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De "América para los americanos" (del norte) a "América, lo primero"

El presidente de EEUU Donald Trump

Suelen los políticos exigir a sus contrincantes que pidan perdón por esto, por lo otro y lo de más allá. Y como algunos acceden pensando que basta para quedar como un San Luis, debo recordar las imprescindibles exigencias, digamos litúrgicas, del dolor de corazón y el propósito de la enmienda que han de acompañar al reconocimiento de culpa para que el perdón se produzca realmente. Son demasiadas las tribulaciones del personal de a pie para encima obligarlo a discernir si se cumplen o no las condiciones del perdón. En realidad, nunca creí que Dios hubiera delegado la distribución de absoluciones al cura, con aliento a café de refectorio madrugador, surgido de la penumbra del confesionario con la rutinaria pregunta de cuántas veces, hijo mío, a la que contestabas bastantes, padre, pues no ibas a estarlas contando. Eran tiempos peligrosos pues si no eran suficientes el Mundo, el Demonio y la Carne como enemigos del alma, había que pechar con comunistas, masones y demás ralea juramentados, como sabía todo el mundo, para calzar por el Centinela de Occidente, vencedor de cien batallas en defensa del esforzado fortín español que de sucumbir allanaría el camino al Imperio del Mal, contra el que tan explícita fue la Señora de Fátima y no sé si la de Lourdes aparecida en la impía Francia.

Muerto Franco, si realmente murió, que los autores no van muy de acuerdo, volvieron los partidos y las urnas y sin todavía recuperarnos de la impresión se nos vino encima el muro de Berlín que enterró en la escombrera a la URSS. Apenas dio tiempo de arrumbar los rosarios en familia del padre Peyton, parte de la “ayuda americana”. Y cuando nos creíamos a salvo de todo aquello, se nos viene encima la extrema izquierda fanatizada y los antisistemas radicales en un tótum revolútum con toda clase de ecologistas, feministas, gays, drogotas, seguidores del Real Madrid y no pocos culés.

Ya estábamos a punto de asimilar todo eso cuando irrumpió Donald Trump y su “América, lo primero”. El cuerpo le pedía al ya presidente recuperar la doctrina elaborada por John Quincy Adams, el sexto presidente USA, aunque fuera su inmediato antecesor, James Monroe, quien le dio su apellido y la sintetizó con el eslogan “América para los americanos”; para los americanos del norte, claro. Pero debieron los intelectuales de cámara que le rodean hacerle ver que podían cogerlo por la palabra los descendientes de Toro Sentado, Gerónimo o Nube Roja, si quedó alguno, y reivindicarse como los verdaderos y genuinos americanos. Debió ser por eso que se centró en los musulmanes terroristas por Alá y en los cuarenta y pico millones de hispanos, mujeres y niños incluidos, que viven en los USA.

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La historia no es interminable: se repite

Fernando Clavijo en el Parlamento de Canarias

Tengo la impresión de que a Asier Antona le vino bien la crisis de Gobierno. Aunque sigo sin saber a qué atenerme con el presidente pepero. No sabría decir si está bien situado por méritos propios, eso que se dice de administrar los tiempos y elegir el momento de meterle al otro el dedo en el ojo; o si es que a sus rivales no hay por donde cogerlos y ya sabemos cuanto destacan los tuertos en el país de los ciegos.

Pasó Antona, en unas semanas, de una prudente ambigüedad a meterle prisa a las otras fuerzas interesadas para tener dispuesta la moción de censura a Clavijo antes de febrero. Está, pues, decidido a participar con las demás formaciones (menos Podemos, imagino) en la defenestración de Clavijo, si bien exige que faro y guía de la operación sea el programa del PP. Necesita reforzarse porque, dicen, podría disputarle la presidencia del partido Cristina Tavío, que cuenta con la ventaja inicial de ser de Tenerife, hecho determinante para la pertinaz derecha tinerfeña que ha logrado, por fin, llevarse la gaviota pepera a la costa de Añaza. Cosa que, contra lo que puede parecer, no daña la biodiversidad.

Como uno ya está en edades cuasi provectas para andar con boberías de programas, abordaré el asunto por lo que va de ayer a hoy. Porque ayer se veía mal un arreglo PP-PSOE frente al redentorismo nacionalero de Coalición Canaria (CC). Los dos partidos lo evitaron no fuera a caerles el dichete de “fuerzas godas” aliadas para aplastar a la única formación que proclamaba su “exclusiva obediencia canaria” y dos piedras. Sin embargo hoy, habrán visto, están socialistas y peperos dispuestos a comer huevos fritos en el mismo plato. Y con los nacionalistas de Nueva Canarias (NC) en la rueda de presentes, le será difícil a la desacreditada CC calificar de anti algo esa censura, si se produce: nadie ignora que CC es el instrumento de que se ha valido la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) para hacerse con la hegemonía política y mantenerse en la presidencia del Gobierno canario durante casi un cuarto de siglo, gracias a una ley electoral de apaga la luz y vámonos. CC es, ahora mismo, la tercera fuerza en número de votos. Tan chocante resulta que felicitaron a Fernando Clavijo en la conferencia de presidentes autonómicos del otro día, en Madrid, por mantenerse en la presidencia. Me excuso de no volver a explicar semejante anomalía, juego de las dos sillas incluido.

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La maldición insularera isloteña

La guerra provincial de Canarias no es un tema nuevo en el archipiélago. (Canarias Ahora)

Aclararé, para empezar, que si me convenció la labor del Antonio Morales en el ayuntamiento de Agüimes, no acabo de ver si su gestión en el Cabildo de Gran Canaria responde a lo que muchos esperábamos. Quizá porque ya no presto la atención de antes a nuestros poco satisfactorios hombres públicos y me consuelo con que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Y no porque los políticos de hoy sean peores sino debido a que los de antes, los que estrenaron democracia, estaban “inventando” los partidos y los de ahora, ya atrapados en las reglas y los ritos de la partitocracia, resultan repetitivos y aburridos cuando no estomagantes y desvergonzados. Por eso agradezco que la Oxford Dictionaries haya proclamado a la “postverdad”, palabra internacional del año.

El palabro, “postverdad”, se refiere a la mayor influencia en la opinión pública de las emociones y de las creencias personales o compartidas respecto a los hechos puros y duros, la verdad a secas. Sería el caso de los brexiteers, o partidarios del Brexit, a los que no alteran los grandes males que, por lo visto, aguardan al Reino Unido fuera de la UE. Dicen que se trata de una invención de las empresas demoscópicas para justificar sus patinazos predictivos: los hechos y datos están ahí y si no se corresponden a los comportamientos lógicos es porque los deseos, los prejuicios, etcétera, dislocan los resultados, afirman.

A Antonio Morales lo tacha CC de Gran Canaria, Bañolas de modo insistente, de “insularista”. Utiliza, el hombre, la “postverdad” a ver si el personal acaba de exclamar “¡Pos es verdá!” al modo isleño. Busca complacer a Fernando Clavijo y Carlos Alonso, que no son insularistas, qué va. Está Bañolas, por supuesto, en su derecho de prestarle fidelidad a quien le cuadre, si bien resulta patético que atribuya al presidente del Cabildo grancanario la supuesta paranoia que lo arrastró al insularismo feroz. Pero eso es lo de menos; lo de más, que Bañolas tan inocente y juega a favor de lo intereses de esa parte del mundo de los negocios a las que ponen de los nervios las posturas verdes de Morales y su visión nada gaseosa de lo que debe ser, a su juicio, el futuro energético canario.

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"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"

Vladimir Putin y Donald Trump

No pocos comentaristas, supongo que con las mejores intenciones, esperan que 2017 permita olvidar el 2016 que acabamos de dejar atrás. Dada la insistencia del Seprona en que no es no, decidí no entrampar avechuchos silvestres para desentrañarlos y leer el futuro en sus vísceras, como hacían los antiguos, así que encargué al carnicero un par de gallinas con todo. Pero, ya ven, me las entregaron sin vísceras, es decir, pagas la gallina entera y revenden una parte de ella, que técnicamente te pertenece. “¿Y pa qué querías tú esas polquerías, mi amol?”, me dijo la dependienta, sin duda aleccionada.

No me quedó otro recurso que la Prensa, por más que carezca de hígado que elimine las sustancias tóxicas cómo, pongo por caso, el Donald Trump que dentro de unos días colgará el sombrero en la Casa Blanca y que, según las malas lenguas del FBI, pedirá enseguida que le pongan con Putin para decirle ya estoy aquí. Siempre pasa, que les quitas la guerra fría y no saben qué ponerse. 

Ya me referí la semana pasada a los análisis que varios observadores han hecho de la victoria de Trump: hay negros y latinos que le han votado a pesar de los pesares convencidos de que impedirá que vengan de fuera a quitarles sus trabajos y acabará con las deslocalizaciones de empresas, además de desarrollar una política que obligue a regresar a las que se fueron. Ya les dije el otro día que se ha producido un cambio de comportamiento electoral y resulta que los intereses de muchos negros y latinos coinciden con los de sus colegas blancos. Podría decirse que comienza a superarse la diversidad y ya es menos decisivo el voto racial y sexista en el que confió más de la cuenta Hillary Clinton: esperaba ganar, todo el mundo consideraba segura su victoria, cosa que confirmaban las encuestas, pero al seguir con el mismo cliché no advirtieron los cambios en el cuerpo electoral estadounidense. Como si la diversidad y los enfrentamientos llevaran camino de desaparecer en la creciente coincidencia de intereses de trabajadores negros, latinos y blancos. De ser esto así, Trump vendría a ser el verdadero antisistema al que votaron de forma consciente o inconsciente.

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Cualquiera puede ser presidente

Donal Trump, presidente electo de Estados Unidos y Mariano Rajoy, presidente de España.

A menos de un mes de la toma de posesión de Donald Trump, suenan todavía las palabras de Hillary Clinton que calificó de “gente lamentable” a los millones de electores que la dejaron con la miel en los labios. La mayoría de los comentaristas la hacían ganadora y contaba con el apoyo explícito de numerosos artistas, de expertos analistas cercanos a las elites, de profesores universitarios y de periodistas que aún no se han enterado de que el oficio agoniza víctima de su ya escaso crédito. Pero ese es otro asunto.

Interesa ahora que la victoria de Trump dio a Jason Brennan, profesor de Ética y Políticas Públicas en la School of Business de la Universidad de Georgetown, materia para argumentar contra la democracia. Brennan se hace preguntas muy crudas, como la de que si el sistema se orienta a llevar a cabo la voluntad popular, “¿qué pasa si el pueblo no sabe lo que hace?” Le espanta la ausencia de conocimientos políticos, incluso de información elemental, lo que a su juicio descalifica las elecciones.

La impresión general es que a Trump puede aplicarse el chiste que en España se aplica a Rajoy, eso de que disfrutamos de una democracia tan perfecta que cualquiera puede ser presidente. Así, si un hombre como Trump logró alcanzar la Casa Blanca, todo es ya posible. Las cosas son, desde luego, más complejas y distintas las circunstancias, si bien es posible extrapolar a España muchos de los comentarios y análisis de los resultados electorales USA.

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El PP le hizo a Aznar un Pedro Sánchez

José María Aznar, expresidente del Gobierno de España

Aseguran los peperos que Aznar es parte fundamental, esencial incluso, de su patrimonio político. Eso dicen en público y creo estar en condiciones de afirmar que, como mínimo, hay división de opiniones pues, tras lo oído en privado a amigos y conocidos del PP, puedo afirmar y afirmo que hubieran preferido que les legara un buen solar en zona céntrica. Es evidente que para los peperos de corazón, que haberlos háylos dadas las abundancias de las viñas del señor, Aznar no les provoca dolor de muelas alguno porque él es el dolor mismo con esa costumbre que ha sacado de dejarse caer en los momentos menos oportunos para el partido. Pero no puede negársele que carezca de motivos para cabrearse pues debe tener el hombre en carne viva salva sea la parte de castigada por los pellizquitos de monja que le tiran desde el entorno de Rajoy. A los que él responde o ataca, todo hay que decirlo, con pellizcones a mano entera del tipo mordida de caballo y rabia carpetovetónica.

Quizá hubo, en su momento, alguna posibilidad de que las cosas discurrieran por donde barrunto que iba a Aznar para volver en olor de multitudes. Pero si alguna esperanza tuvo, a buen seguro que se esfumó al lograr Rajoy su aplastante mayoría absoluta en 2011.

Siguieron cuatro años en que incordió menos que ahora, cuando ya el PP no cuenta con aquella mayoría, a lanzarle nuevos obuses. Como ese proyecto de nuevos estatutos del partido que se aprobarán seguramente en el Congreso de febrero. En ellos se establece que el presidente de honor dejará de ser vitalicio y se someterá a refrendo en cada Congreso. Demasiado para la altísima opinión que tiene de sí mismo el Aznar rompetechos este intento de humillarlo sometiendo su continuidad como presidente de honor a la votación del partido que le debe casi todo precisamente a él. Hasta ahí podíamos llegar.

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¿Qué parte de Jekyll/Hide no han entendido?

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Canarias Ahora).

El pasado 16 de noviembre la organización no gubernamental Transparencia Internacional (TI), con sede en Berlín y presencia en más de 70 países, dio a conocer los resultados de su encuesta anual titulada “Barómetro Global de la Corrupción 2016”. El sondeo arroja para España unos resultados nada sorprendentes pues coinciden, cuarta más cuarta menos, con la idea que tiene el común del alcance del problema: el grueso de la población cree que el grado de corrupción ha subido frente a un 37% que lo considera estancado. Y la localiza el 55% de preguntados en la “Oficina del Presidente del Gobierno”, un 37% en el Parlamento y un 31% en los círculos directivos de las empresas. Les siguen los concejales de ayuntamiento (29%), los líderes religiosos (26%), funcionarios (16%), autoridades fiscales (15%) y en los dos últimos lugares jueces y magistrados (11%) y Policía (6%).

Este cuadro de “preferencias” se presta a comentarios y opiniones encontradas en las que no entro pues lo que interesa del sondeo es que el 80% considera al Gobierno poco activo en la lucha contra la corrupción. Está muy extendida la impresión de que los mandamases, cuando no están directamente implicados, dejan hacer y miran a otro lado para no ver lo que hacen sus correligionarios, con lo que se ahorran problemas y se atienen al sagrado principio de hoy por ti, mañana por mí.

Entre los casos paradigmáticos que aconsejan no meter la nariz en ese dejar hacer, dejar pasar (eslogan original del liberalismo económico, por cierto) figura el de Ana Garrido, la denunciante de la trama Gürtel en el ayuntamiento madrileño de Boadilla, del que era funcionaria. La ocurrencia provocó represalias que han destruido su economía familiar y apuntan a su equilibrio psicológico. A raíz de este caso, los cuatro principales partidos incluyeron en sus propuestas electorales sacar a España del grupo de países de la UE que menos protegen y ayudan a los denunciantes. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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Fidel enterró el siglo XX

Fidel Castro, histórico líder cubano. (EFE).

Diré a quienes no saben o no recuerdan que guardias de asalto eran los miembros del cuerpo de choque creado en la II República antecedente de los grises del franquismo en costillares de estudiantes revueltos y trabajadores descontentos. No había nada personal, sólo trabajo. Y les diré, también, que uno de aquellos guardias, muy conocido en Las Palmas, era Juan Pintona, que debía el dichete a su notable estatura.

Casi todos los días, al acabar el servicio, paraba Juan en el bar de Pepe, en Mesa de León, casi en la esquina de Obispo Codina, frente al desaparecido Puente de Piedra. Era bochinche de paso para los que venían de trabajar camino de sus casas en San Nicolás, San Roque, San Juan, San José, o sea, las partes altas, ya saben, de Vegueta y Triana. Era un local amplio y profundo que frecuentábamos los estudiantes para jugar a la “tronera”, como llamábamos al billar americano, lejos del papanatismo de hoy en que si no te mentan en inglés hasta el potaje de berros es porque los de Firgas son muy suyos y sólo llaman watercress a los de exportación. Los berros, se entiende.

Allí oíamos las conversas y las indignadas confidencias de los parroquianos que los rones y enyesques calentaban sin que nadie perdiera la compostura, eso sí que no. Al alcanzar los ánimos el punto crítico de sulfuración alguien formulaba la terminante conclusión de que “¡aquí lo que hace falta es un Fidel Castro!” sin que el silencioso asentimiento hiciera mella en Juan, que ni se inmutaba ante tan revolucionario parecer. El impasse, que así llaman los redichos al punto muerto de toda la vida, lo rompía enseguida ya con el pico caliente vuelto hacia Pepe: “¡Anda! ¡Échanos otro pizco áhi, que ésta la pago yo!”.

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Rita Barberá y las hienas

Rita Barberá, exalcaldesa de Valencia. (EFE)

Pablo Iglesias se pasó unos cuantos pueblos al negarse a guardar un minuto de silencio por Rita Barberá. Cosa lógica si tenemos en cuenta que en las asambleas de Facultad la misma juventud de los participantes reduce, por no decir que elimina, por su juventud la posibilidad de contar con el difunto imprescindible para debatir si ese minuto de silencio es homenaje al muerto o acto de simple cortesía. Creo que la afición de Iglesias a montar números epatantes ha traicionado en esta ocasión las costumbres funerarias del país; como creo que su actitud lleva implícita la condena de Barberá por delitos de los que todavía no estaba acusada formalmente y no hay, por supuesto, sentencia. Desde luego, es difícil de creer que nada supiera Barberá de lo que ocurría en el seno del partido que controlaba, pero la simple sospecha no elimina el principio del in dubio pro reo, ni la presunción de inocencia, su pariente cercano. No creo que Iglesias le haya hecho favor alguno a su formación, sino todo lo contrario.

Con todo, en esa carrera de despropósitos hay otros corredores que van más rápido. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, por ejemplo, ha culpado de la muerte de Barberá a quienes han dicho o escrito “barbaridades” sobre la difunta; lo que me deja en la duda de si pretende convencernos de que todo cuanto ha circulado es mentira o si se trata de un guiño para que los medios dejen de informar de lo que hay.

Desde luego, hay mucho atrevido por ahí largando en medios poco escrupulosos y ni les cuento de las redes sociales y lo que está tardando el Gobierno en adoptar medidas legales no de censura sino para que los medios respeten escrupulosamente de la veracidad de lo que se informa. Una correspondencia que, por cierto, ya contempla la ley y que, ya ven ustedes, ya debió de aplicarse cuando desde las filas del PP y su entorno acusaban de casi todo a Zapatero; entre otras cosas, nada menos que de actuar de consuno con ETA para el terrible atentado de Atocha con el objetivo de asegurarse el triunfo en las dramáticas elecciones de 2004. Desde aquella fecha hasta no hace los peperos las han largado de todos los colores contra sus adversarios políticos. Su contribución al clima de tensión, con episodios de evidente crispación desde que Zapatero les ganó, es algo que debería recordárseles cuando tratan de abrigarse con piel de cordero. Porque desde 2004 hasta prácticamente ayer no cesó el PP de culpar a los socialistas hasta de las pertinaces sequías.

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De Trump al reprobado Fernández

Donald Trump, presidente de EE.UU y Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior

Con Trump ha dejado de ser un chiste que la democracia USA es la mejor del mundo porque cualquiera puede llegar a presidente. Las adhesiones y rechazos que suscita la figura del presidente electo han sido aireados por la Prensa que ahora lleva unos días entretenida con las dificultades trumpianas para formar el equipo que asegure el traspaso de poderes y con los esfuerzos de Obama para convencer a su sucesor de que no sea tan bruto. Lo cierto es que de este hombre se ha dicho ya casi todo, incluso de su apariencia de personaje exagerado de comic con esa pelambrera imposible y extraños gestos y mohines faciales debidos, quizá, a que los hace en inglés. Me recuerda y crean que lo siento al Joker enfrentado no recuerdo bien si a Superman o a Batman.

Pero no son los excesos de Trump los que llaman la atención sino que al otro lado está Hillary Clinton considerada representante del sistema contra el que, por lo visto, va el nuevo presidente. Cosa que, traducido a la política española, convierte al multimillonario xenófobo y machista en antisistema total, o sea, en correligionario de Pablo Iglesias al que financian, como todo el mundo sabe, Venezuela e Irán y no sé si Cuba, que para el imaginario de la derechona han sustituido a la URSS en el diabólico empeño de liquidar a la católica España. La derechona sabe que no es cierto y que así lo ha proclamado en más de una ocasión los tribunales, pero sigue erre que erre.  

Algo falla, pues, porque si resulta evidente que Hillary Clinton encarna al sistema, no puede decirse lo contrario de Trump si consideramos signo externo definitorio sus nada corrientes cuentas bancarias. Es más del sistema que el que lo inventó. Lo que me lleva a la conclusión de que entre dos contrincantes sin duda pertenecientes al sistema se lleva el gato al agua el más eficaz engañando a los electores; o entendiéndolos, que pudiera ser.  

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