Qué ver en Dublín en tres días: Dublinia, San Patricio y la gran hambruna de la patata

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Desde lo más antiguo a lo más rabiosamente moderno. Desde los rastros de la crisis humanitaria más grande del siglo XIX en Europa al acero y el cristal de los rascacielos del Tigre Celta que camina con la cabeza alta entre las mejores economías del mundo. En este segundo día de paseo por la vieja Dublín (ver iconos violetas en el mapa) mecharemos un poco de historia con la más rabiosa actualidad de la arquitectura de vanguardia que hoy ocupa a golpe de talonario y especulación financiera los mismos espacios desde los que partían los famine ships (barcos del hambre), los veleros y vapores que trasladaron a la diáspora irlandesa a tierras americanas tras la infame y criminal ‘Hambruna de la Patata’.

Pero para ir hasta hoy hay que empezar en el ayer. Y nos vamos a ir hasta el ayer más remoto a través de un curioso museo que tiene un punto de espectáculo naif que a nosotros nos encantó. El origen de Dublín fue una posta de comerciantes nórdicos que se asentaron aquí en el siglo IX aprovechando el puerto natural que ofrecían las últimas millas del cauce del Liffey. Cuando llegaron los ‘vikingos’, al lugar se lo conocía como Dubh Linn o ‘Lago Negro’. Y de ese Dubh Linn gaélico surgió el Dyflinn nórdico, una de las postas esclavistas más importantes de la Europa medieval.

Dublinia (Meath Street, 5) es uno de esos lugares bizarros que merece la pena ver: un museo dedicado a la recreación histórica centrada en los primeros siglos de existencia de la ciudad desde su origen vikingo hasta los primeros tiempos de la presencia normanda. Aquí podrás caminar por una calle medieval, ver salones vikingos, casas de mimbre, letrinas, drakars. Merece la pena. Y también su entorno, ya que el propio museo se encuentra en los sótanos de St. Michael, una de las iglesias medievales más bonitas de la ciudad. Junto a este templo gótico del siglo XV cuenta con una de las torres campanario más antigua de la ciudad y una curiosa cripta con momias. A apenas unos pasos de aquí nos encontramos con otras dos joyas medievales: Christ Church (Christchurch Pl), cuyo origen se remonta al siglo XI, y St. Audoen's (High Street), un templo que hunde sus raíces en el siglo VII y que cuenta con uno de los monumentos funerarios medievales más importantes del país: la tumba del Lord Portlester (siglo XV). Junto a St. Audoen’s puedes ver lienzos muy bien conservados de la muralla medieval de la ciudad.

Un paseo por las riveras del Liffey hasta O’Conell Bridge.- Pasando bajo el pasadizo elevado que une las dos parroquias medievales de St. Michael y Christchurch nos dirigimos hacia el cauce del Liffey y sus aguas teñidas de turba a través de Winetabern Street. Poco después de pasar bajo el precioso pasillo neogóticos nos encontramos con un parque donde puedes ver un curioso dibujo en el pavimento que hace referencia a los restos vikingos que fueron el germen de la ciudad. Estamos a dos pasos del río. Y nos encontramos con él justo en frente de uno de los grandes iconos arquitectónicos de Dublín: el edificio de Four Courts (un soberbio edificio georgiano de finales del XVIII que alberga los altos tribunales de justicia de la República). Nosotros seguiremos hacia la desembocadura descubriendo el bonito paisaje fluvial a ambos lados del río.

Nuestro objetivo es llegar a O’Conell Bridge para explorar alguno de los escenarios del Alzamiento de Pascua, la revuelta fracasada de 1916 que al final desembocaría en la independencia del país algunos años más tarde. Pero primero hay que hacer un par de paradas. La más sorprendente es la del Smock Alley Theatre (Exchange Street Lower, 6) un escenario histórico que remonta su origen al siglo XVII y que aún conserva buena parte de su edificio original (pese a ser convertido en iglesia). Desde aquí podemos seguir caminando junto al río descubriendo las fachadas de ladrillo y aprovechando las pasarelas y puentes para hacer alguna incursión de orilla a orilla descubriendo sorpresas como Bloom Ln, un callejón que se ha convertido en uno de los lugares de moda de la ciudad.

Y desde O’Conell Bridge pasaremos hacia la zona norte de la ciudad para ponernos justo en frente de la columnata de la Sede Central del Correo. Antes pasarás junto al Monumento a O’Conell, el padre del nacionalismo irlandés, en una calle que fue el epicentro de las acciones que prendieron la chispa de la independencia irlandesa. La sede del Correo fue uno de los objetivos de las acciones armadas de la insurrección de 1916. Se convirtió en el cuartel general de los nacionalistas y fue el escenario de la lectura de la Declaración de Independencia. Ya que estás por aquí pásate por la Catedral de Santa María (Marlborough Pl, 83).

El mejor fish and chips de Dublín.- Beshoff(O'Connell Street Upper, 7) se ha ganado fama en la ciudad por ser uno de los mejores locales de Fish and ships de toda Dublín. Buena calidad y raciones más que generosas. No es comida gourmet, pero un viaje a Irlanda amerita al menos una visita a uno de estos locales icónicos de la gastronomía popular.

Del hambre a la opulencia.- Este segundo día de paseo dublinés culmina en los viejos docks (puertos) que adelantan la cercanía de la desembocadura del Liffey. Los puertos en Irlanda son espacios de memoria. La isla tiene grabado a fuego el trauma de la Hambruna de la Patata, un periodo infame de la historia de la isla que puso de manifiesto el desinterés de Inglaterra por la población local. Un hongo destruyó las papas en la década de 1840 provocando la muerte por inanición de un millón de personas y el comienzo del gran éxodo irlandés hacia América. Las autoridades inglesas no hicieron nada. Es más, los grandes terratenientes (en su gran mayoría ingleses y protestantes) primaron los beneficios económicos de la exportación agrícola a la urgencia alimentaria lo que provocó el germen del nacionalismo y el odio al inglés que aún rezuma por todos lados.

Desde el entorno de O’Connell volvemos a la ribera (Eden Quay) y pasamos bajo el Loopline Bridge (el puente por el que salen los trenes de la Estación de Pearse y que es toda una experiencia cruzar) y nos plantamos ante el enorme Edificio de la Aduana (Custom House Quay) que hoy se ha convertido en un interesante centro de interpretación que liga la propia historia del edificio con los eventos históricos que han marcado el nacimiento de la nación. Este tipo de museos nos dan muchísima envidia. Desde aquí puedes visitar otros tres hitos: el Memorial de la Hambruna (Custom House Quay), el interesantísimo y grandioso Museo de la Emigración Irlandesa (Custom House Quay) y, sobre todo, el Jeanie Johnston Famine Ship (Custom House Quay), un barco del siglo XIX en el que se reproducen las condiciones de viaje de aquellas personas que se vieron obligadas a abandonarla isla empujadas por la miseria. El lugar es arrebatador. Es difícil no acongojarse.

La Irlanda de hoy bebe de la Irlanda del pasado. Esas heridas están muy presentes. Las gentes aún las sienten. Pero la Irlanda de hoy es también un potente motor económico que ha logrado superar al antiguo amo colonial en bienestar y renta per cápita. Esa pujanza se deja ver en los nuevos emprendimientos inmobiliarios que se acercan al Liffey. La especulación campa a sus anchas y crea espacios de ultramodernidad en lugares como Grand Canal Square, corazón de esa nueva Dublín en la que los apartamentos de lujo ocupan el espacio de los antiguos almacenes portuarios. Aquí vas a encontrar dos hitos arquitectónicos destacables: El Bord Gáis Energy Theatre y el Red Sticks Dublín. Llegar aquí al caer la noche es espectacular.

Fuera de Ruta. Un museo diferente; un museo brutal.- ¿Rastrear la historia de una ciudad a través del papel pintado? Y sí. Cuando la historia y el patrimonio se toman en serio surgen maravillas como Henrietta Street, 14. En esta calle se encuentra la urbanización de casas burguesas del siglo XVIII mejor conservada de toda Irlanda. Cuando el Estado se hace cargo del edificio para musealizarlo descubren capas y capas de papel pintado que suponen más de 200 años de historia. Pues qué mejor que usar cada una de las capas para contar la historia del edificio y de la propia Irlanda. Una genialidad. Una verdadera genialidad.

Fotos bajo Licencia CC: Szarles; Rob Pegoraro; Beatrice Tiberi; William Murphy; FarelGab; Diego Sideburns; Dan Brekke