (La Fenellassa). Otro lugar de montaña para disfrutar de grandes pozas es La Pesquera (acceso desde Beceite por Camino de la Pesquera), otro paisaje fluvial impresionante donde hasta te puedes dar un chapuzón.
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