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La fiesta de la carne

Antes que llegue la cuaresma, con su recogimiento y purificación, muchos administrados vuelven a echar todas las chuletas de la diversión y las sardinas del desenfreno al asador verbenero.

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En Carnaval, antes que llegue la cuaresma, con su recogimiento y purificación, muchos administrados vuelven a echar todas las chuletas de la diversión y las sardinas  del desenfreno al asador verbenero para coger fuerzas con las que hacer frente a estos tiempos de recortes y restricciones del estado del bienestar que, desde hace años, inmisericordes, nos imponen nuestros circunspectos dirigentes en aras de la recuperación económica. La fiesta de la carne, como todo apetitoso plato en el que es posible desmelenarse sin llamar la atención, saciará las ansias de ponerse el mundo por montera. 

En La Palma también se disfrazarán las penas y se enmascararán los agobios del no saber cómo llegar a fin de mes para, al menos por unas horas, sentirnos los reyes del mambo, la samba y demás ritmos caribeños. 

En el singular carnaval antillano, envueltos en una densa nube, con ligeras guayaberas y sugerentes faldas y blusas de lino, tras el multitudinario desembarco, indianos e indianas,  con guarapos, mojitos y ron, se desmadrarán en el coso de la diversión. 

En definitiva, como alguien escribió en los servicios públicos de una estación de guaguas: del polvo venimos y al polvo volveremos y, entre polvo y polvo, nos divertiremos.

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