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¿Tienen las dunas de Maspalomas las claves para entender las dunas de Marte?

Un estudio desvela que cuatro de los modelos de desplazamiento de arena que se observan en el sur de Gran Canaria se ven también en las fotos de la duna Namib de Marte

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Las Dunas de Maspalomas. (Foto: Canarias Ahora).

Las Dunas de Maspalomas. (Foto: Canarias Ahora).

El nombre de Maspalomas está ligado a la carrera espacial desde la más famosa de las misiones Apolo, la que envió en 1969 al primer hombre a la Luna, en una curiosa relación entre la NASA y la emblemática playa de Gran Canaria que ahora se retoma mucho más lejos todavía: en Marte.

Los científicos habían observado hace tiempo que en la superficie del Planeta Rojo hay grandes campos de dunas móviles con un aspecto muy parecido a los de la Tierra, uno de los cuales, el conocido como Bagnold, fue explorado solo hace seis meses por Curiosity, el robot que la NASA logró situar en 2012 en el cráter Gale.

El paseo que el Curiosity se dio entre noviembre de 2015 y principios de 2016 por las dunas Bagnold no solo ha deparado uno de los selfis más famosos de la carrera espacial, que el que el robot se hizo el pasado 19 de enero, sino que ha proporcionado toda una colección de fotografías sobre esa zona de gran utilidad para comprender cuál es la dinámica de las dunas en Marte.

El 'Curiosity' en la duna Namib de Marte

El 'Curiosity' en la duna Namib de Marte NASA



La web oficial de la NASA explicaba en esas fechas, antes de que el Curiosity explorara por primera vez ese terreno, que las dunas de Marte "tienen una textura diferente" a las terrestres, con ondas que "son mucho más grandes que las que se encuentran en la parte superior de las dunas en la Tierra"; y no se sabe por qué.

"Disponemos de modelos basados en la presión de aire inferior. Se necesita una velocidad del viento superior para que una partícula se mueva en estas dunas de Marte. Pero ahora tenemos la primera oportunidad de hacer observaciones detalladas", apuntaba.

Sin embargo, un equipo de investigadores de la Escuela de Geografía y Ciencias Ambientales de la Universidad del Ulster (Irlanda del Norte) y del Trinity College de Dublin acaba de presentar a la asamblea general de la Unión Europea de Ciencias de la Tierra un trabajo que muestra similitudes entre las fotos tomadas por Curiosity con un enclave de lo más "mundano": las dunas de Maspalomas, por las que pasan cada año cientos de miles de turistas.

Los cuatro firmantes del estudio, patrocinado por la Sociedad Británica de Geomorfología, se fijan en concreto en las imágenes de Namib, la duna donde Curiosity se tomó su famoso autorretrato.

Este grupo de científicos británicos e irlandeses ha comparado los deslizamientos de arena que muestran las fotos divulgadas por la Agencia Espacial Estadounidense sobre ese punto del campo de dunas marciano, situado en la falda del monte Sharp, con las imágenes que cualquier turista puede tomar a diario en la Reserva de las Dunas de Maspalomas, el icono por excelencia de Gran Canaria.

Y, además, utilizan los escáneres de alta resolución que se han hecho con láser en las dunas de ese enclave turístico, para conocer cómo se comportan los flujos de arena que se producen en ellas.

Sus conclusiones revelan que, al menos, cuatro de los modelos de desplazamiento de arena que se observan en Maspalomas se ven también en las fotos de la duna Namib de Marte, aunque a mayor escala.

"Las similitudes morfológicas entre el flujo de arena en los deslizamientos de las dunas Namib y los observados en Maspalomas son sorprendentes. Este trabajo proporciona nuevos conocimientos sobre los mecanismos de migración de las dunas y abre una nueva vía de investigación dinámica sin precedentes para ambos sistemas eólicos, los terrestres y los marcianos", defienden sus autores.

En 1969, Estados Unidos quiso que los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins pasaran unos días de descanso en Maspalomas nada más regresar de la Luna, como agradecimiento a la contribución que el centro espacial del sur de Gran Canaria había hecho al seguimiento del Apolo XI.

Medio siglo más tarde, es un robot el que apunta una nueva etapa en el largo idilio de la NASA con las Islas Canarias.

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