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''Españolista'', ''antitinerfeñista'', ''analfabeto''...

Santiago Pérez no se encuentra entre los políticos favoritos de don Pepito, de eso no cabe duda. Se ha venido demostrando a lo largo de mucho tiempo, quizás desde que el dueño de El Día descubrió que Pérez no es de los que hacen la oportuna genuflexión ante el considerado guardián de las esencias de la Nivaria profunda, protector de lo más granado de los poderes corruptos y caciquiles de la isla. El editorial del pasado 31 de julio, por poner un ejemplo reciente, contenía unos cariñosísimos epítetos dedicados a Pérez en medio de una de esas refriegas que el editor tiene habitualmente con el sentido común y la legalidad vigente: “Españolista convencido”, “antitinerfeñista”, “lo mejor que puede hacer es irse para su casa”, “cada día se demuestra de forma más cabal que cuanto nos rodea es porquería”, “analfabeto”, “hediondez” o “los individuos como Santiago Pérez odian las listas abiertas porque con ellas se quedarían en sus casas” porque “nos asquean como políticos”. No sabemos si lo peor es “hediondo” o “antitinerfeñista”, que ya se sabe que la mecha del fanatismo prende con una facilidad asombrosa.