Lublin: La pequeña joya de Polonia que casi nadie conoce
Lublin es una práctica desconocida en el contexto polaco por el turismo exterior. Es una ciudad que queda un poco a desmano de las grandes capitales del país aunque está relativamente cerca de Varsovia (173 kilómetros). SI bien, Lublin queda fuera de los circuitos tradicionales del turismo, es una plaza famosa en Polonia por varias razones: desde el punto de vista histórico es una de las ciudades más importantes del pasado más glorioso del país y fue protagonista de la unión de Polonia con el Gran Ducado de Lituania (desde 1385 hasta 1795). Desde el punto de vista religioso fue una de las fuentes de la introducción del protestantismo y el arrianismo durante la reforma. Y desde el punto de vista cultural es sede de una de las universidades históricas más importantes del país. Para colmo de vienes, fue una de las pocas ciudades que quedaron indemnes durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que todo lo que vas a ver es real. No es una reconstrucción.
Buena parte de esta rica historia se custodia en el Castillo de Lublin (Zamkowa, 9), el gran monumento de la ciudad. La fortaleza se encuentra justo en una de las entradas a la villa por lo que es el punto ideal para iniciar la visita. El castillo, del siglo XIII, es un complejo de muros y salas palaciegas que se han ido comiendo a la construcción medieval original. De la antigua fortaleza apenas quedan una torre (desde la que hay vistas espectaculares) y la preciosa Capilla de la Santísima Trinidad, una joya del gótico polaco que esconde una sorpresa única en el país. El interior de la capilla del castillo está cubierta de frescos bizantinos que datan de las primeras décadas del siglo XIV. Nadie sabe quién los hizo y porqué un artista del oriente europeo terminó en un lugar del norte del continente para hacer esta maravilla. El resto del castillo se ha convertido en el Museo Nacional de Lublin, donde se custodian las colecciones históricas, arqueológicas y etnográficas de la ciudad y su región.
Qué ver en el centro histórico de Lublin.- Desde el Castillo accedemos al casco histórico de Lublin por la Puerta Grodzka y nos sumergimos en un pequeño laberinto de calles y callejones atravesado por el eje que forman las calles Grodzka y Bramowa. Antes de entrar por la puerta monumental fíjate en una farola que se encuentra junto al Puente Arkadowy que siempre está encendida. Es la Linterna de la Memoria, una luz que nunca se apaga y que recuerda a los vecinos y vecinas de Lubin que fueron asesinados durante la ocupación alemana. Esta luz se encuentra en la calle Podwale, vía que conducía al barrio judío de la ciudad. En muchos de estos espacios públicos puedes ver pequeñas esculturas que representan a cabras que tienen que ver con la historia local. Se dice que después de un ataque de los tártaros y mongoles en el siglo XIII la poca población que sobrevivió al saqueo se alimentó de la leche de una única cabra. Desde entonces, este animal forma parte del escudo y se han instalado una docena de pequeñas esculturas que sirven para explicar leyendas e historias de la ciudad y algunos de sus ciudadanos más ilustres.
Puertas adentro, Lubin es una ciudad chiquita donde las ‘kamienice’, típicas casas de vecinos de los cascos históricos polacos, conviven con los grandes edificios públicos y religiosos en una maraña de callejas y pequeñas plazas. Uno de los rincones más famosos del lugar es la Ulica Ku Farze, una pequeña calleja a la que se accede por un arco que comunica Grodzka con la Plaza del Pescado (Plac Rybny). Aquí nos encontramos con dos lugares de interés: el Palacio PawÄczkowskich, una casona del XIX que lamentablemente está muy estropeada, y todo un museo dedicado a una de las delicias de la gastronomía local: el Pastel de Cebolla (Rybna, 9).
El centro de Lubin está ocupado por la Plaza del Mercado (Rynek), que ejerce de corazón de la ciudad histórica: la que se ve y la que no. Desde aquí parte un curioso complejo de túneles y pasadizos que datan de la Edad Media y servían como almacenes y refugio en el caso de asedios o ataques (se pueden visitar). El gran edificio que preside la Plaza del Mercado es el Tribunal de la Corona de Lublin (Rynek, 1), un edificio renacentista de finales del siglo XVI que servía de sala de apelaciones en litigios de tierras. El entorno de Rynek está cuajada de grandes casonas de origen nobiliario y burgués. Algunas se han convertido en museos y pueden verse por dentro; destacan la casa de viviendas de Casa de Klonowica de Rynek, 2 (un edificio de vecinos del siglo XVIII), la Bodega de la Fortuna en Rynek, 9 (un almacén del siglo XVII) y la Casa Konopnica de Rynek 12, que data del XVI.
Mirar hacia abajo y hacia arriba. Si has llegado hasta aquí por Grodzka habrás visto la curiosa escultura del equilibrista que está suspendida sobre la calle y si sigues por Bramowa podrás ver una bandada de gansos de metal que vuelan sobre tu cabeza. La impresionante Puerta de Cracovia (Bramowa, 2) sirve de límite oeste del casco histórico en oposición a la Puerta de Grodzka. Antes de pasar bajo el arco vas a ver otra escultura preciosa: el Cabrito Kazik. Este pequeño animal de bronce es uno de los símbolos satíricos de la ciudad que hace referencia a los fallos de construcción de la puerta, que está ligeramente inclinada. La puerta y su Torre Gótica son uno de los edificios más notables que ver en Lublin y albergan la sede del Museo de Historia local.
Las dos grandes iglesias del casco histórico.- Como sucede en todas las ciudades con peso histórico en Polonia, la iglesia y sus edificios monumentales ocupan un lugar de predominio en la trama urbana. En el caso de Lublin, tenemos más de una docena de templos repartidos por toda su geografía pero si hay que elegir nos quedamos con dos. La más espectacular es la Basílica de los Dominicos (ZÅota, 9), una joya que forma parte de un antiguo convento que remonta su origen al siglo XIII. Lo que podemos ver hoy es el resultado de una gran cantidad de obras y reformas que han ido añadiendo elementos renacentistas y barrocos a su obra original gótica (que puede verse en lugares como el refectorio). El edificio es bellísimo y su interior es magnífico. No te pierdas el claustro, donde se ha habilitado un museo con piezas del tesoro y maquetas sobre la historia del edificio.
La otra gran construcción religiosa de Lublin es la Archicatedral de San Juan Bautista y San Juan Evangelista (Królewska, 10) una maravilla del Renacimiento polaco que en su origen fue un colegio vinculado a la orden de los jesuitas. La archicatedral es famosa por los frescos que cubren todo el interior y por su edificio anexo, que está coronado por la Torre de los Trinitarios. Desde esta atalaya de más de 60 metros de altura tienes las mejores vistas aéreas de la ciudad. Este edificio también sirve de Museo de Arte Sacro.
El Museo Estatal de Madjanek (Droga MÄczenników Majdanka, 67).- Una de las visitas más intensas de esta pequeña ciudad es el antiguo Campo de Concentración de Madjanek. Este campo de trabajo forzado y exterminio fue uno de los engranajes de la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial y estuvo en funcionamiento desde 1941 hasta la liberación del mismo por el Ejército Rojo en 1944. Por aquí pasaron más de 130.000 personas, la mayoría judíos de diversa procedencia y partisanos polacos. En una primera fase se ideó como campo de trabajo (fabricación de munición) pero en las fases finales de la guerra se integró en la maquinaria de exterminio con la instalación de grandes hornos crematorios. El lugar impresiona. Pero si vienes a Lublin no es mala idea pasar por aquí para aprender esta página ominosa de la historia reciente de Europa y rendir homenaje a las víctimas.
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