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Roma con Santiago, ¿qué está en juego? por Octavio Hernández

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Para Antonio Morales constituye un disgusto compartir candidatura y grupo con Domingo González Arroyo, o con quien sea que quede fuera de Tahíche en el PIL en mayo próximo, otros me dicen que es impensable un grupo parlamentario liderado por Santiago Pérez del que forme parte El Marqués, algunos me comentan que ya se lo han dicho a Arroyo, que no se presente para facilitar el acuerdo. Todos estos comentarios no han conseguido otra cosa que provocar el orgullo del Marqués y reforzar su decisión de encabezar la lista al Parlamento por su partido. Bien escuchados, todos son criterios absolutamente lógicos, es lo que se espera que sostenga cada uno. Error. Error. Son lógicos, pero no sensatos en el momento actual. Es lógico que una vez consumada la escisión del PSOE, con lo que hay y lo que va a haber, alguien pueda pensar que se debe excluir entonces de la coalición con NC al CCN, al PPM y al PIL, y a sus aliados minoritarios. Se plantea como un dilema excluyente para NC: o con ellos o con nosotros, o unos u otros. Ni hablar de ir todos juntos. Pero esa lógica sólo funciona si de lo que se está hablando no es de gobernar, imponer reformas, influir de verdad en el cambio del sistema político, sino solamente de presencia parlamentaria, es decir, de conservar unos asientos, unos sueldos, unas prerrogativas, un estatus, unas susceptibilidades y pruritos de imagen, propaganda e ideologías, o bien continuar una guerra intestina de vendettas y venganzas personales fuera del propio partido. Lógico, pero insensato.

Está en juego un grupo parlamentario amplio numéricamente y amplio ideológicamente, formado mediante un proceso de coalición similar al que dio origen a CC; pero ese no es el objetivo, sino el medio. El juego es cambiar el sistema electoral, normalizar la democracia, oxigenar la vida parlamentaria y la participación política, restaurar el derecho de sufragio que ha sido burlado. Es participar activamente en una legislatura de grandes reformas que CC ya ha pactado con el PSOE en Madrid, a su favor y a favor de los mismos de siempre, para consolidar el régimen con la Ejecutiva de José Miguel Pérez en calidad de bufones rastreros cuya única esperanza para no asumir que deben dimitir es llegar a las elecciones boqueando para saltar en la pecera que les ponga Paulino Rivero. Esto es lo que está en juego a medio plazo.

Por supuesto, el grupo parlamentario así formado va a ser un auténtico pastiche difícil de acomodar a lo políticamente correcto y tendrá consecuencias en caso de gobernar y en la actividad parlamentaria. Habrá que derrochar pedagogía, explicación y claridad en los objetivos y el programa. Se trata, en suma, de constituir el Partido de los Excluidos contra el Partido de los Excluyentes. Todos estamos excluidos. Basta citarlos por sus nombres: Ignacio González, excluido del PP; Odalys Padrón, excluida de Ciudadanos; Santiago Pérez, Corrales y los suyos, excluidos del PSOE; Román Rodríguez, excluido de CC; Domingo González Arroyo, excluido del PP; Manolín Travieso, de AM; el PIL excluido por CC, además de recluido por otros motivos, claro está; excluidos están Los Verdes e Izquierda Unida, por razones más internas que electorales, pero al final también les espera ser víctimas de la exclusión del sistema político diseñado por CC y PP. Todos, en distintos momentos, por distintos motivos, estamos excluidos. Y seguiremos estándolo si algunos, por la lógica borrosa de la miopía, no comparten la visión de coaligarnos. Queremos acabar con la exclusión, al menos, tal y como ha sido diseñada en beneficio de CC y PP, que ha tenido al PSOE de fiel comparsa, más votado para nunca gobernar. Representamos la conclusión a la que se llegó en 2007: un solo partido, por implantado y votado que sea, como fue el liderado por López Aguilar, no es suficiente para alcanzar el gobierno y cambiar el sistema político; de seguirse las divisiones ideológicas naturales, ninguna agrupación puede tampoco oponerse a la alianza CC-PP, ni impedir que ese sea el resultado en la segunda mitad de la próxima legislatura (¿todavía alguien lo duda?).

Pero, más allá de estas ideas, se encuentra una amenaza estratégica. Con la escisión de CC en Gran Canaria y del PSOE en Tenerife, ya solamente el PP conserva una estructura proporcional representativa de todo el archipiélago. Me dan pena las falsas esperanzas de los mequetrefes de la Ejecutiva del PSOE, escondidos del aluvión que los va a barrer creyendo que el paraguas de las siglas aguantará en las encuestas. Lo mismo pensaban en ATI sobre la viabilidad de CC en Gran Canaria, y mira. Sólo que a Paulino le quedaba, le queda siempre, el PP; mientras que José Miguel Pérez, Julio Cruz, Spínola, Alemán y sus adláteres ya son cadáveres políticos que manotean inútilmente en el éter fétido de la mórbida polítiquería ática. El efecto de las dos escisiones, en Gran Canaria y en Tenerife, va a empujar, empuja ya, al sistema político de vuelta a un esquema biprovincial. ¡Cuidado con esta novedad! No nos engañemos, seamos claros: entrar hoy en un esquema biprovincial de partidos es exponerse mañana a un archipiélago con dos Autonomías. Las condiciones están puestas: crisis del REF como instrumento de financiación local; conflicto sangrante entre Cabildos y Gobierno Autónomo; quiebra de los ayuntamientos y propuesta de reducción de municipios. Es el desastroso éxito total de ATI durante dos décadas. No es que el debate promovido por Agustín Millares, Pepe Alemán y otros haya sido extemporáneo, ni tenga raíces profundas. Es que fue prematuro y aún debe florecer: ¿estamos por la doble Autonomía de imitación provincial de 1927, con las islas periféricas de seguras perdedoras, cautivas como antaño de los dos centros metropolitanos, o por las Autonomías insulares federadas en la nación, dentro de una sola Comunidad Autónoma, por ahora? Este es el juego en el que ya andamos, que se jugará Canarias a largo plazo.

En definitiva, es la hora de la unidad de los excluidos, no de los matices, ni las tonterías. Es el momento de lo improbable, lo no previsto, que también juega su papel en la historia. Podemos elegir hacer lo que no ha previsto el sistema electoral, lo improbable desde un punto de vista lógico, pero sensato desde un punto de vista práctico. La idea de que cada palo aguante su vela y Roma con Santiago entre en el Parlamento a la vez que se envía el mensaje de que se busquen la vida para entrar solos con sus propios votos en Fuerteventura y Lanzarote, es justa, pero lo arriesga todo a una carta por simple comodidad, cuando es momento de decisiones incómodas que, sí, seguramente nos desagradan, pero pueden resultar letales para las pretensiones de CC y esta, y no otra, es la cuestión. Acabemos, entonces, de una vez con este régimen bastardo.

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