La paradoja sostenible de los planes turísticos de Canarias: 129 promesas, cero obligaciones
Las menciones a la sostenibilidad aparecen por todas partes en los planes turísticos de las áreas costeras de Canarias, los denominados Planes de Modernización, Mejora e Incremento de la Competitividad Turística (PMM). Pero solo lo hacen en sus memorias y documentos justificativos. En las normas vinculantes, no. Ninguna mención. Esa desconexión entre el discurso y las obligaciones reales es lo que un estudio reciente califica como una “paradoja sostenible”.
El artículo, publicado recientemente en la revista académica Cuadernos de Turismo, revela que los términos “sostenible”, “sostenibilidad” y “desarrollo sostenible” aparecen 129 veces en las memorias de ordenación de los 13 PMM aprobados en el Archipiélago entre 2011 y 2015. Sin embargo, no figuran ni una sola vez en las disposiciones normativas, donde se establecen las regulaciones y criterios de gestión.
Los autores de la publicación destapan lo que ya era un secreto a voces, aunque hasta ahora careciera de respaldo empírico: que el lenguaje de la sostenibilidad se emplea como principio justificativo, como un recurso simbólico con el que se acuñan cada vez más conceptos (turismo sostenible, renovación sostenible o movilidad sostenible, entre otros), pero no como una exigencia normativa que condicione políticas urbanísticas o actuaciones concretas.
“Todo esto es green marketing, como lo llaman los anglosajones. Es decir, incluir la palabra sostenible en cualquier documento o título, incluso a la hora de optar a subvenciones”, reflexiona Moisés Simancas, uno de los autores de la investigación y catedrático de Geografía Humana en la Universidad de La Laguna (ULL). “En la documentación que hemos analizado existe una declaración de intenciones, un diagnóstico. Pero cuando llega el momento de establecer las determinaciones, el término sostenible desaparece”, agrega.
El estudio sostiene que la incorporación de la sostenibilidad en los PMM responde más a una “adaptación a presiones normativas o técnicas” que a una voluntad real de transformar el modelo turístico “insostenible”. Los autores hablan de un proceso “performativo”: se busca proyectar una imagen de compromiso con la sostenibilidad mediante una “cierta saturación terminológica”, pero sin alterar las estructuras existentes “al carecer de compromisos jurídicamente vinculantes”.
Pero eso no es lo único. El término “sostenible” presenta una notable ambigüedad jurídica, sostiene Simancas, porque resulta difícil determinar con exactitud qué implica en ausencia de indicadores y datos, en especial a escala local. El geógrafo considera que su exclusión de las normas vinculantes puede responder a la voluntad de evitar ese problema jurídico y el riesgo de enfrentarse a impugnaciones, bloqueos o litigios, sobre todo con los “derechos adquiridos” de los propietarios.
En su opinión, “la sostenibilidad, por definición, consiste en poner límites”. Y eso puede traducirse en medidas como la obligación de incorporar espacios verdes, peatonalizar calles o reducir (es decir, decrecer) la superficie destinada a usos turísticos para impedir la implantación de nuevos establecimientos alojativos.
Simancas y David González, también geógrafo de la ULL, escogieron los PMM por su carácter innovador y excepcional dentro del planeamiento canario. Estos instrumentos nacieron en plena moratoria turística, a partir de 2009, para facilitar procesos de renovación turística que los planes generales municipales no podían desarrollar, al prevalecer sobre ellos y permitir la suscripción de convenios urbanísticos para modernizar la planta alojativa. “Son potentísimos, pero están desaprovechados”, resume Simancas.
Los autores extrajeron del Boletín Oficial de Canarias (BOC) los 13 PMM ya aprobados (los de primera y segunda generación, entre 2011 y 2015) correspondientes a las áreas turísticas litorales de Lanzarote, Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria. El estudio recuerda que estos espacios, pese a ocupar apenas el 1,8% de la superficie del Archipiélago, concentraron en 2023 el 89,4% de los viajeros alojados, el 93,2% de las pernoctaciones y el 91,1% de las plazas turísticas.
A continuación, los investigadores segmentaron la documentación de manera manual y se centraron en los textos narrativos y reguladores: las memorias (información, ordenación y justificación), las normativas urbanísticas (las reglas vinculantes) y los informes de sostenibilidad ambiental. Quedaron fuera documentos puramente técnicos o numéricos, como los planos, catálogos de edificios o estudios económico-financieros.
Después emplearon Perplexity, una herramienta de inteligencia artificial, para contabilizar el número exacto de veces que aparecían tres palabras o conceptos clave: “sostenible”, como adjetivo; “sostenibilidad”, como sustantivo; y “desarrollo sostenible”, como marco conceptual. El análisis dio como resultado las 129 menciones.
El primero de los términos apareció en 59 ocasiones; el segundo, en 45; y el tercero, en 25. Por islas, los PMM de Lanzarote concentraron 52 referencias al lenguaje de la sostenibilidad, seguidos de Tenerife, con 42; Fuerteventura, con 22; y Gran Canaria, con 13. Según el estudio, estos términos se emplean para otorgar legitimidad institucional y proyectar una imagen de modernidad, pero también para evitar deliberadamente conceptos como “límite”, “capacidad de carga”, “cuota máxima” o “sanción”.
Otro de los hallazgos relevantes fue el punto de inflexión que supuso la Ley 2/2013, de renovación y modernización turística de Canarias. El artículo 30 de esa norma exige expresamente “la justificación de la sostenibilidad en las actuaciones”. Los cuatro PMM aprobados antes de su entrada en vigor acumularon 20 menciones a la sostenibilidad, frente a las 109 registradas en los nueve posteriores. El incremento fue del 445%.
Los autores cruzaron además esas cifras con indicadores reales de saturación turística para comprobar si los planes más sostenibles sobre el papel se correspondían con territorios menos presionados por la actividad turística.
El análisis permitió identificar tres patrones diferenciados. Por un lado, áreas como Adeje, con una altísima saturación (150 plazas turísticas por hectárea), que al mismo tiempo concentran el mayor número de referencias a la sostenibilidad en sus PMM. Por otro, destinos también muy saturados cuyos planes prescinden por completo de ese discurso, como Costa San Miguel, Puerto Santiago o Costa de Mogán. Y, por último, un tercer grupo más coherente, representado por Corralejo y Morro Jable, que presenta, en palabras de los autores, “una baja sofisticación discursiva con densidades moderadas”.
Los autores concluyen que los PMM constituyen “un caso paradigmático de cómo se puede asumir un lenguaje crítico vinculado con la sostenibilidad, haciéndolo funcionar como una herramienta sofisticada de legitimación de determinadas decisiones e intereses”. Ello demuestra, continúan, que “la sostenibilidad funciona más como un símbolo que como un paradigma transformador de regeneración de tales espacios urbanos-turísticos”.
0