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Perseguir a Telma

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Diana era la princesa de un cuento soñado por millones de mujeres en el mundo. Como puede ser ahora el cuento de Letizia Ortiz, la periodista que se casó con un príncipe heredero. Ambas eligieron casarse con príncipes, y con esa decisión asumieron cambiar sus vidas anónimas por los palacios, el lujo, los rigores del protocolo, el tratamiento real y los posados. Ninguno de sus hermanos, sus padres, sus primos o sus amigos de la infancia tuvieron parte en la elección, por lo que carecen de derechos dinásticos y obligaciones sobrevenidas.

Por eso es injusto lo que le está pasando a Telma Ortiz, hermana de Letizia Ortiz. Telma acaba de ser madre y disfruta ahora mismo de la baja de maternidad, lo que le permitió acudir este lunes a un juicio muy especial en Toledo. Ella y su compañero reclaman que los periodistas les permitamos vivir en paz, que no les persigamos cada mañana, cada tarde, cada noche; que les dejemos de preguntar por lo que hace ella por conservar su piel tan tersa o por el nombre con el que piensan bautizar a su hija.

Que el fiscal del juzgado de Toledo donde se ha visto la demanda de Ortiz contra más de cincuenta medios de comunicación haya pedido su archivo no es una buena noticia para construir entre todos los límites por los que se han de mover los derechos de información y a la libertad de expresión frente a los de la propia imagen, el honor y la intimidad.

No debería ser noticia la vida privada de alguien que no ha elegido una vida pública, que es cooperante internacional con destino en Filipinas, que jamás ha vendido una exclusiva ni posado con su pareja en su residencia veraniega en cualquier punto de la costa levantina.

El público consume todos los chismes que se le ofrezcan, pero quizás haya que autoregular la profesión periodística para regresar a la vieja escala del interés verdadero, de la notoriedad ganada por méritos indiscutibles, de la popularidad del que canta bien, de la que escribe maravillas o de los que actúan de manera inconmensurable en la última película de Almodóvar.

Lo demás es condenar a la gente al túnel del Alma.

Nota del autor: Este jueves se ha conocido el auto de archivo de la demanda de Telma Ortiz y su pareja. La juez entiende que el letrado no se refirió en su acción a vulneración del derecho a la intimidad de los demandantes, sino que sólo alegó infracciones del derecho a la propia imagen. "Ambos, aunque están muy vinculados, no son iguales y la magistrada ha hecho una estricta distinción entre ellos. Y las medidas cautelares sólo pueden dictarse para proteger los derechos sobre los que va a versar el procedimiento principal", según El País.

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