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Sin reparar en gastos

No se juega limpio ni con la Policía ni con la Justicia. Lo decimos con absoluto conocimiento de causa. En la denuncia de José Manuel Soria contra el director de este periódico, el presidente del PP jugó con ventaja desde el primer día, una ventaja que se convierte en absolutamente rechazable cuando se utiliza la influencia a partir del cargo que se ocupa y la presión política o personal que se puede ejercer en diferentes ámbitos. En el caso de La Favorita, Soria empezó por presentar la denuncia por injurias y calumnias ante el comisario Bádenas, el que casualmente dirige la Operación Eolo. A continuación, al conocer de la oposición del fiscal Valentín Ruíz al procesamiento de Carlos Sosa, telefoneaba cada día al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, su amigo Vicente Garrido, para que ejerciera su influencia sobre su subordinado. No lo consiguió, pero sí que tuvo la suerte de que pocas semanas antes del juicio se ocupara del caso una inexperta juez sustituta que jamás se había enfrentado a un caso del calibre de La Favorita. Así, poco a poco, vamos escribiendo la historia de la contaminación político-judicial.