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Cardona, segundo aviso

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Sobre el papel, Las Palmas tiene posibilidades de conseguir la capitalidad europea; aunque podría no obtenerla si el jurado valora más a otra candidata. Una obviedad con la que pretendo señalar que, según he podido observar, para el jurado es muy relevante, decisivo incluso, el conjunto de circunstancias que yo englobaría bajo el epígrafe de la solvencia de cada una para organizar el 2016. Me explico.

Las Palmas y sus rivales superaron la prueba de preselección, es decir, cuentan todas con méritos para aspirar a la capitalidad cultural. Supongamos, pues, que todas ellas tienen exactamente los mismos méritos: en ese momento pasarían a jugar el papel más relevante las circunstancias apuntadas, que van desde la sensibilidad y la voluntad política real de desarrollar la programación propuesta hasta disponer de las infraestructuras necesarias, pasando por las fórmulas de financiación y de gestión viables; además de contar con un grado de experiencia organizativa acreditada y amplios respaldos institucionales y de individuos destacados de la cultura. Por ese lado, hay que decirlo, vamos bien servidos.

Para el jurado estas capacidades, esa solvencia, son decisivas una vez considerados los méritos generales. El jurado lo integran personalidades y funcionarios de la UE y del Gobierno español a los que interesa acertar en la elección por razones de prestigio, no exponerse a un fiasco y no hay duda que su conocimiento de la figura de Jerónimo Saavedra pesará a favor de la candidatura de Las Palmas como garantía de que se harán las cosas bien. Después se conseguirá o no la nominación, pero en cualquier caso pueden estar seguros de que el hecho de que siga estando implicado Saavedra favorece la candidatura y muestra el buen tino de Cardona a quien nadie podrá reprocharle, si no se consigue la capitalidad, que debilitó la candidatura al prescindir de su antecesor en la alcaldía.

Saavedra, al margen de los errores que le achacan, ciertos unos y muestra otros del feroz cainismo insular, ha querido construir un proyecto de futuro para la ciudad que no ha sido comprendido, visto el terrible castigo de las urnas. Un proyecto criticable como todo, pero ahí está. No hay otro que vaya más allá de los cuatro años de rigor y bien sabemos lo importante que es para una ciudad disponer de objetivos a medio y largo plazo. Un proyecto del que es piedra de toque, me atrevería a asegurar, menos el logro en sí de la capitalidad cultural, con todo lo que supondría, que la dinámica social generada en el esfuerzo de conseguirla. He visto a demasiada gente ilusionada para no alegrarme de la decisión de Cardona de mantener a Saavedra y vincularlo a la organización definitiva, de lograrse la capitalidad. Confío en que mueva al nuevo alcalde una visión de futuro que destierre, de una vez, la práctica de enterrar hondo los aciertos de los antecesores y aceptar que hay cuestiones de interés general por encima de los partidos y más allá de las legislaturas. Si eso significa la decisión de Cardona, les diría que algo hemos avanzado, después de todo.

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