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Ni la saludó (y había expectación)

Se ha popularizado bastante eso de volar, gracias, cómo no, a la estrella y guía de La Moncloa, que ha hecho que España vaya tan bien que ya no es signo de distinción ir a Madrid a hacer unas compras. Esa popularización -y entiéndase como se quiera- hizo que en ese vuelo coincidieran personas que conocen tanto a Nardy como a Larry, o a la inversa, lo que nos ha servido a nosotros para terner diversas ópticas del encuentro. La coincidencia generalizada es que Larry tiene una gran facilidad para el mimetismo, y que supo confundirse de manera sabia con el tapizado del asiento del avión, de modo que sólo se percataron de su presencia la media docena de personas que lo vieron sentarse. Porque a continuación, y una vez se dio cuenta de la existencia de la Barrios a tan pocos metros, desapareció como si se hubiera esfumado totalmente. Pero no, estaba allí en cuerpo y alma y no saludó a nadie porque, sencillamente, se confundía con el estampado.