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Mi consejería por un bidé

Lo veníamos diciendo aquí desde hace tiempo, y ya tenemos la confirmación: los aires de grandeza y los intentos de Luis Soria de convertir su despacho de consejero de Industria en un Versalles han provocado tremendos problemas en ese departamento del Gobierno. Ya sabemos que en principio da risa ver cómo un consejero se hace reformar y ampliar el despacho, ponerse arcos, columnas y capiteles, mejorar el mobiliario y la decoración, y hasta ponerse un baño privado muy privado. Pero lo que no es gracioso es lo que sufren los funcionarios, que han denunciado el hacinamiento que tan palaciegos caprichos les ha producido. Llega a tal punto el grado de bobería que el consejero hizo reformar el baño por segunda vez al descubrir que con las primeras obras encargadas, el contratista se había olvidado de poner un bidé. Y una consejería de Nuevas Tecnologías sin bidé ni es consejería ni está a la última.