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Esperaremos por la verdad

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La tramitación precipitada de las excepcionalidades de la moratoria turística, forzando lo indecible la maquinaria parlamentaria, no tiene parangón alguno en esta Cámara, y probablemente en ninguna otra. Las prisas y el ocultismo (hasta las seis de la tarde los grupos políticos no tuvieron los dictámenes correspondientes) confirman los peores presagios: detrás de algunas de las urbanizaciones que se tramitan hay algo que no es precisamente el interés general. Y harían muy bien los empresarios serios en retirar su petición y esperar a que el asunto se tramite con la seguridad jurídica y la transparencia requeridas en un Estado de Derecho. El otro asunto que manchó de vergüenza al Parlamento de Canarias fue el de las conclusiones de la comisión de investigación sobre el concurso eólico. No es que CC y PP hayan manipulado la realidad de lo que verdaderamente ocurrió con el concurso; no es que hayan interpretado a su modo lo dicho en la comisión de investigación, con luz, taquígrafos y periodistas. Es que, sencillamente, han torcido tanto la verdad que la han terminado tapando detrás de un invento tan poco creíble que hasta ha hecho sonrojar a los pocos diputados decentes que quedan en esos partidos. No se puede estar recurriendo a la investigación judicial como excusa perfecta para llegar a la verdad y, cuando aquella les es contraria, adoptar una nueva postura que contradice los autos de procesamiento de unos acusados cuya vinculación política sólo tiene que ver con el PP. Un Parlamento que se diga serio no puede aceptar bajo ningún concepto que se acuerde decir una falsedad, porque si ya es grave en una sociedad avanzada que un político mienta, mucho más lo es que se solemnice una mentira convirtiéndola nada más y nada menos que en acuerdo parlamentario. Y no es que hubiera dos versiones de un mismo hecho y se eligiera la que menos dañaba al Gobierno y a su socio, el PP, lo que realmente ha ocurrido es que tanto José Manuel Soria como Adán Martín han pactado una mentira para esconder lo que conocen a la perfección, cómo se parió este concurso y cómo se hicieron los repartos. Llamar surrealista al acuerdo sobre la comisión eólica es ser muy generoso con dos partidos que lo único que intentan es tapar sus casos de corrupción, cada vez más numerosos y cada vez más conocidos por los ciudadanos. Por eso se han preocupado mucho de que este periódico no se quedara fuera de esas conclusiones tan indefendibles. CANARIAS AHORA estorba a una cada vez más identificada pandilla de salteadores de las arcas públicas que ocupan puestos claves de las administraciones para procurarse un opulento retiro. No es necesario desgranar aquí y ahora todos los calificativos que pudieran aplicarse a lo ocurrido este jueves en el Parlamento. Es un trabajo ocioso porque nuestra experiencia nos dice que a este tipo de personas les da igual lo que la ciudadanía piense de ellos mientras les vote. A nosotros nos basta con la verdad, nos basta con saber que en la verdadera trama eólica, la que pretendía enriquecer a determinados empresarios en una maquinación perfectamente urdida, hay un responsable máximo, José Manuel Soria, y una caterva de cómplices a la que se unieron este jueves los diputados de Coalición Canaria. No sabemos lo que tardarán los poderes públicos en dar con esa verdad y aplicar la ley con todo su rigor. Nosotros, que tenemos mucha paciencia, estaremos esperando aquí para contárselo a todos ustedes.

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