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Papafritadas anónimas

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Me refiero, concretamente, a la columna del otro día en que comentaba el aprovechamiento por el poder de situaciones sociales traumáticas para hacer reajustes económicos y hasta cambios de modelo. El impacto del desastre que sea produce en la sociedad un shock y le insufla el miedo que le impide reaccionar. A favor de este aprovechamiento teorizó Milton Friedman, padre del neoliberalismo radical, que tuvo ocasión de poner en práctica sus ideas como asesor de Pinochet e inspirador económico de las dictaduras del Cono Sur latinoamericano.

Las situaciones traumáticas permiten cambiar la orientación de la política económica a costa de los desfavorecidos y hacer fabulosos negocios a las grandes corporaciones mediante una sacralización del libre mercado que se lleva por delante las mejoras sociales sin resistencia de la sociedad traumatizada. Y pueden ser de distinto tipo, desde catástrofes naturales (Nueva Orleans) hasta dictaduras sangrientas (Pinochet), pasando por guerras (Irak) sin olvidar el terrorismo que da la oportunidad de recortar libertades. O una crisis económica como la que atravesamos en que la gente siente su precariedad y teme tanto perder su empleo que no rechista contra despidos o reajustes de plantillas abusivos.

Son comportamientos aconsejados por los gurús del neoliberalismo que han abierto un intenso debate mundial que no ignoran las personas informadas. La última aportación que conozco está aún en las librerías: "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", de Naomi Klein. De Klein diré que, aparte de su talla académica, ocupa ahora mismo el puesto undécimo en la lista de los intelectuales más relevantes del mundo confeccionada por las revistas Prospect y Foreign Policy.

El dicho lector Anónimo falta el respeto a los demás lectores y demuestra ignorancia al atribuirme a mí esas tesis y considerarlas sólo una explicación del mundo para la peña del Bar Perico. Aclararé que Naomi Klein jamás ha sido vista por allí y dado el tono despectivo de su papafritada, le aconsejaré que no permanezca tanto tiempo en la cafetería de la Universidad de la Vida donde Paulino recluta a los suyos.

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