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Los peores días del periódico ‘El Día’

Imagen de archivo de José Rodríguez Ramírez, exdirector de 'El Día'.

El caballo de Troya se llama Ibrahim Inversiones y, según las informaciones oficiosas que circulan de modo frenético en los círculos donde estos temas interesan, ha colocado a Editorial Leoncio Rodríguez en una posición muy delicada que amenaza incluso su viabilidad económica. La empresa editora del periódico tinerfeño El Día se enfrentará los primeros días de septiembre a una huelga de los trabajadores por retraso en el pago de las nóminas mientras se dilucidan en los juzgados diversos pleitos (uno de carácter penal, incluso) por la negativa de la actual propietaria, Mercedes Rodríguez, a inscribir al nuevo accionista, Ibrahim Inversores, en el libro de socios.

De momento solo se sabe por fuentes oficiosas que Ibrahim Inversiones compró las acciones que en Leoncio Rodríguez tenía José Esteban Rodríguez, hermano de la actual editora del diario. Se trataría de un paquete de en torno al 30% que ha dado acceso a esos inversores a las cuentas de la sociedad, y por lo tanto a las ayudas públicas que ha venido recibiendo todos estos años de fervor por ATI. La estampida no se hizo esperar y los grifos han empezado a cerrarse, incluso entre los empresarios-anunciantes del régimen, temerosos de que el terremoto les pueda alcanzar. No se sabe con certeza quién está detrás de Ibrahim y nadie quiere cargar con las posibles consecuencias. Pero la crisis está servida y los primeros síntomas son alarmantes.

El periódico de Leoncio Rodríguez, que se convirtiera en 1939 en órgano de expresión franquista, y luego de su sobrino José Rodríguez Ramírez (don Pepito, mientras vivió), transformado en engendro insularista, a mayor gloria de la marca tinerfeña de Coalición Canaria, navega ahora sin rumbo cierto en medio de la crisis que azota a los periódicos impresos, con una dramática caída de la facturación publicitaria, una sangría de lectores que no consigue recuperar en su versión web y la pérdida casi absoluta de la influencia que llegó a disfrutar en los tiempos más gloriosos, cuando don Pepito acuñó aquella frase de que “si no sale en El Día, no es noticia”.

El desnorte editorial del periódico es clamoroso y sus más recientes intentos por abrazarse al poder político, entendido como recurrente salvavidas económico, están resultando patéticos. La huelga de firmas que desde hace meses mantienen los redactores del periódico solo se ha visto quebrada por la del autor de una entrevista al presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, al que se le aplicó el formato periodístico de la fellatio sub pallio. Un cuestionario presentado para el lucimiento de Alonso condujo la entrevista, publicada el pasado día 26 de agosto, hacia momentos muy surrealistas, como su anuncio de bajar el precio de los billetes de transporte público (las guaguas de Titsa y el tranvía), que se sostienen gracias a la inyección de millonarias subvenciones públicas, sin hacer la más mínima referencia a un cambio en la fracasada política de movilidad, todo al más puro estilo de político paternalista en campaña electoral. Eso sí, con más subvenciones procedentes del Gobierno de Canarias, que se desvive por salvar a ATI del descalabro.

Limitada la salvación por la vía de los presupuestos públicos, El Día estudia la oferta que discretamente le ha hecho llegar el grupo Moll, propietario de Editorial Prensa Ibérica, matriz de Editorial Prensa Canaria, titular de La Opinión de Tenerife y de La Provincia. La cabecera del veterano periódico puede tener su valor si se oferta sin deudas, o al menos si las deudas resultan inferiores al precio del sabroso solar que el periódico ocupa en la avenida de Buenos Aires.

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27 de agosto de 2018 - 18:24 h

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