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ETA rompe el alto el fuego y causa 19 heridos y 2 desaparecidos en Barajas

UNA FURGONETA CON 200 KILOS DE EXPLOSIVO DERRUMBA PARTE DEL APARCAMIENTO DE LA T4

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La organización terrorista ETA rompió este sábado el alto el fuego que había declarado el pasado 22 de marzo con un atentado con una furgoneta bomba en el aeropuerto de Barajas que causó heridas leves a 19 personas y la posible muerte a otras dos, ciudadanos ecuatorianos que se encontraban en el lugar de la explosión y que permanecen desaparecidos. La deflagración, que causó un incendio y una densa columna de humo, se registró alrededor de las 09.00 horas y provocó el hundimiento de tres de las cuatro plantas con que cuenta el módulo D del aparcamiento de la T-4, la última y más moderna de las terminales del aeropuerto de Madrid.

Los doscientos kilos explosivos que, según los primeros cálculos de las Fuerzas de Seguridad, empleó ETA en el atentado del aeropuerto de Barajas suponen la mayor carga utilizada por la banda terrorista en una acción criminal en los últimos quince años. Hay que remontarse al 29 de mayo de 1991, cuando ETA atentó contra el cuartel de la Guardia Civil de Vic (Barcelona), causando la muerte de nueve personas, para encontrar una cantidad similar, ya que en aquella ocasión la banda colocó un coche-bomba que contenía 250 kilos de amosal repartidos en doce bombonas de 18 kilos cada una.

La explosión se produjo después de que fuera anunciada por tres llamadas en nombre de ETA: una primera a la DYA de Guipúzcoa, otra a los Bomberos de Madrid y una tercera al teléfono de emergencias SOS-Deiak de Guipúzcoa. En todas ellas se informaba de que a las 09.00 horas explosionaría una furgoneta Renault Traffic de color granate con una matrícula nueva de la serie DKY, aparcada en el estacionamiento de la T-4 y cargada con explosivos de "gran potencia".

Las fuerzas de seguridad pudieron desalojar el aparcamiento de la T-4 poco antes de que se produjera la deflagración.

Trabajo de los bomberos durante la noche

Uno de los desaparecidos, Estacio Sivisapa, de 19 años, llegó a Madrid hace dos años y medio, había acudido a Barajas a recoger a unos familiares y esperó en el coche mientras su novia se dirigía a la terminal.

Igualmente, Palate Sailema, de 34 años, viajó desde Valencia, donde reside, con un amigo para esperar la llegada de otro conocido y en ese momento también se encontraba solo. Según fuentes de la investigación, al menos otras dos personas que dormían dentro de sus vehículos abandonaron ilesos el aparcamiento tras la explosión.

Ocho dotaciones de Bomberos trabajarán toda la noche en las labores de desescombro de este módulo del aparcamiento de la T-4, que serán "muy parecidas" a las que se efectuaron para desmontar la estructura de la incendiada torre Windsor de Madrid y que previsiblemente se prolongarán durante varios días, ya que numerosos vehículos arden aún por debajo de los forjados derrumbados. Fuentes de Emergencias 1-1-2 explicaron que un 60% del módulo se ha derrumbado y consideraron "muy difícil" que existan cuerpos con vida bajo los escombros en las zonas que continúan ardiendo.

El servicio del Samur-Protección Civil atendió en el hospital de campaña que instaló en la zona a 19 personas, entre ellas dos policías, un taxista y pasajeros desalojados en la pista en el momento de la explosión, la mayoría con traumatismos de tímpano. Cuatro centros hospitalarios públicos madrileños atendieron a un total de once heridos leves, de los que ocho fueron dados de alta y los tres restantes recibían todavía atención médica a primera hora de la tarde en el Hospital Ramón y Cajal.

Cruz Roja Española, que en el momento de la explosión movilizó en el aeropuerto a cien de sus voluntarios y a seis de sus ambulancias, había atendido hasta primera hora de la tarde a unas 500 personas en un albergue provisional instalado al efecto en Barajas, donde repartió mantas y bebidas calientes entre los afectados. El aeropuerto de Barajas empezó a media tarde a recuperar la normalidad, después de que la explosión obligara a cortar todos los accesos y salidas de la T-4, lo que paralizó varias horas la actividad aérea y provocó interminables atascos, retrasos y pérdidas de vuelos.

Los pasajeros presentes en la terminal relataron las escenas de tensión, nerviosismo y angustia que se vivieron en el edificio y en las pistas a donde fueron conducidos cientos de viajeros para preservar su seguridad.

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