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El alcalde, las pipas y las litronas

Se puso realmente bravo el alcalde de Ingenio, Domingo González Romero (huy, por poco), cuando este domingo pasado se dirigió de modo expeditivo a los empleados y al dueño de un local de la calle Carlos V, en Carrizal. Testigos presenciales relatan una escena de excesos de un regidor que dispone de otros métodos menos comprometedores para hacer cumplir las ordenanzas. De repente, don Domingo, sin encomendarse a nadie, recriminó a los empleados del establecimiento que hubiera botellas de cerveza en la acera, en el exterior del local, dando por hecho que habían sido vendidas allí. Una empleada sin pelos en la lengua le preguntó si también debían recoger las cáscaras de las pipas vendidas allí, y que desde cuándo la calle era responsabilidad de los establecimientos, y no de Manolo Fraga. Pero el alcalde no cejaba en su empeño, y planteó su cabreo al dueño del local, que le vino a contestar más o menos lo mismo. Fue entonces cuando don Domingo insinuó que mandaría a la Policía Local, y si era poca la amenaza, recordó a los presentes que ya en Las Palmas existen máquinas que arrancan los chicles de las aceras, y que no estaría mal que el establecimiento se agenciara chisme tan singular para tener los alrededores como los chorros del oro. Eso es un alcalde aseado, sí señor, y no otros que nosotros sabemos.