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Soria tampoco coacciona

Uno de los que más se ha sumado a ese coro pepero que clama por las esquinas desencajado por la derrota electoral es José Manuel Soria, presidente del PP y del Cabildo de Gran Canaria. No se le ha quitado todavía el blanco nuclear de la cara, pero la mañana de autos, la del domingo, en compañía de sus escoltas, Larry Álvarez, Mercedes Roldós y Pepa Luzardo, se dio un volteo por algunos colegios electorales repartiendo sonrisas y apretones de manos. En el colegio electoral situado en el Hospital de San Martín, el hombre mordió hueso. Cuando le tendió la mano a la periodista Herminia Fajardo, ésta, asombrada, le dio el bolígrafo con el que estaba escribiendo, y a continuación le hizo ver que lo que hacían era de una coacción insultante al electorado. Soria, algo nervioso y muy serio, le preguntó si no sabía quién era él, que además de todo, era interventor de su partido, para lo cual enseñó su escarapela. La periodista, no obstante, le afeó su conducta y la comitiva abandonó el local algo contrariada.