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Raro, raro

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En las últimas semanas hemos visto lo de la propaganda turística de la isla con ocasión de Fitur. Son cosas que puede ocurrirle a cualquiera, es verdad; aunque no resulta menos cierto que ya ha ocurrido otras veces y que, seguramente por casualidad, le cae la china a la odiada Gran Canaria. Luego viene el palo, con efectos retroactivos, a la Unión Deportiva que podría suponer la definitiva desaparición del club. Un dinero, según me dicen, que nada tiene que ver con subvención graciable alguna sino con un contrato publicitario del que no quieren el Gobierno pagar ni los servicios ya prestados. Lo mismo puede decirse del Granca de baloncesto que tantas satisfacciones ha dado a sus seguidores. Y no meto en lista las sistemáticas expulsiones en el caso de la UD porque a lo mejor nada tiene que ver una cosa con la otra y es pura y simple mala pata, nunca mejor dicho.

Otra fina es la inclusión del almendrero y otros compañeros mártires entre las especies vegetales invasoras presuntamente dañinas. Dicen que el hecho de la condena del hermoso arbolito no quiere decir que vayan a por él por lo que, digo yo, si eso es así a santo de qué le han metido el susto en el cuerpo a quienes viven de la dulce industria de la almendra y a quienes hemos crecido viéndolo como signo de identidad de las cumbres grancanarias. Gracias a Dios, nada dice el reglamento del de Estévanez, que, de momento, escapa aunque recomendaría tener a mano un ciruelo que no dará sombra tan fresca pero cuadra la rima.

Ayer mismo, esa es otra, supimos del drástico recorte presupuestario, un tercio dicen, para trabajos medioambientales y de reforestación de la isla, no sé si porque es mucho verde para el secarral que dice don Pepito, que, por lo visto, sigue imprimiendo carácter y no es cosa que unos arbolitos de más le descuajeringuen su línea editorial tan exitosa que la envidian el resto de los periódicos Nada digo del tomate canario porque pertenece a otro negociado.

Es seguro que los responsables de tantos contratiempos habrán preparado toda clase de explicaciones, menos la de que los palos vayan siempre en la misma dirección. Raro, raro, raro.

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