Lo del Estadio Insular no es mamandurria
Mamandurria es una derivación popular y altisonante del verbo mamar, que en su acepción más cercana al apañar, acopiar, sustraer, arrimar? se relaciona directamente con la actividad de aquel personaje público demasiado dado a confundir la lata del gofio de lo público con la que las abuelas guardaban con celo en las alhacenas. Mamar, queridísimos, es lo que ha empuercado la vida política hasta conducir al hartazgo. Y mamar no es necesariamente robar, es comportarse de manera opaca ante decisiones públicas en las que está en juego el interés general. Y frente a oscurantismo, ya se sabe, la transparencia, la luz, los taquígrafos y mucha información a raudales. Es lo que se le debe exigir al Cabildo de Gran Canaria, cuyo presidente ha cumplido con lo que vaticinamos aquí el pasado mes de junio, cuando anunciábamos había decidido hincarle el diente al viejo Estadio Insular de Las Palmas de Gran Canaria para ejecutar allí una operación urbanística estrella. Lo ha confirmado este lunes el periódico La Provincia, que ha ampliado nuestro pronóstico hasta concretar que a José Miguel Bravo de Laguna le estorba para sus propósitos hasta el concurso de ideas que, en el anterior mandato, ganaron los arquitectos canarios Elsa Guerra y Joaquín Casariego. Pero, ¿qué pretende hacer Bravo de Laguna en el viejo recinto de Ciudad Jardín? De momento es un arcano, pero vamos a acercarles un par de datos que tenemos confirmados para que ustedes mismos se vayan haciendo una idea.