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Obama por Navidad por María Hernández-Ojeda

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Al entrar en clase hice la pregunta preliminar de todos los días: "¿Cómo están hoy?" Ya no hizo falta añadir más. Cuando empezaron a hablar todos a la vez, atropelladamente, con los ojos brillantes, comprendí que ese día mis estudiantes universitarios se habían transformado en párvulos, con la resaca emocional de la mañana de un 6 de enero, y la ilusión que sólo se puede sospechar en la infancia. A todos les habían traído el regalo más deseado: "yo estuve tres horas en mi colegio electoral en Brooklyn", "me fui a celebrarlo a Times Square hasta la madrugada", "mis vecinos estaban cantando por la ventana", "yo vi a gente haciendo la ola", "fueron mis primeras elecciones, y nunca las olvidaré." Sólo una voz se atrevió valientemente a afirmar: "Pues yo voté por McCain", pero fue como si hubiese soplado una ráfaga de viento y esas palabras jamás hubieran sido pronunciadas. Todos hicieron caso omiso y continuaron relatando su experiencia de la misma manera en que los niños ofrecen eufóricos la lista interminable de obsequios de su rey favorito.

El voto joven fue fundamental para la histórica victoria de Barack Obama. El 66 % de los votantes entre 18 y 30 años creyó en el senador afroamericano y en su mensaje de cambio. La generación de los blogs, e-mail, Google y Facebook piensa y se comunica de manera diferente. Se sintieron partícipes directos de una revolucionaria campaña tecnológica que habló en su mismo idioma, que los involucró en el proceso electoral como nunca antes había sucedido. Son estos jóvenes los que han crecido en una era multiétnica, los que no se resignan a los viejos prejuicios de sus mayores y no se imaginan la crueldad racial de las fotos en los libros de Historia. Son ellos quienes viven la diversidad con una naturalidad que preocupa a sus abuelos.

Esta vez, el desordenado ataque de la campaña republicana contra Barack Obama (que surtió efecto con Al Gore y John Kerry) no pudo desarticular la imagen de un candidato que posee la fuerza retórica de un predicador negro, la preparación académica de la universidad más prestigiosa del país y la conciencia social de un comprometido activista de Chicago. Los jóvenes de hoy serán los mayores del 2042, cuando se estima que más de la mitad de Estados Unidos ya no será blanca. El mundo está cambiando a la velocidad del Internet, y la esperanza de una sociedad más justa reside en la ilusión de unos jóvenes que recibieron el mejor regalo de Navidad un 4 de noviembre de 2008.

*Profesora de Hunter College-CUNY (Universidad de la ciudad de Nueva York)

María Hernández-Ojeda*

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