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Que reciban a fulanito

Existen notas de despacho muy elocuentes en las que se pone de manifiesto hasta dónde puede llegar la larga mano del Elefante Blanco. Y sabemos que es la suya porque, por lo que parece, se come las uñas con furor. De su despacho salían órdenes tajantes de a quién debía recibir tal o cual consejero y con qué grado de prioridad. Por ejemplo, sabemos que el Elefante dio una orden concreta para que fuera recibido un conocido empresario madrileño, José Herrero, que pretendía presentarse al concurso eólico en compañía de un señor de nombre Rafael y apellido Martín. Ambos fueron recibidos por Luis Soria en febrero de 2004, con el concurso todavía en la cocina. Debieron encariñarse Herrero y don Luis, porque se les volvió a ver juntos en el restaurante preferido del consejero, el Goizeko, en el Wellington, el 15 de julio, y días después en el hotel preferido de los Soria en Madrid, el Hesperia. Son incontables los encuentros con el Elefante Blanco, pero ésa es otra historia.