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O alguien se independiza o van a volvernos locos

Manifestación independentista en Cataluña

El otro día Paulino Rivero reunió a unos 200 cargos y representantes institucionales para firmar un manifiesto contra las prospecciones petrolíferas en un acto que Asier Antona, obediente mandamás soriano, calificó de "payasada". A estas alturas está uno tan harto de la falta de respeto de la derechona a quienes se le oponen que paso por alto semejante malcriadez. Aunque nos inquiete a los abuelos haber compartido con nuestros nietos actuaciones de payasos en sus cumpleaños sin advertirles de que asistían a un acto político, angelitos.    

A la ocurrencia de Antona se añaden otras por el estilo. La ya ineféibol delegada Hernández Bento, que lo es del Gobierno, descalificó el acto porque el total de cargos públicos en Canarias es de 1.700 frente a los 200 firmantes. Aplicó, pues, las tesis rajoyanas de las mayorías silenciosas de las que resulta que en España no hay afición al fútbol porque 40 millones de ciudadanos, por lo menos, no acuden a los estadios. Y en cuanto a la diputada Australia Navarro, ya la escucharon solicitar la inhabilitación de Rivero por actuaciones que, según ella, "bordean y violentan" la legalidad, además de invadir (¿o piratear?) competencias del Estado. O sea, que violenta la legalidad e invade el ámbito de competencias quien sostiene opiniones contrarias a las del Gobierno central, trata de defenderlas con los medios de que disponga y pide permiso para organizar un referéndum que determine hasta qué punto el ciudadanaje aprueba o desaprueba las prospecciones. Yo llamaría a eso juego democrático pero lo cierto es que del bolichazo niega Navarro no ya el derecho a opinar sino el de mera petición. Debía estar Navarro en Australia cuando su señorito Soria promovió el primer recurso contra las prospecciones. ¿Violentó él también la ley? Se está buscando la ruina.    

Y ya que menciono a Soria, le oirían proclamar el desmoronamiento de la oposición una vez iniciados los sondeos. Lo que corrobora Hernández Bento al hacer notar que los canarios han acogido con absoluta tranquilidad el inicio de los trabajos, señal inequívoca de que las protestas son cosa de los "eternos descontentos", como decía Aquel que habitó entre nosotros y ahí sigue reencarnado. Olvidan que, al negarle a los canarios la oportunidad de manifestar su opinión, tampoco tienen los peperos manera de demostrar que  la mayoría de la población está con ellos. Con lo que nos han dejado a merced de las encuestas; al menos mientras no encuentre el Gobierno la manera de prohibirlas.

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Los conejos contra las escopetas

Incidente de la Armada con Greenpeace.

El Gobierno pepero ha vuelto a lucirse con las embestidas de la Armada contra las zodiacs de Greenpeace; en defensa, ya saben, de los intereses españoles al frustrar un abordaje (pirata, nada menos) al barco perforador de Repsol. Los conejos contra las escopetas, en versión conjunta del ministro de Defensa; de la Hernández Bento, delegada gubernamental en Canarias; del Hernández Bento, hermano de la anterior y subsecretario de Industria; del inevitéibol Soria que no se calla ni debajo del agua y con demora del palmero Asier Antona. Todo ello en medio de zodiacs con propulsión de agua a las que por exigencias del guión les salen hélices, una “pirata” gravemente herida en una pierna de acuerdo con la tradición, rescatada del mar por las fuerzas del Bien y la maldita grabación que ha dado la vuelta al mundo dejando claro que estamos en un país del que hay que salir corriendo.

En aras de la brevedad y para no caer en fáciles sarcasmos, me referiré aquí solo a los intereses nacionales en juego y a la apelación al imperio de la ley, la que respetan según convenga. Estuvo fino Tristán Pimienta al recordar, en La Provincia, que el interés nacional y la seguridad están hoy del lado de no boicotear desde el Gobierno las alternativas energéticas limpias que reduzcan la dependencia de fuentes inseguras, como el petróleo, para satisfacer la avaricia de las compañías del ramo y sus puertas giratorias.

Comenzaré subrayando que no es casual que en España las leyes favorezcan a estas compañías. Tampoco que esa percepción social de la realidad legislativa sea una de las causas profundas de la actual crisis institucional que en el caso canario adquiere tonalidades colonialistas que dan que pensar. Cada vez se siente más en vivo que, aunque las leyes emanen de las señorías parlamentarias salidas de las urnas, el diseño es de los grandes lobbies empresariales, sobre todo si son tan poderosos como los del sector energético que nos pone en chino antiguo hasta el recibo de la luz. El espectáculo de diputados y senadores votando según les indique la mano del cabeza de grupo está ahí y es legítimo sospechar que muchas señorías votan sin saber de qué va la cosa para seguir en el escaño un tiempito más. Que el PP recurra al Decreto Ley con tanta frecuencia indica un modo de entender la mayoría absoluta que, si bien lo retrotrae a sus antecedentes franquistas, que haberlos, háylos, también pudiera deberse, para los más optimistas, a la mella que ha hecho en las señoras y señores diputados el rechazo de la calle (el “no nos representan” de los “asaltantes” al Congreso, primos hermanos de los “piratas” ecológicos) reflejo del hastío del país que figura en el punto de partida del fenómeno Podemos.

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Rajoy y Mas, amortizados

Artur Mas dice que el derecho a decidir "no tiene nada que ver con el nacionalismo"

La mutua desconfianza y deslealtad de Mariano Rajoy y Artur Mas los asemeja a personajes de tragedia griega arrastrados hacia su inevitable destino por la incapacidad de ambos dos para cambiar el chip. Esto implicaría que la parte "españolista" admita que Cataluña es la nación que realmente es y que los catalanes reconocieran, a su vez, lo que algunos han apuntado ya: España es también, para millones de ciudadanos, una vieja nación, no un simple Estado impuesto por la fuerza a pueblos a los que oprime para explotarlos mejor, que diría el lobo de Caperucita. A partir de ahí, sería posible llegar a la Constitución de corte plurinacional e integrador que necesitamos desde hace demasiado tiempo en aplicación del principio de cada uno en su casa y Dios en la de todos. Sería posible, digo, pero poco probable, lo que hace que la cuestión catalana nos deje la sensación de que comienza a pasárseles el arroz y que tanto Rajoy como Mas están amortizados de cara a la definitiva modernización de España y su encaje en la futura Europa. 

Al presidente español le pesan demasiado los cálculos electorales, el temor a perder los votos de los inasequibles al desaliento que mantienen las concepciones más integristas de la unidad de España, coño. Lo que explicaría, a mi entender, que el problema catalán se saque del ámbito político para judicializarlo. Me pregunto qué sentido tiene la exigencia de que se atenga estrictamente al marco legal preestablecido un independentismo que en su expresión menos radical reclama, como mínimo, otro diferente. La negociación política implica mutuas concesiones y si una de las partes o las dos no ceden, no hay nada que hacer.

Para el PP la intransigencia es su principal activo. Fue la que dio lugar a la sentencia de 2010 y llevó al partido a promover aquella recogida de cuatro millones de firmas por toda España para que el referéndum sobre el Estatut se hiciera extensivo a todo el Estado; por no hablar de la campaña catalanofóbica dirigida, como todas sus acciones durante aquel periodo, a despertar los viejos demonios que les proporcionaran votos para tumbar a Zapatero. Esa política de vía estrecha condujo a Rajoy a un callejón de tan difícil salida que trata de colgarle el muerto a la Justicia para que solucione la papeleta. Cargado con la responsabilidad de gobernar el país, cualquier gesto de mínima prudencia, el mero diálogo por ejemplo, se interpretaría necesariamente como debilidad e incluso traición a las esencias removidas y se parapeta en los tribunales.  

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Corrupción, referéndums y topar con la Iglesia

Marcos Martínez, presidente de la Diputación de León, encarcelado por supuesta corrupción.

Tengo la sensación de que PP y PSOE no acaban de posicionarse como Dios manda, que diría Rajoy, contra la corrupción. Por lo que llevo visto, se enfrenta menos a ella que entre ellos, mirando siempre a las urnas que aguardan. El primer indicio es que existe en el Congreso un paquete de medidas del Gobierno que espera el santo advenimiento de un consenso con el PSOE, que no está por la labor. El bipartidismo de hoy tú, mañana yo y siempre los dos en el machito no pasa por sus mejores momentos. De todos modos, esa voluntad de consenso, aunque sea con la boca chica, resulta novedosa pues si algo ha caracterizado al Gobierno es la utilización del decreto ley para imponer recortes y otras granujadas que nos han cambiado la vida. Incluso hay leyes aprobadas solo con los votos de su mayoría absoluta que ha aplaudido la "victoria" con notable entusiasmo. El famoso "¡que se jodan!" con que la diputada Fabra celebró uno de esos triunfos quedó para los anales. Quiero decirles, en fin, que de interesarle al PP adoptar esas medidas durmientes ya estarían en vigor, para qué engañarnos.

Rajoy, como saben, respondió a la negativa del PSOE a consensuar las tales medidas cuasi amenazando, en tono despechado, con hacer que se aprobaran solo con los votos del grupo popular: le interesaba ir del bracillo del PSOE para distribuir la carga de los escandalazos de octubre que le ha puesto en la picota de la indignación ciudadana. A él y al resto de la clase política.

El intento pepero de repartir la mierda resultó tan burdo que puso de manifiesto hasta donde llega la imprevisión producto de la impunidad con que han obrado los corruptos más o menos presuntos. Nunca creyó el PP que las cosas llegaran tan lejos como para poner de manifiesto que no se trata de delincuentes aislados, ni de un par de manzanas podridas sino de tramas organizadas desde la política para el saqueo del país.

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El clarinetazo de Podemos

Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en un acto de Podemos.

"Esa persona por la que usted se interesa", "esas pocas cosas que han ocurrido", "todo es falso, menos alguna cosa" (en referencia a los papeles de Bárcenas) son algunos de los recursos de Mariano Rajoy para trasladarnos la impresión de que el PP, el Gobierno y sobre todo él mismo nada tienen que ver con la corrupción; es una forma de despejar a córner a la que no negaré su coherencia con la política pepera de "externalizar" (vulgo, privatizar) responsabilidades. Sin embargo, tiene uno la impresión de que la Justicia se va imponiendo a las conveniencias políticas de pasar de puntillas y no hacer sangre. Es fuerte la sensación de que la redada "púnica" ha cogido mal sentado al Gobierno.

Que el juez Eloy Velasco, que puso en marcha la operación, ordenara a la Comunidad de Madrid la entrega de decenas de contratos sospechosos denota que su señoría sabe que, en materia de corrupción, el que menos corre tira al de adelante. Se trata de contratos que ilustran la gestión de Francisco Granados entre 2004 y 2009, de los que algunos alcanzan los 100 millones de euros. Se comprende, pues, la rápida y atribulada comparecencia de Esperanza Aguirre para pedir perdón por haber elevado, sostenido y defendido a quien fuera su hombre de confianza. Aunque no aclaró qué le duele más, si que le saliera ranón más que rana o no oír a tiempo el zarpetazo de su zambullida en los dineros públicos. Lo que no ha pasado desapercibido es que el "madrugón" de Aguirre desvela su intención de volver al primer plano. Menos imaginativo que Aguirre fue, en la parte que nos toca, el ínclito Soria que se declaró el "primer indignado", nada menos, con tanta corrupción; la de los demás claro. Primacía que, por cierto, reclama también para sí José Miguel Bravo.

La comparecencia de Esperanza Aguirre contenía también, no sé si sobre todo, el recado a Mariano Rajoy que lo obligó a bajarse del plasma para acudir al Senado a pedir perdón sin anestesia y presionado tanto por la oposición como por su propio partido. Está visto que el rey Juan Carlos creó escuela, aunque Rajoy no llegó al punto de prometer que no volverá a ocurrir porque no está en condiciones de asegurar que no le crecerán los enanos del circo que se ha montado.

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Cosas de la desafección

Cristobal Montoro.

Esta semana asistimos a los esfuerzos en el Congreso de los Diputados del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no tanto por vendernos la burra de los presupuestos, que también, como para convencernos de que España tiene asombradito al mundo con su recuperación. Los muy viejos del lugar no recuerdan nada igual desde el día en que el Caudillo fue sorprendido probando, en los jardines de El Pardo, el motor de agua de su invención, con Santa Teresa de copiloto y la Guardia Mora vigilando entre los parterres, no fueran los rusos a robarle la patente.

A Montoro le replicó Pedro Sánchez, nuevo líder de la oposición socialista. Hizo las críticas pertinentes, siempre en la línea de la necesidad de un cambio, palabro desvalorizado porque, después de todo, cambio ofrecía también Rajoy frente a Zapatero. Aunque, debe reconocérsele, fue la única promesa electoral que cumplió: nos cambió la vida; para peor, pero no es menos cierto que nunca se comprometió a mejorarla. Decía Gracián que hablar es efecto grande de la racionalidad " y "atajo único para el saber : hablando los sabios engendran otros”; olvidó el sabio jesuita que eso es así cuando, además, se escuchan los interlocutores, lo que no es el caso del Congreso donde no rige el principio de que hablando se entiende la gente.

Los presupuestos, el petróleo y Canarias

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Cosas de un país llamado España

El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero.

A la selección sub 21 de fútbol me la descolgaron de la competición europea de naciones y de los próximos Juegos Olímpicos. El fracaso completa el de Brasil en el último campeonato del mundo que ha acabado de frustrar la expectativas de los colegas de los medios informativos encargados de estos menesteres. Uno, qué quieren, hubiera preferido que continuara la racha que traía España, pero no pierdo de vista que el fútbol es un juego en el que unas veces se gana y otras se pierde; incluso se empata, lo que puede ser para bien o para mal. Algo que, por supuesto, saben de sobra los críticos y comentaristas deportivos por lo que la intensidad de esa frustración no la da ignorar que a las derrota de hoy seguirá la victoria de mañana y viceversa sino la enorme presión del gran negocio que es el fútbol. No es lo mismo glosar las glorias cuando se gana que mamarse la tranca de perder. Las cifras que mueven los patrocinios y publicidad en los medios informativos se relacionan directamente con los triunfos sobre el césped. El fútbol, en fin, mueve dinero, genera empleo e impulsa a otros deportes minoritarios; incluido el solitario de esos vecinos que corren con sus cronómetros y cuentakilómetros y te obligan a mirar antes de doblar la esquina, no vayan a arrollarte. Y toco madera no sea que se le ocurra a Cardona llenar de “corródromos”, que es muy de ocurrencias el alcalde de Las Palmas.

El fútbol como espectáculo de masas ha aprovechado para hacer dinero en cantidades colosales la pasión tribal primigenia por unos colores Son sentimientos puros que los izquierdosos de prontuario detestan porque, dicen, embrutecen al personal y retrasan la revolución. Una postura radical suavizada con el paso del tiempo de modo que las actitudes más extremas son ahora las de quienes se dicen forofos del equipo que juegue contra el Madrid: no se le perdona que fuera en su día, según dicen, el mejor embajador del Régimen franquista.

Sin embargo, qué quieren, me da que el fútbol dio a este país su primera trasversalidad ideológica pues los clubes no discriminaban bajo el franquismo entre sus socios a los fachas de toda la vida de los encuadrados en cualquiera de las infinitas expresiones del mester de rojería. La misma filosofía, por cierto, de algunos periódicos que alternaban artículos ajustados a la ortodoxia del Régimen y otros de progresía solapada pues sumaban todas las pesetas de la compra de un ejemplar, ya salieran del bolsillo de un consejero del Movimiento o de cualquier rojo furibundo.  

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Vivimos en democracia vigilada

Tribunal Constitucional.

No perderé el tiempo con el informe de la Abogacía del Estado sobre la consulta petrolera de Paulino Rivero. Sería caer en una doble trampa. La primera, rechistar ante el dictamen de tan ilustres juristas desde mi condición de ciudadano forzoso del Estado abusador que ellos defienden; la segunda, tomarme en serio la pregunta propuesta por el Gobierno canario.

Si el informe detecta ocho vulneraciones, ocho, de la Constitución, sacrosanta siempre que Merkel no mande otra cosa, la pregunta no alivia la impresión de que vivimos en un régimen de democracia vigilada por poderes que están no más allá sino por encima del político. Si prescindimos de tanta fronda polémica se advierte, al final del pasillo, el firme propósito gubernamental, legal por supuesto, de impedirle a la gente no ya decidir sino ni siquiera expresar su opinión en cuestiones que le conciernen, como esta de las prospecciones.

Así las cosas, propondría el bonito ejercicio de aparcar la discusión del riesgo o no riesgo de las prospecciones; la de si quienes se oponen a ellas y están por las energías convencionales quieren o no regresar a la Edad de Piedra; si Soria es o no empleado del año de Repsol, etcétera.  Si quitamos todo eso veríamos que no está en nuestras manos el futuro de Canarias.

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Más de catalanes y lo mismo de presupuestos

Mas asegura que por mucho que intenten parar la voz del pueblo de Cataluña no lo lograrán.

La semana pasada hice a Artur Mas paradigma del catalán de buena fe que ha ido desde el autonomismo consagrado en la Constitución hasta las fronteras del independentismo que aún no ha cruzado. Como hay gente para todo, hay quien me reprochó que tratara de justificar al presidente de la Generalitat. Lo único que me faltaba. En realidad, me limité a constatar que hasta ahora, que yo sepa, Mas no se ha declarado abiertamente independentista por lo que no puedo atribuirle esa condición. No es que considere bueno, malo, medio pensionista o lo que sea el independentismo, sino que si uno no quiere perderse ha de atenerse a los hechos, que, en este caso, son informaciones en los medios, en las que incluyo entrevistas que se le han hecho y que me permiten advertir en Mas una evolución no muy diferente a la observada en varios amigos catalanes.

El primer Mas del que tuve noticia se decía autonomista convencido y consideraba el independentismo una antigüalla que conduce a la frustración colectiva. Abogaba entonces por el desarrollo del sistema autonómico que muy bien pudo representar el texto de la reforma del Estatuto que dio lugar a la sentencia de junio de 2010 del Tribunal Constitucional (TC); la que disparó el independentismo que ha capitalizado Esquerra Republicana (ERC). La sentencia la provocó el PP que, en su feroz campaña de destrucción del presidente Zapatero, vio una buena oportunidad de golpearlo en aquella reforma estatutaria sin pararse a pensar en las consecuencias. La sentencia hizo ver a quienes querían encajar a Cataluña en el sistema autonómico español que habían hecho el canelo. Se quedaron sin argumentos. La sentencia, recordé la semana pasada, tenía un preámbulo que los catalanes consideraron ofensivo en el que el TC se decantaba por las posiciones militantes del nacionalismo españolista y anulaba algunas disposiciones iguales a las que siguen vigentes en otros estatutos promovidos o apoyados por el PP.

Después de aquello, Mas, ya como presidente de Cataluña, presentó en Madrid una propuesta de pacto fiscal que Rajoy rechazó de plano sin considerarla siquiera. Era la clave de bóveda de su política al frente de la Generalitat por lo que no le quedó otra salida que reconocer su fracaso y convocar las elecciones anticipadas de 2012. Volvió a formar Gobierno con el propósito programático de consultar directamente a los catalanes qué querían ser en el futuro. El famoso derecho a decidir que evidenció la falta de cintura y de capacidad de diálogo de Rajoy, empeñado en señalar a esa reivindicación democrática básica como bandera del independentismo; favor por el que le quedarán eternamente agradecidos los independentistas que amenazan con vender todo el pescado. No quiso ver Rajoy que no son pocos los catalanes que quieren ser consultados para decir no a la independencia y acabar con semejante guineo o reducirlo a su dimensión real, ya sin cabreos. Pero está claro que el nacionalismo españolista no se opone a la independencia sino a cualquier fórmula que permita pronunciarse a la ciudadanía. Y más cuando trata de imponer una recentralización que acabe con el sistema autonómico muy en la línea, por cierto, de Aznar. Y de la involución democrática. Que por ahí van los tiros lo demuestra que casi el 90% de los ajustes (de los recortes, para decirlo mejor) han corrido a cargo de las comunidades y de las corporaciones locales mientras se mantenían los dineros y efectivos de la Administración de que vuelvan los buenos tiempos con las autonomías cautivas y desarmadas habrá acabado todo. Los recortes han ido contra la sanidad y la educación gestionadas por las autonomías y apenas han tocado el gasto corriente de la burocracia estatal. Están preparando el relevo.

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Rajoy no habla catalán en la intimidad

Imagen aérea de la 'V' formada en la última Diada. Foto: @araeslhora.

Dolores de Cospedal descalificó la propuesta de reforma constitucional de Pedro Sánchez con una simplonería que hasta miedo da. Dijo que no planteaba una reforma constitucional sino un nuevo modelo de Estado. Horror. Desde luego, sigo sin saber a qué aspira Sánchez con un partido esclerotizado detrás; pero Cospedal y los suyos siguen fuera de la realidad de pertenecer a un entorno de naciones que reconocen ampliamente las especificidades culturales y políticas y a un mundo que tiende a fusionarse en organismos supranacionales, a la desaparición de las fronteras y a un cosmopolitismo que cuestiona el concepto mismo de nación. Lo que ha dado lugar a la paradoja de que el nacionalismo españolista, defensor de la unidad y la fortaleza del Estado central de toda la vida, no rechiste ante la entrega a instancias supranacionales de la política económica y monetaria entre otros atributos de la soberanía de ese Estado; que no percibe el desmoronamiento de la rígida dialéctica centro-periferia por fenómenos nuevos, como el de las regiones económicas integradas por territorios con características complementarias e intereses afines, aunque pertenezcan a dos o más Estados diferentes.

Cataluña y la Constitución

Detrás de la propuesta de Sánchez y del desbarre de Cospedal está la nueva entrega del secular conflicto catalán del que solo se acuerdan como de Santa Bárbara, cuando truena. Así, pasan las generaciones sin que se genere el diálogo que lleve al reconocimiento de Cataluña como la nación que es y a que los catalanes admitan, de una maldita vez, que España es también una antigua nación aceptada por millones de personas y no un simple Estado construido mediante la absorción de varias naciones o nacionalidades. Este es el paso previo, ineludible para la solución del problema.

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