Conducir por los alrededores de Vicenza es una experiencia casi mística. La Strada di Terrapille, una humilde carretera de tierra que parte de esta pequeña población de apenas 3.000 habitantes, nos lleva hasta uno de esos paisajes toscanos prototípicos: colinas onduladas; caminos serpenteantes custodiados por filas de cipreses; campos de vid y cereal de ente que sobresalen espectaculares villas de piedra… Toscana pura y dura. Pero este sencillo camino es especial. Aquí se rodaron las escenas más impresionantes de la película Gladiador. Este es el lugar donde Máximo Décimo Meridio (comandante de los Ejércitos del Norte, general de las Legiones Fénix, fiel servidor del verdadero Emperador Marco Aurelio…) pasa de la arena del Coliseo al más allá… No dudes en hacer la ‘frikada’. Pon la excelente banda sonora de Hans Zimmer y dejarse llevar por la emoción del momento. Rocen la hierba crecida con la punta de los dedos y, en este caso, disfruten del placer de estar vivos. Este es uno de los mejores lugares del mundo para disfrutar de este privilegio que es levantarse de la cama cada mañana.
El Valle de Orcia es un pequeño conjunto de valles, montañas y colinas situadas a 130 kilómetros al sur de Florencia y a 178 kilómetros al norte de Roma. Así que son un lugar ideal para hacer una escapada de ida y vuelta desde cualquiera de las dos ciudades o un punto de paso interesante cuando se va de una de estas maravillas de la geografía italiana a la otra. Este lugar ya fue famoso en la antigüedad por la feracidad de sus tierras agrícolas (este es uno de los lugares donde se produce el mejor vino de italia y también una porción considerable del cereal del país) y por sus aguas medicinales. Salut per Aqua, decían los romanos; varios de los pueblos que se encuentran a tiro de piedra de este pequeño santuario natural llevan el nombre de Bagni o Bagno (baño).
El más famoso de ellos es Bagno Vignoni (SS-2), apenas dos docenas de casas que rodean una antigua piscina termal que formaba parte de un complejo de ‘vacaciones de salud’ con más de 2.000 años encima. Aquí no sólo puedes echarte un baño en sus aguas saludables y disfrutar de la buena gastronomía toscana: también puedes visitar un yacimiento arqueológico muy interesante: unas viejas termas romanas que ocuparon un lugar que ya era visitado desde muchos siglos antes. La gran piscina que sirve como plaza del pueblo data del siglo XV y se construyó por orden de los Estados papales. El lugar se convirtió en uno de los preferidos de las élites romanas y toscanas para escapar del día a día de las ciudades: todo un centro vacacional de la Edad Media que ha permanecido intacto hasta nuestros días. Un lujo para visitar. Las otras termas famosas del lugar son las de Bagni San Filippo (SS-2). Si en Vignoni nos encontramos con la planificación humana desde tiempos de los etruscos, en San Filipo podemos ver una de esas maravillosas esculturas elaboradas por la naturaleza. El agua de este lugar sale tan cargada de minerales que ha creado un paisaje surrealista de pozas, cascadas y fuentes de colores claros en mitad del bosque que reciben el nombre de Termas de la Ballena Blanca. Es un lugar muy bonito de ver y de disfrutar.
La convulsa historia del Valle de Orcia.- El elemento que explica la historia de este trozo de Italia es la Vía Francigena. Este camino surgió poco después de la caída del Imperio romano como respuesta al colapso de las rutas marítimas y se convirtió en el principal camino de comunicación entre Italia, Francia, Alemania e Inglaterra hasta prácticamente antes de ayer. Esta ruta, por ejemplo, era la que usaban los nobles ingleses en su famoso Grand Tour, un viaje iniciático muy de moda entre los siglos XVII y XIX que culminaba en Roma y/o Nápoles. Pero por estos caminos no sólo transitaron viajeros ociosos o comerciantes… También lo recorrieron multitud de ejércitos y sirvió de zona de frontera durante los siglos más conflictivos de la historia italiana. Esto ha salpicado el territorio de castillos, torres defensivas y villas fuertes que son testigos de invasiones y guerras civiles.
La Rocca di Tentennano (Piazzale Aleardo Monaci -Castiglione d'Orcia-) no es el más grande de ellos pero sí el más espectacular. Otro lugar que merece la pena visitar es la Fortaleza de Radicofani (Via G. Marconi -Radicofani-), un castillo renacentista que guarda una de esas villas toscanas divinas con casas de piedra e iglesias encantadoras -no dejes de entrar a la pequeña San Pedro-. Este lugar era una de las postas más importantes de la Vía Francigena como puerta de entrada al valle desde el sur. Fruto de esta posición estratégica se construyeron el castillo y la Posta Medicea de Osteria Grossa (SP-478), un ‘hotel de carretera’ para viajeros y comerciantes construida durante el mandato de los Medici en Florencia. Es un monumento interesante de visitar ya que puedes ver cómo las cosas no han cambiado mucho en los últimos cinco siglos.
Pienza; obra maestra de la planificación renacentista.- A Pienza la llaman la ‘ciudad ideal’. Se encuentra en un lugar privilegiado que sirve de atalaya hacia los campos más bonitos y fértiles del Valle de Orcia. Pero lo de ideal no viene por eso. Es ideal a conciencia. El papa Pío II nació aquí y en plena ebullición renacentista ordenó deshacer el ‘desorden’ medieval de su ciudad y convertirla en una escultura viva de calles, plazas y palacios. Y el resultado es una pequeña joya que en apenas unos centenares de metros concentra más riqueza artística y arquitectónica que muchas grandes ciudades europeas juntas. Una delicia que incluso cambió de nombre en honor a su benefactor (Pienza, la ciudad de Pío). El artífice de esta transformación fue uno de los grandes arquitectos de su tiempo: Bernardo Rossellino.
La ciudad amurallada se organizó en torno a la Plaza de Pio II y la Via Rosellino, que recorre la población de extremo a extremo. En la plaza podemos ver el gran conjunto monumental de Pienza: el Duomo di Santa Maria Assunta, una verdadera catedral donde podemos advertir las líneas sobrias del primer renacimiento aún mezcladas con la tradición medieval; la sede del Ayuntamiento y el fastuoso Palazzo Piccolomini. Este palacio se construyó como segunda residencia del papa Pío II y palacio familiar de los Piccolomini. El edificio es enorme y es una clase magistral sobre las claves del renacimiento. Sólo tienes que fijarte en las columnas que soportan los tres pisos del edificio en los que se recogen las tres tradiciones clásicas: jónico, dórico y corintio. Los jardines también son un ejemplo de aquellos nuevos tiempos que se iban alejando de las maneras de la Edad Media. Otro lugar en el entorno de la plaza es la Iglesia de San Giovani (se accede desde una puerta situada en el campanario del Duomo) conocida aquí como la cripta. Aquí puedes ver los restos de la vieja iglesia románica del pueblo, que se usaron para sostener el nuevo edificio creando una cripta laberíntica y fantasmal donde puedes ver esculturas románicas, viejos capiteles y hasta una pila bautismal medieval.
Pienza se recorre en diez minutos. Pero si eres de los que se paran a ver las cosas y entras en cada portal que ves abierto te vas a pasar aquí unas tres o cuatro horas. La cantidad de lugares para ver es grande en comparación con el tamaño de la villa. Otro ejemplo de arquitectura renacentista es el Palazzo Borgia (Corso il Rossellino, 30). Esta casona nobiliaria vinculada a los famosos Borgias, una de las estirpes más retorcidas e influyentes de la Italia del siglo XVI, se ha convertido en museo diocesano. Y no es un museo cualquiera ya que aquí se custodian dos obras maestras del arte mundial: la Madonna di Monticchiello de Pietro Lorenzetti y la Madonna della Misericordia de Bartolo di Fredi. Así que la entrada está más que justificada. Otros lugares que hay que ver son el Claustro de Pienza (Corso il Rossellino, 26), un viejo convento franciscano del siglo XIII reconvertido en hotel; el Jardín Leone Piccioni (Piazza San Carlo) y el Paseo del Casello, antiguo camino de ronda por las murallas con una vista sobre los campos toscanos que quita el hipo.
Comer en Pienza.- Los dos grandes buques insignia de la gastronomía del Valle de Orcia son los ‘Pici’, una pasta gruesa que se acompaña de salsas con productos locales de alta calidad (carnes o trufas) y uno de los mejores pecorinos del país (queso de oveja). En La Bucca delle Fate (Corso il Rossellino, 38) probamos el Pici all’aglione (pici al ajo), los tradicionales picis toscanos con una salsa de ajo, tomate y guindilla. Estaban impresionantes. En la carta hay otras especialidades del lugar como el Filete Florentino o el Estofado de Jabalí (este también lo probamos). Otro lugar recomendable para comer en Pienza es Sette di Vino (Spagna, 1), una ostería típica toscana donde comer cocina tradicional más que aceptable por precios muy asequibles. La carta incluye platos típicos de la zona (panzanella, salchichas toscanas, sopas de verduras -la espectacular Ribollita-, carnes…) y unas tablas de quesos y embutidos muy buenas. Ojo, aquí no se sirve pasta.
Uno de los coros más bonitos de Italia.- El pequeño pueblo de San Quirico d’Orcia guarda una de las grandes joyas artísticas del valle. Estamos a apenas unos kilómetros de Pienza así que podemos aprovechar alguna de las incursiones por las pistas entre las colinas para acercarnos y visitar la Colegiata de Santi Quirico e Giulitta (Via Dante Alihgieri). Esta modesta iglesia románica guarda en su interior un coro de madera obra del escultor renacentista Antonio Barili. Este coro es una de las cumbres del uso de la taracea (incrustaciones en madera) de toda Europa. Algo que no hay que dejar de ver si se está por la zona.
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